El 31 de agosto se emitió un boletín con información que preocupaba, pero se hizo público en conferencia de prensa el 3 de septiembre y no fue casualidad: el 4 se conmemoraba el Día Mundial de la Salud Sexual. Tampoco fue casualidad que ambas federaciones lo hubieran elegido para presentar el XXIII Congreso Latinoamericano de Sexología y Educación Sexual (cuyo nombre breve será de aquí en más CLASES 2026 y que se celebrará entre el 28 y el 30 de octubre). Y mucho menos lo es el lema que eligieron para el congreso (que tendrá lugar en México en octubre): “la justicia sexual”. No lo es, porque, según explica el boletín, el CLASES 2026 “convocará a especialistas de toda América latina a discutir quién puede hoy ejercer sus derechos sexuales y quién no, y qué se requiere para cerrar esa brecha (el destacado es nuestro).”
El fundamento también queda claro: la propuesta de trabajo para el CLASES 2026 es ir más allá del diagnóstico y poner el foco en las condiciones que hacen posible –o limitan– el ejercicio de esos derechos. Esto porque, advierten, ejercerlos implica vivir la sexualidad de manera libre, digna, informada, placentera, saludable y segura: eso es “justicia sexual”, y, señalan, hay quienes encuentran obstáculos para hacerlo. Obstáculos que –importa destacar– no afectan a todos por igual: están atravesados por la edad, el género, el territorio, el nivel de ingresos, la orientación sexual, la identidad de género, el origen étnico, la condición migratoria y la discapacidad. Y es en ese punto donde nace el diagnóstico de la “combinación inédita de retrocesos y presiones simultáneas”. ¿Nos adelantamos un poquito? Se trata de una combinación de cuestiones sanitarias y geopolíticas.
“Un punto de inflexión regional”
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Con esos términos describe el boletín la situación de Latinoamérica (LATAM), y especifica que vivimos en “un contexto de fuerte polarización sobre la agenda de derechos sexuales y reproductivos”. Respecto de la cuestión sanitaria agrupa los problemas en cuatro ítems:
Embarazo en adolescentes y autonomía corporal: nuestra región no solo tiene la segunda tasa más alta de fecundidad adolescente del mundo, con 50,6 nacimientos por cada 1,000 adolescentes de 15 a 19 años, sino que es la única con tendencia al alza en embarazos en menores de 15 años, casi siempre producto de violencia sexual. En el plano global, una de cada cuatro mujeres no puede negarse a tener relaciones sexuales y en 40% de los países respecto de los cuales hay datos, la autonomía corporal de las mujeres está disminuyendo. “Sin autonomía corporal no hay salud sexual: hay administración del cuerpo ajeno”, advierte el documento.
VIH: la región que va a contracorriente: el mundo reduce nuevas infecciones, pero en LATAM aumentaron 25% entre 2010 y 2025, según el informe especial que ONUSIDA acaba de presentar en la 26.ª Conferencia Internacional sobre el Sida (Río de Janeiro, julio de 2026). El Caribe, en cambio, las redujo 30%. “El contraste demuestra que el resultado depende de decisiones de política pública, no de la fatalidad epidemiológica”, señalan los expertos.
Sífilis: la infección se previene con preservativos y se cura con penicilina. Sin embargo, según reportó OPS, se llegó a 4,2 millones de casos nuevos en las Américas en 2024 (15 % más que en 2022) y casi el 90% está concentrado en LATAM y el Caribe. De sífilis congénita, que se previene tan fácil como haciendo con un test a la persona gestante, se notificaron 34.000 casos (pero se estima que llegan a 66.000). “Cada caso de sífilis congénita es la huella de un servicio de salud que no llegó a tiempo”, sintetizan.
ITS resistentes: la ventana terapéutica se estrecha. Datos de la OMS muestran que, entre 2022 y 2024, aumentó la resistencia de la gonorrea a ceftriaxona y cefixima, los antibióticos de primera línea. En Europa ya se documenta transmisión local de cepas resistentes a ceftriaxona, pero en nuestra región solo 36% de los países realiza vigilancia sistemática, de manera que no hay información suficiente para saber qué infección podría volverse intratable entre nosotros. “La resistencia antimicrobiana dejó de ser un tema exclusivo de infectología, y es hoy un asunto de salud sexual y de educación integral en sexualidad”, resaltan.
