10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental: del derecho proclamado al derecho garantizado Cada 10 de octubre, el Día Mundial de la Salud Mental interpela a la medicina y a la sociedad: ¿cómo garantizar el bienestar psíquico cuando el acceso a la atención continúa siendo desigual? Los trastornos mentales contribuyen sustancialmente a la discapacidad y la carga global de enfermedad. Sin embargo, las brechas asistenciales, el estigma y la discriminación persisten, agravados por determinantes sociales como la pobreza, la exclusión y la precariedad laboral. La Organización Mundial de la Salud y la Comisión de The Lancet sobre estigma y discriminación subrayan que la respuesta debe trascender el modelo exclusivamente biomédico. Se requieren servicios accesibles, oportunos, integrales y basados en evidencia, junto con políticas públicas que protejan los derechos humanos. Las personas con padecimientos mentales no son objetos de tutela ni meros diagnósticos: son sujetos de derecho, con autonomía, dignidad y capacidad de participar en las decisiones sobre su tratamiento. La atención debe promover inclusión comunitaria, consentimiento informado y recuperación, sin coerción injustificada ni discriminación. En este 10 de octubre, el desafío no consiste solo en visibilizar el sufrimiento psíquico, sino en transformar las estructuras que perpetúan su desatención. Una sociedad que reconoce la salud mental como derecho debe garantizarla en la práctica, no limitarse a proclamarla.