El décimo aniversario de Microbiota Buenos Aires, el nombre que recibe el X Simposio Internacional de Microbiota y Probióticos 2026, funcionó como marco para revisar cuánto cambió la mirada médica sobre los microorganismos. En la apertura, los doctores Christian Boggio Marzet y Jorge Martínez, fundadores de este evento hoy multitudinario, recordaron que el encuentro comenzó como una apuesta temprana por un campo todavía periférico y que, con el tiempo, se consolidó como una comunidad científica pujante.
“Celebramos una historia que comenzó hace 10 años, donde unos pocos nos reunimos en un salón de la Universidad del Salvador, convencidos de que la microbiota intestinal iba a cambiar la historia de la medicina”, remarcaron.
“Tuvimos un privilegio, ver crecer la ciencia argentina y latinoamericana. Muchos trabajos empezaron como un poster y hoy son proyectos internacionales. Hoy somos el evento dedicado a la microbiota de mayor convocatoria a nivel mundial”, remarcaron. Y eso es algo que se demostró en el programa, con fuerte convocatoria de expertos de todo el globo, reunidos por evidencias de hoy y líneas de investigaciones promisorias.
Bacterias: hoy se conoce que no siempre son “malas”
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Ese recorrido fue el punto de partida de la conferencia del pediatra español Luis Peña Quintana, Catedrático en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), quien recordó que durante gran parte del siglo XX, el paradigma dominante consideró a las bacterias principalmente como agentes a erradicar. La mirada actual, en cambio, “las ubica dentro de un ecosistema cooperativo que participa en metabolismo, maduración inmunológica, señalización endocrina y comunicación intestino-cerebro”, remarcó. Además, compartió un dato que no todo el auditorio conocía: que la vida en la Tierra es esencialmente microscópica y que existen 125 trillones de micoorganismos por persona.
Peña Quintana describió a la microbiota como “un ecosistema dinámico alojado dentro del ecosistema humano”. Mientras el genoma del huésped es relativamente estable, el repertorio microbiano puede modificarse con la dieta, los fármacos y otras exposiciones. Esta plasticidad explica parte del interés clínico: los microorganismos intestinales intervienen en la producción de metabolitos, en la integridad de la barrera, en la regulación inmunitaria y en la señalización sistémica.

El orador destacó además una limitación metodológica que condiciona al campo: de acuerdo con los datos expuestos, “solo alrededor del 37% de las especies intestinales serían cultivables con los métodos actuales”- El resto representa un territorio de investigación donde la secuenciación de alta resolución, la bioinformática y la inteligencia artificial podrían ampliar la identificación funcional de microorganismos hoy inaccesibles al cultivo convencional.
Antibióticos: el disruptor más evidente
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Uno de los mensajes más enfáticos de la sesión fue el impacto de los antibióticos de amplio espectro. Peña Quintana remarcó que no solo reducen patógenos: también pueden eliminar microorganismos simbiontes y disminuir la diversidad del ecosistema intestinal. Presentó datos de seguimiento prolongado que, según señaló, muestran recuperación lenta del microbioma después de determinadas exposiciones antibióticas. “Una sola dosis de antibióticos de amplio espectro deja 8 años de cicatriz en el microbioma, que tarda ese tiempo en recuperarse. Pero la penicilina, que es la menos recetada, tiene impacto mínimo”, detalló.
Salud intestinal: hacia una definición menos simplista
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La médica gastroenetóloga argentina Laura Solé planteó que “salud intestinal” es un término “ampliamente utilizado pero todavía difícil de medir de manera uniforme”. Su exposición, propuso salir de una definición basada únicamente en la ausencia de enfermedad o síntomas y considerar un estado de función gastrointestinal normal, sin enfermedad activa descompensada y sin síntomas intestinales que deterioren de manera relevante la calidad de vida. Y planteó la pregunta de si los médicos están entrenados para administrar tratamientos para mejorarla.
En concreto, la llamada salud intestinal posee, según explicó, seis dominios: fisiología digestiva; microbioma intestinal; epitelio y barrera; sistema inmune (GALT - tejido linfoide asociado al intestino); función endócrina y eje cerebro-intestino.

“La utilidad del modelo está en integrar dimensiones que suelen evaluarse por separado”, repasó la médica. La fisiología digestiva incluye digestión, absorción, motilidad y balance de secreciones. El microbioma intestinal introduce la variabilidad geográfica e individual: una composición compatible con salud en una población puede no ser equivalente en otra. El epitelio intestinal aporta el concepto de permeabilidad selectiva —no impermeabilidad— y el sistema inmune asociado al intestino debe mantener tolerancia sin perder capacidad defensiva.