En este horizonte la tecnología se ha transformado en lo que llamaron “una nueva frontera”. “Buena parte de lo que niñas, niños, adolescentes y personas jóvenes aprenden hoy sobre sexualidad no proviene de la escuela ni del consultorio, sino de plataformas digitales que distribuyen tanta desinformación sobre sexo como información (el destacado es nuestro), y además la personalizan mediante algoritmos y sistemas de recomendación”, advierte el texto. Y, en internet, la desinformación es solo una de dos patas; la otra son herramientas de IA que habilitaron (y seguirán haciéndolo si no se regulan y no se educa a los destinatarios) “la ‘nudificación’ de fotografías, los deepfakes sexuales, la sextorsión con material sintético y la automatización del acoso mediante chatbots”, agrega el documento, y destaca que durante 2025 la Internet Watch Foundation identificó 8.029 imágenes y videos de violencia sexual contra la niñez generados con IA –260 veces más videos que el año anterior–, de los cuales 97% se refieren a niñas.
Claro que, además de la amenazante no es la única cara de la tecnología: “es también el canal con mayor capacidad de llegar a quienes están fuera de la escuela y de los servicios”, señalan Y, en ese punto, la pregunta (que será uno de los ejes de los debates en CLASES 2026) no es si la sexualidad se vive en línea, sino con qué alfabetización, con qué regulación y con qué acompañamiento profesional se vive.
Aquí impacta otra variable del problema, que, como anunciamos, describen en términos de “giro geopolítico que se siente en el consultorio y en el aula”. Y no solo por el contexto actual de contracción de la cooperación internacional y de presupuestos públicos, sino porque avanzar sin cesar los discursos que impugnan la educación integral en sexualidad. Y el efecto, advierten, es acumulativo: “menos recursos, menos educación, más desinformación en línea, más ITS, más embarazos no intencionales, más violencia. Y al final de esa cadena, personas concretas —adolescentes, mujeres, poblaciones clave, personas con discapacidad, personas mayores, personas LGBTI+— a quienes se les dice, de mil maneras, que su cuerpo no importa lo suficiente.”
Publicado el 20 de octubre de 2026
Epidemiología que alarma
Salud sexual en América Latina vive “una combinación inédita de retrocesos y presiones simultáneas”
Duro diagnóstico de la Federación Mexicana de Educación Sexual y Sexología, y la Federación Latinoamericana de Sociedades de Sexología y Educación Sexual. Lo dijo de cara al congreso CLASES 2026.
Autor/a: Claudia Nicolini
Fuente: IntraMed
El 31 de agosto se emitió un boletín con información que preocupaba, pero se hizo público en conferencia de prensa el 3 de septiembre y no fue casualidad: el 4 se conmemoraba el Día Mundial de la Salud Sexual. Tampoco fue casualidad que ambas federaciones lo hubieran elegido para presentar el XXIII Congreso Latinoamericano de Sexología y Educación Sexual (cuyo nombre breve será de aquí en más CLASES 2026 y que se celebrará entre el 28 y el 30 de octubre). Y mucho menos lo es el lema que eligieron para el congreso (que tendrá lugar en México en octubre): “la justicia sexual”. No lo es, porque, según explica el boletín, el CLASES 2026 “convocará a especialistas de toda América latina a discutir quién puede hoy ejercer sus derechos sexuales y quién no, y qué se requiere para cerrar esa brecha (el destacado es nuestro).”
El fundamento también queda claro: la propuesta de trabajo para el CLASES 2026 es ir más allá del diagnóstico y poner el foco en las condiciones que hacen posible –o limitan– el ejercicio de esos derechos. Esto porque, advierten, ejercerlos implica vivir la sexualidad de manera libre, digna, informada, placentera, saludable y segura: eso es “justicia sexual”, y, señalan, hay quienes encuentran obstáculos para hacerlo. Obstáculos que –importa destacar– no afectan a todos por igual: están atravesados por la edad, el género, el territorio, el nivel de ingresos, la orientación sexual, la identidad de género, el origen étnico, la condición migratoria y la discapacidad. Y es en ese punto donde nace el diagnóstico de la “combinación inédita de retrocesos y presiones simultáneas”. ¿Nos adelantamos un poquito? Se trata de una combinación de cuestiones sanitarias y geopolíticas.
