TEC: cuando la evidencia se enfrenta a la ética
Pocas intervenciones psiquiátricas generan tanta controversia como la terapia electroconvulsiva (TEC). Su historia y la experiencia de algunos pacientes explican parte de la oposición que aún suscita. Pero también existe un dilema ético en rechazarla por su pasado cuando la evidencia respalda su utilidad en situaciones clínicas seleccionadas.
La TEC puede indicarse en depresión grave cuando se necesita una respuesta rápida, existe riesgo vital u otros tratamientos han fracasado; también en catatonía y episodios maníacos graves o prolongados. La indicación debe individualizarse y considerar comorbilidades, anestesia y efectos cognitivos.
El conflicto ético central enfrenta beneficencia y autonomía. La eficacia no convierte a la TEC en una intervención automáticamente legítima: exige consentimiento informado, información comprensible sobre beneficios, riesgos y alternativas, evaluación de la capacidad decisoria y ausencia de coerción. Debe respetarse además el derecho a retirar el consentimiento y, cuando corresponda, considerar directivas anticipadas.
Por ello, la pregunta ética no debería ser “¿TEC sí o no?”, sino “¿cuándo, para quién y bajo qué condiciones es aceptable?”. Una medicina respetuosa de los derechos no debe imponerla, pero tampoco negarla por prejuicio. El desafío consiste en equilibrar evidencia, proporcionalidad, autonomía y dignidad del paciente.