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Publicado el 21 de septiembre de 2025

Nuevas fronteras

Vacunación y enfermedad cardíaca: una alianza preventiva

Un consenso de la Sociedad Europea de Cardiología propone considerar las vacunas, junto con antihipertensivos, estatinas y antidiabéticos, como estrategia central en la prevención de eventos cardiovasculares mayores.

Autor/a: Bettina Heidecker, Peter Libby, Vassilios S. Vassiliou, et al.

Fuente: European Heart Journal, 2025; ehaf384. Vaccination as a new form of cardiovascular prevention: a European Society of Cardiology clinical consensus statement

Introducción

La enfermedad cardiovascular (ECV) sigue siendo la primera causa de muerte en el mundo, con un impacto social y económico sin precedentes. A pesar de los progresos en el control de los factores de riesgo tradicionales y en las terapias farmacológicas, la carga global de cardiopatía isquémica, insuficiencia cardíaca y muertes relacionadas continúa en aumento.

En este contexto, surge un nuevo enfoque que trasciende los límites clásicos de la cardiología: la vacunación como medida preventiva no solo frente a infecciones, sino también frente a complicaciones cardiovasculares graves. Un documento de consenso de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) destaca el rol de la inmunización en la protección cardíaca, con un énfasis particular en la influenza, el SARS-CoV-2 y el neumococo, pero también en virus emergentes como el VSR o el herpes zóster.

El planteo es contundente: las vacunas podrían convertirse en el cuarto pilar de la prevención cardiovascular, junto con los antihipertensivos, los hipolipemiantes y los fármacos antidiabéticos.

Infecciones y riesgo cardiovascular

La relación entre infecciones respiratorias y riesgo cardíaco no es nueva, pero ha cobrado mayor relevancia tras la pandemia de COVID-19. Los virus y bacterias respiratorias no solo provocan neumonías o cuadros sistémicos, sino que también desencadenan inflamación, aumentan la demanda de oxígeno y desestabilizan las placas ateroscleróticas. Todo esto eleva el riesgo de infarto de miocardio, arritmias y descompensaciones de la insuficiencia cardíaca.

Un ejemplo paradigmático es la influenza: se estima que hasta el 4 % de los casos de enfermedad coronaria podrían atribuirse directamente a esta infección. Estudios poblacionales han demostrado que durante los picos de circulación gripal aumentan de manera significativa las hospitalizaciones por eventos cardiovasculares.

El SARS-CoV-2, en sus primeras olas, mostró un vínculo aún más dramático, con un aumento notable de infartos, arritmias y mortalidad en personas con comorbilidades cardiovasculares. El virus sincicial respiratorio, el herpes zóster y el neumococo también se han asociado a un incremento de hospitalizaciones y muertes cardíacas.

Estos hallazgos refuerzan la idea de que prevenir infecciones puede equivaler a prevenir eventos cardiovasculares

Evidencia de las vacunas en cardiología

Los ensayos clínicos y estudios observacionales han comenzado a demostrar que la vacunación no solo protege frente a la infección, sino que también reduce la carga cardiovascular.

La vacuna antigripal es el ejemplo más notorio: su aplicación anual puede disminuir hasta un 30 % los eventos cardiovasculares mayores y mejorar la supervivencia en pacientes con infarto reciente. El ensayo IAMI, aunque interrumpido por la pandemia, evidenció que vacunar a pacientes hospitalizados por infarto redujo la mortalidad y el riesgo de trombosis en stents.

El neumococo es otro patógeno de relevancia. En mayores de 65 años, la vacunación redujo en un 10 % la incidencia de eventos cardíacos, incluyendo infartos. En trasplantados, la inmunización se asocia a menos hospitalizaciones y menor mortalidad.

Respecto al SARS-CoV-2, las vacunas demostraron reducir hospitalizaciones y muertes, además de mitigar el riesgo de desarrollar COVID prolongado, una condición con claras implicancias cardiovasculares.

Por otro lado, estudios emergentes sugieren que la vacuna contra el herpes zóster puede disminuir a la mitad el riesgo de eventos cardíacos tras la reactivación viral, mientras que los desarrollos frente al VSR y al HPV abren nuevos horizontes.

Desafíos, recomendaciones y futuro

El consenso de la ESC propone lineamientos concretos:

  1. Vacunar anualmente contra influenza a pacientes con cardiopatía, insuficiencia cardíaca o edad avanzada.
  2. Indicar antineumococo y COVID-19 en poblaciones vulnerables.
  3. Considerar inmunización contra herpes zóster y VSR según disponibilidad y riesgo individual.

Las guías también advierten sobre escenarios especiales: embarazo, cardiopatías congénitas, trasplante cardíaco e inmunosupresión, donde la seguridad y eficacia de las vacunas deben evaluarse con mayor cuidado.

La seguridad de la vacunación es alta: los efectos adversos graves son raros y suelen ser superados ampliamente por los beneficios en la reducción de eventos cardiovasculares. Incluso complicaciones infrecuentes, como la miocarditis asociada a vacunas de COVID-19, se presentan con menor riesgo y gravedad que la producida por la infección misma.

El desafío no es solo científico, sino también de implementación. La cobertura inmunológica sigue siendo baja entre pacientes cardiovasculares, en parte por falta de información, dudas sobre la seguridad y ausencia de programas sistemáticos en la práctica clínica.

Por ello, el documento propone un cambio cultural: aprovechar cada contacto médico, incluso una internación por infarto, como oportunidad para vacunar.

Conclusión

La vacunación ha demostrado ser una de las herramientas más poderosas de la medicina moderna. Hoy, su potencial trasciende la prevención de infecciones para posicionarse como un recurso clave en la lucha contra la enfermedad cardiovascular.

Considerar a las vacunas como parte del arsenal preventivo de la cardiología abre un horizonte transformador. Su bajo costo, su seguridad y su impacto comprobado en reducir eventos graves las convierten en una intervención comparable a los pilares farmacológicos ya establecidos.

El futuro exigirá más evidencia en virus emergentes y en poblaciones específicas, pero el mensaje central es claro: prevenir infecciones es también prevenir infartos, insuficiencia cardíaca y muertes cardiovasculares.