¿Estamos patologizando el sufrimiento humano?
La psiquiatría enfrenta una frontera clínica y ética difícil: distinguir el trastorno mental del sufrimiento humano esperable. La medicalización de emociones como tristeza, ansiedad o duelo puede facilitar el acceso a cuidados, pero también favorecer sobrediagnóstico, etiquetamiento y tratamientos innecesarios.
La evidencia señala que el problema no es negar el sufrimiento, sino determinar cuándo constituye una condición clínica que se beneficia del tratamiento. El sobrediagnóstico puede aparecer cuando se amplían categorías o umbrales diagnósticos hasta incluir manifestaciones leves o transitorias, con consecuencias clínicas y sociales. Revisiones internacionales han señalado este fenómeno en depresión, ansiedad, trastorno bipolar y TDAH.
El duelo es un ejemplo paradigmático. La incorporación del trastorno de duelo prolongado al DSM-5-TR buscó reconocer a quienes presentan sufrimiento persistente y clínicamente significativo, pero reavivó el debate sobre los límites entre adaptación normal y psicopatología.
El desafío es evaluar intensidad, duración, deterioro funcional, contexto y preferencias del paciente, evitando transformar toda adversidad en diagnóstico. Una psiquiatría rigurosa no debe patologizar el sufrimiento, pero tampoco banalizarlo: debe reconocer cuándo el dolor forma parte de la experiencia humana y cuándo se convierte en enfermedad tratable.