En un informe del año 1996, la Organización Mundial de la Salud identificó a la depresión unipolar como una causa predominante de discapacidad, en el mundo. Esto obedece no sólo a las formas clínicas de presentación del padecimiento sino a la alta tasa de recaída o recurrencia que le son características. Los pacientes con depresión persistente concitan el interés de investigadores por la alta prevalencia de la enfermedad, la pérdida de capital humano, y la alta tasa de utilización de recursos médicos que sugiere que los utilizados no son los recursos que necesitan.
Los autores consideran que en general los estudios económicos relativos a la depresión han analizado el costo con relación a cambios sintomáticos y funcionamiento general en el corto plazo, y suelen comparar la conveniencia de emplear fármacos tradicionales (p.ej. tricíclicos) vs. fármacos más novedosos (p.ej. ISRS). Opinan que este enfoque es muy restrictivo dado que los fármacos representarían tan sólo del 10 al 20% de los costos directos de la enfermedad, al tiempo que no proveen información acerca de los costos vs. beneficios del tratamiento psicológico comparado con el farmacológico. Este hecho podría sugerir que en el corto plazo y en la fase aguda, el costo de la terapia excede al de los fármacos, por lo cual no es el tratamiento de elección, a pesar de que hay estudios que avalan su efectividad.
Los autores sostienen que estos datos de costo-efectividad podrían modificarse si se mostrase que el tratamiento psicológico tiene un efecto post-intervención prolongado, y se extendiese consecuentemente el período de seguimiento. En este estudio Scott et al. exploran si la prevención de la recaída con terapia psicológica de orientación cognitiva es conveniente en términos de costo-beneficio. Se evaluaron los costos sanitarios directos para evitar la recaída de dos maneras: el costo total por recaída evitada, y el costo por cada día adicional libre de recaída.
Método:
Siguiendo las normas éticas, se invitó a 230 personas con depresión persistente a participar en el estudio. Los pacientes tenían edades comprendidas entre los 21 y 65 años, todos con depresión unipolar y satisfacían los criterios del DSM-III-R para trastorno depresivo mayor en algún episodio dentro de los 18 meses anteriores al estudio, pero no en los 2 meses anteriores. Al momento de la selección los sujetos debían tener síntomas residuales de al menos 8 semanas de duración que puntuasen 8 ó más en la escala Hamilton de 17 ítem, y 9 ó más puntos en Inventario de Beck. Se excluyeron los pacientes bipolares, y los que habían tenido 5 ó más sesiones de psicoterapia cognitiva con anterioridad. Todos los participantes estaban medicados con antidepresivos con dosis equivalentes a 125 mg de amitriptilina como mínimo.
Al azar se dividió a los participantes en dos grupos: uno que recibió sólo tratamiento farmacológico y otro que fue tratado farmacológicamente y también con terapia cognitiva. (16 sesiones en 20 semanas y dos entrevistas de seguimiento posterior). Los terapeutas cognitivos siguieron instrucciones de un manual, y también fueron supervisados regularmente para minimizar sesgos personales.
(El artículo completo, en inglés, puede solicitarse en Fundación Acta).
Artículo comentado y traducido por la Lic. Alicia Kasulin, editora responsable de IntraMed en la especialidad de Psiquiatría.
Publicado el 29 de julio de 2003
Un estudio de costo-beneficio
Terapia cognitiva para prevenir la recaída, en la depresión crónica
Los autores discuten el modo de abordar los cálculos de costo- beneficio al momento de abordar los tratamientos antidepresivos.
Autor/a: Dres. Scott J, Palmer S, Paykel E, Teasdale J, Hayhurst H
Fuente: Br J Psychiatry. 2003 Mar;182:221-7.
En un informe del año 1996, la Organización Mundial de la Salud identificó a la depresión unipolar como una causa predominante de discapacidad, en el mundo. Esto obedece no sólo a las formas clínicas de presentación del padecimiento sino a la alta tasa de recaída o recurrencia que le son características. Los pacientes con depresión persistente concitan el interés de investigadores por la alta prevalencia de la enfermedad, la pérdida de capital humano, y la alta tasa de utilización de recursos médicos que sugiere que los utilizados no son los recursos que necesitan.
Los autores consideran que en general los estudios económicos relativos a la depresión han analizado el costo con relación a cambios sintomáticos y funcionamiento general en el corto plazo, y suelen comparar la conveniencia de emplear fármacos tradicionales (p.ej. tricíclicos) vs. fármacos más novedosos (p.ej. ISRS). Opinan que este enfoque es muy restrictivo dado que los fármacos representarían tan sólo del 10 al 20% de los costos directos de la enfermedad, al tiempo que no proveen información acerca de los costos vs. beneficios del tratamiento psicológico comparado con el farmacológico. Este hecho podría sugerir que en el corto plazo y en la fase aguda, el costo de la terapia excede al de los fármacos, por lo cual no es el tratamiento de elección, a pesar de que hay estudios que avalan su efectividad.
Los autores sostienen que estos datos de costo-efectividad podrían modificarse si se mostrase que el tratamiento psicológico tiene un efecto post-intervención prolongado, y se extendiese consecuentemente el período de seguimiento. En este estudio Scott et al. exploran si la prevención de la recaída con terapia psicológica de orientación cognitiva es conveniente en términos de costo-beneficio. Se evaluaron los costos sanitarios directos para evitar la recaída de dos maneras: el costo total por recaída evitada, y el costo por cada día adicional libre de recaída.
Método:
Siguiendo las normas éticas, se invitó a 230 personas con depresión persistente a participar en el estudio. Los pacientes tenían edades comprendidas entre los 21 y 65 años, todos con depresión unipolar y satisfacían los criterios del DSM-III-R para trastorno depresivo mayor en algún episodio dentro de los 18 meses anteriores al estudio, pero no en los 2 meses anteriores. Al momento de la selección los sujetos debían tener síntomas residuales de al menos 8 semanas de duración que puntuasen 8 ó más en la escala Hamilton de 17 ítem, y 9 ó más puntos en Inventario de Beck. Se excluyeron los pacientes bipolares, y los que habían tenido 5 ó más sesiones de psicoterapia cognitiva con anterioridad. Todos los participantes estaban medicados con antidepresivos con dosis equivalentes a 125 mg de amitriptilina como mínimo.
Al azar se dividió a los participantes en dos grupos: uno que recibió sólo tratamiento farmacológico y otro que fue tratado farmacológicamente y también con terapia cognitiva. (16 sesiones en 20 semanas y dos entrevistas de seguimiento posterior). Los terapeutas cognitivos siguieron instrucciones de un manual, y también fueron supervisados regularmente para minimizar sesgos personales.
(El artículo completo, en inglés, puede solicitarse en Fundación Acta).
Artículo comentado y traducido por la Lic. Alicia Kasulin, editora responsable de IntraMed en la especialidad de Psiquiatría.