“Un punto de inflexión regional”
Con esos términos describe el boletín la situación de Latinoamérica (LATAM), y especifica que vivimos en “un contexto de fuerte polarización sobre la agenda de derechos sexuales y reproductivos”. Respecto de la cuestión sanitaria agrupa los problemas en cuatro ítems:
Embarazo en adolescentes y autonomía corporal: nuestra región no solo tiene la segunda tasa más alta de fecundidad adolescente del mundo, con 50,6 nacimientos por cada 1,000 adolescentes de 15 a 19 años, sino que es la única con tendencia al alza en embarazos en menores de 15 años, casi siempre producto de violencia sexual. En el plano global, una de cada cuatro mujeres no puede negarse a tener relaciones sexuales y en 40% de los países respecto de los cuales hay datos, la autonomía corporal de las mujeres está disminuyendo. “Sin autonomía corporal no hay salud sexual: hay administración del cuerpo ajeno”, advierte el documento.
VIH: la región que va a contracorriente: el mundo reduce nuevas infecciones, pero en LATAM aumentaron 25% entre 2010 y 2025, según el informe especial que ONUSIDA acaba de presentar en la 26.ª Conferencia Internacional sobre el Sida (Río de Janeiro, julio de 2026). El Caribe, en cambio, las redujo 30%. “El contraste demuestra que el resultado depende de decisiones de política pública, no de la fatalidad epidemiológica”, señalan los expertos.
Sífilis: la infección se previene con preservativos y se cura con penicilina. Sin embargo, según reportó OPS, se llegó a 4,2 millones de casos nuevos en las Américas en 2024 (15 % más que en 2022) y casi el 90% está concentrado en LATAM y el Caribe. De sífilis congénita, que se previene tan fácil como haciendo con un test a la persona gestante, se notificaron 34.000 casos (pero se estima que llegan a 66.000). “Cada caso de sífilis congénita es la huella de un servicio de salud que no llegó a tiempo”, sintetizan.
ITS resistentes: la ventana terapéutica se estrecha. Datos de la OMS muestran que, entre 2022 y 2024, aumentó la resistencia de la gonorrea a ceftriaxona y cefixima, los antibióticos de primera línea. En Europa ya se documenta transmisión local de cepas resistentes a ceftriaxona, pero en nuestra región solo 36% de los países realiza vigilancia sistemática, de manera que no hay información suficiente para saber qué infección podría volverse intratable entre nosotros. “La resistencia antimicrobiana dejó de ser un tema exclusivo de infectología, y es hoy un asunto de salud sexual y de educación integral en sexualidad”, resaltan.
El rol de internet
En este horizonte la tecnología se ha transformado en lo que llamaron “una nueva frontera”. “Buena parte de lo que niñas, niños, adolescentes y personas jóvenes aprenden hoy sobre sexualidad no proviene de la escuela ni del consultorio, sino de plataformas digitales que distribuyen tanta desinformación sobre sexo como información (el destacado es nuestro), y además la personalizan mediante algoritmos y sistemas de recomendación”, advierte el texto. Y, en internet, la desinformación es solo una de dos patas; la otra son herramientas de IA que habilitaron (y seguirán haciéndolo si no se regulan y no se educa a los destinatarios) “la ‘nudificación’ de fotografías, los deepfakes sexuales, la sextorsión con material sintético y la automatización del acoso mediante chatbots”, agrega el documento, y destaca que durante 2025 la Internet Watch Foundation identificó 8.029 imágenes y videos de violencia sexual contra la niñez generados con IA –260 veces más videos que el año anterior–, de los cuales 97% se refieren a niñas.
Claro que, además de la amenazante no es la única cara de la tecnología: “es también el canal con mayor capacidad de llegar a quienes están fuera de la escuela y de los servicios”, señalan Y, en ese punto, la pregunta (que será uno de los ejes de los debates en CLASES 2026) no es si la sexualidad se vive en línea, sino con qué alfabetización, con qué regulación y con qué acompañamiento profesional se vive.
Aquí impacta otra variable del problema, que, como anunciamos, describen en términos de “giro geopolítico que se siente en el consultorio y en el aula”. Y no solo por el contexto actual de contracción de la cooperación internacional y de presupuestos públicos, sino porque avanzar sin cesar los discursos que impugnan la educación integral en sexualidad. Y el efecto, advierten, es acumulativo: “menos recursos, menos educación, más desinformación en línea, más ITS, más embarazos no intencionales, más violencia. Y al final de esa cadena, personas concretas —adolescentes, mujeres, poblaciones clave, personas con discapacidad, personas mayores, personas LGBTI+— a quienes se les dice, de mil maneras, que su cuerpo no importa lo suficiente.”