Los dos dominios restantes amplían el enfoque sistémico. La función endócrina intestinal conecta señales locales con metabolismo y saciedad, mientras que el eje cerebro-intestino-microbiota integra vías neurales, inmunes y metabólicas. En este marco, el “exposoma” —dieta, estilo de vida, entorno, medicamentos y otras exposiciones— ayuda a explicar por qué el mismo estímulo puede generar respuestas diferentes entre individuos.
Disbiosis: “no es un diagnóstico, es una pregunta biológica”
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La conferencia de la médica gastroenteróloga mexicana Ana Teresa Abreu y Abreu llevó el razonamiento un paso más allá. Su punto de partida fue crítico: si no existe una microbiota normal única, tampoco resulta sencillo fijar una frontera universal para la disbiosis. Entonces no sería un diagnóstico, sino una pregunta de la biología y el tratamiento no sería “único” para todos. Una composición “alterada” en un contexto puede coexistir con salud en otro, y los cambios taxonómicos no necesariamente equivalen a disfunción.
Abreu propuso interpretar la disbiosis como una alteración ecológica y funcional en la interacción microbiota-huésped. Entre los patrones descritos se encuentran la pérdida de microorganismos con funciones beneficiosas, la expansión de patobiontes u oportunistas, la modificación de metabolitos y la alteración de la barrera o de la respuesta inmunitaria. Sin embargo, el resultado clínico depende de la capacidad de compensación del huésped.
Ese concepto de resiliencia es central. “Un ecosistema puede sufrir una perturbación —por dieta, antibióticos, inhibidores de bomba de protones, infecciones, estrés, envejecimiento u otros factores— y regresar a un estado funcional”, remarcó. El problema aparece cuando la recuperación es incompleta y se instala una pérdida sostenida de funciones, con mayor vulnerabilidad a inflamación, alteraciones metabólicas o expresión clínica de enfermedad.
La relación entre disbiosis y enfermedad no debe interpretarse automáticamente como causal. La expositora insistió en que, según el escenario, la alteración del ecosistema puede preceder a la enfermedad, aparecer como consecuencia de ella o formar parte de un circuito bidireccional.

De describir microorganismos a diseñar funciones
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Para concluir, volvamos a la conferencia de Peña Quintana, quien remarcó que hablar de microbiota hoy no es lo mismo que hablar de ella hace 10 años, lo que llevó a un cambio de paradigma. “El objetivo ya no es únicamente identificar qué microorganismos están presentes, sino definir qué función se pretende restaurar”, detalló.

¿Pero qué estrategias existen si de microbiota se habla? Las de primera generación están representada por el trasplante de microbiota fecal, que transfiere un ecosistema complejo y, por definición, incluye componentes conocidos y desconocidos. La segunda busca consorcios de cepas definidos y controlados. La tercera, todavía en desarrollo, apunta a explorar microorganismos y funciones que hoy no pueden cultivarse de forma convencional, con apoyo de secuenciación, modelado computacional e inteligencia artificial.
En paralelo, la nutrición de precisión y el uso de intervenciones dirigidas al ecosistema aparecen como una línea de desarrollo relevante. Las exposiciones destacaron el interés por modular la producción de ácidos grasos de cadena corta, la integridad de la barrera y la señalización metabólica. Sin embargo, ninguna de las conferencias sostuvo que exista una terapia universal para la disbiosis; por el contrario, el mensaje común fue la necesidad de individualizar y de vincular cualquier intervención con un objetivo funcional concreto.
Oncología: una línea de investigación que crece
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Peña Quintana también revisó la relación entre microbiota y respuesta antitumoral, en particular en el contexto de inmunoterapia. El concepto presentado es que un ecosistema intestinal profundamente alterado puede modificar señales inmunes capaces de influir en la respuesta al tratamiento. La sesión mostró este campo como una frontera activa de investigación y aunque se necesita aún recabar más evidencias, este paso podría ser “el futuro”, cerró.
Publicado el 23 de septiembre de 2026
Décimo aniversario de un evento especializado
Microbiota y su paradigma 2.0: de buscar la “normal” a restaurar funciones
El ecosistema intestinal ya no se piensa en términos de “normalidad”, sino de funciones, equilibrio y capacidad de recuperación. Especialistas revisaron cómo evolucionó el conocimiento sobre el ecosistema intestinal y hacia dónde apunta la medicina de precisión.
Autor/a: CelinaAbud
Fuente: IntraMed
El décimo aniversario de Microbiota Buenos Aires, el nombre que recibe el X Simposio Internacional de Microbiota y Probióticos 2026, funcionó como marco para revisar cuánto cambió la mirada médica sobre los microorganismos. En la apertura, los doctores Christian Boggio Marzet y Jorge Martínez, fundadores de este evento hoy multitudinario, recordaron que el encuentro comenzó como una apuesta temprana por un campo todavía periférico y que, con el tiempo, se consolidó como una comunidad científica pujante.
“Celebramos una historia que comenzó hace 10 años, donde unos pocos nos reunimos en un salón de la Universidad del Salvador, convencidos de que la microbiota intestinal iba a cambiar la historia de la medicina”, remarcaron.
“Tuvimos un privilegio, ver crecer la ciencia argentina y latinoamericana. Muchos trabajos empezaron como un poster y hoy son proyectos internacionales. Hoy somos el evento dedicado a la microbiota de mayor convocatoria a nivel mundial”, remarcaron. Y eso es algo que se demostró en el programa, con fuerte convocatoria de expertos de todo el globo, reunidos por evidencias de hoy y líneas de investigaciones promisorias.
Bacterias: hoy se conoce que no siempre son “malas”
Ese recorrido fue el punto de partida de la conferencia del pediatra español Luis Peña Quintana, Catedrático en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), quien recordó que durante gran parte del siglo XX, el paradigma dominante consideró a las bacterias principalmente como agentes a erradicar. La mirada actual, en cambio, “las ubica dentro de un ecosistema cooperativo que participa en metabolismo, maduración inmunológica, señalización endocrina y comunicación intestino-cerebro”, remarcó. Además, compartió un dato que no todo el auditorio conocía: que la vida en la Tierra es esencialmente microscópica y que existen 125 trillones de micoorganismos por persona.
Peña Quintana describió a la microbiota como “un ecosistema dinámico alojado dentro del ecosistema humano”. Mientras el genoma del huésped es relativamente estable, el repertorio microbiano puede modificarse con la dieta, los fármacos y otras exposiciones. Esta plasticidad explica parte del interés clínico: los microorganismos intestinales intervienen en la producción de metabolitos, en la integridad de la barrera, en la regulación inmunitaria y en la señalización sistémica.
El orador destacó además una limitación metodológica que condiciona al campo: de acuerdo con los datos expuestos, “solo alrededor del 37% de las especies intestinales serían cultivables con los métodos actuales”- El resto representa un territorio de investigación donde la secuenciación de alta resolución, la bioinformática y la inteligencia artificial podrían ampliar la identificación funcional de microorganismos hoy inaccesibles al cultivo convencional.
Antibióticos: el disruptor más evidente
Uno de los mensajes más enfáticos de la sesión fue el impacto de los antibióticos de amplio espectro. Peña Quintana remarcó que no solo reducen patógenos: también pueden eliminar microorganismos simbiontes y disminuir la diversidad del ecosistema intestinal. Presentó datos de seguimiento prolongado que, según señaló, muestran recuperación lenta del microbioma después de determinadas exposiciones antibióticas. “Una sola dosis de antibióticos de amplio espectro deja 8 años de cicatriz en el microbioma, que tarda ese tiempo en recuperarse. Pero la penicilina, que es la menos recetada, tiene impacto mínimo”, detalló.
Salud intestinal: hacia una definición menos simplista
La médica gastroenetóloga argentina Laura Solé planteó que “salud intestinal” es un término “ampliamente utilizado pero todavía difícil de medir de manera uniforme”. Su exposición, propuso salir de una definición basada únicamente en la ausencia de enfermedad o síntomas y considerar un estado de función gastrointestinal normal, sin enfermedad activa descompensada y sin síntomas intestinales que deterioren de manera relevante la calidad de vida. Y planteó la pregunta de si los médicos están entrenados para administrar tratamientos para mejorarla.
En concreto, la llamada salud intestinal posee, según explicó, seis dominios: fisiología digestiva; microbioma intestinal; epitelio y barrera; sistema inmune (GALT - tejido linfoide asociado al intestino); función endócrina y eje cerebro-intestino.
“La utilidad del modelo está en integrar dimensiones que suelen evaluarse por separado”, repasó la médica. La fisiología digestiva incluye digestión, absorción, motilidad y balance de secreciones. El microbioma intestinal introduce la variabilidad geográfica e individual: una composición compatible con salud en una población puede no ser equivalente en otra. El epitelio intestinal aporta el concepto de permeabilidad selectiva —no impermeabilidad— y el sistema inmune asociado al intestino debe mantener tolerancia sin perder capacidad defensiva.
Los dos dominios restantes amplían el enfoque sistémico. La función endócrina intestinal conecta señales locales con metabolismo y saciedad, mientras que el eje cerebro-intestino-microbiota integra vías neurales, inmunes y metabólicas. En este marco, el “exposoma” —dieta, estilo de vida, entorno, medicamentos y otras exposiciones— ayuda a explicar por qué el mismo estímulo puede generar respuestas diferentes entre individuos.
Disbiosis: “no es un diagnóstico, es una pregunta biológica”
La conferencia de la médica gastroenteróloga mexicana Ana Teresa Abreu y Abreu llevó el razonamiento un paso más allá. Su punto de partida fue crítico: si no existe una microbiota normal única, tampoco resulta sencillo fijar una frontera universal para la disbiosis. Entonces no sería un diagnóstico, sino una pregunta de la biología y el tratamiento no sería “único” para todos. Una composición “alterada” en un contexto puede coexistir con salud en otro, y los cambios taxonómicos no necesariamente equivalen a disfunción.
Abreu propuso interpretar la disbiosis como una alteración ecológica y funcional en la interacción microbiota-huésped. Entre los patrones descritos se encuentran la pérdida de microorganismos con funciones beneficiosas, la expansión de patobiontes u oportunistas, la modificación de metabolitos y la alteración de la barrera o de la respuesta inmunitaria. Sin embargo, el resultado clínico depende de la capacidad de compensación del huésped.
Ese concepto de resiliencia es central. “Un ecosistema puede sufrir una perturbación —por dieta, antibióticos, inhibidores de bomba de protones, infecciones, estrés, envejecimiento u otros factores— y regresar a un estado funcional”, remarcó. El problema aparece cuando la recuperación es incompleta y se instala una pérdida sostenida de funciones, con mayor vulnerabilidad a inflamación, alteraciones metabólicas o expresión clínica de enfermedad.
La relación entre disbiosis y enfermedad no debe interpretarse automáticamente como causal. La expositora insistió en que, según el escenario, la alteración del ecosistema puede preceder a la enfermedad, aparecer como consecuencia de ella o formar parte de un circuito bidireccional.
De describir microorganismos a diseñar funciones
Para concluir, volvamos a la conferencia de Peña Quintana, quien remarcó que hablar de microbiota hoy no es lo mismo que hablar de ella hace 10 años, lo que llevó a un cambio de paradigma. “El objetivo ya no es únicamente identificar qué microorganismos están presentes, sino definir qué función se pretende restaurar”, detalló.
¿Pero qué estrategias existen si de microbiota se habla? Las de primera generación están representada por el trasplante de microbiota fecal, que transfiere un ecosistema complejo y, por definición, incluye componentes conocidos y desconocidos. La segunda busca consorcios de cepas definidos y controlados. La tercera, todavía en desarrollo, apunta a explorar microorganismos y funciones que hoy no pueden cultivarse de forma convencional, con apoyo de secuenciación, modelado computacional e inteligencia artificial.
En paralelo, la nutrición de precisión y el uso de intervenciones dirigidas al ecosistema aparecen como una línea de desarrollo relevante. Las exposiciones destacaron el interés por modular la producción de ácidos grasos de cadena corta, la integridad de la barrera y la señalización metabólica. Sin embargo, ninguna de las conferencias sostuvo que exista una terapia universal para la disbiosis; por el contrario, el mensaje común fue la necesidad de individualizar y de vincular cualquier intervención con un objetivo funcional concreto.
Oncología: una línea de investigación que crece
Peña Quintana también revisó la relación entre microbiota y respuesta antitumoral, en particular en el contexto de inmunoterapia. El concepto presentado es que un ecosistema intestinal profundamente alterado puede modificar señales inmunes capaces de influir en la respuesta al tratamiento. La sesión mostró este campo como una frontera activa de investigación y aunque se necesita aún recabar más evidencias, este paso podría ser “el futuro”, cerró.