El 11 de julio de 2025, en el marco de las II Jornadas de Medicina Narrativa "Desplegar las narrativas en el campo de la salud", organizadas por la Sociedad Argentina de Medicina Narrativa (SAMEN), tuvo lugar una mesa de diálogo con las escritoras Ana María Shua, Hinde Pomeramiec y Julieta Correa, en la que se reflexionó sobre el cruce entre escritura, lectura y enfermedad bajo el título "Escribir y leer desde la enfermedad: la porosa frontera entre realidad y ficción".
Las participantes destacaron que toda escritura, incluso la autobiográfica, tiene elementos de ficción, y que, en muchos casos, ficcionalizar una experiencia dolorosa permite tomar distancia y generar una forma de reparación. “La escritura abre y cauteriza al mismo tiempo las heridas”, citó la moderadora de la mesa, Elizabeth Gothelf, a Juan José Millás, provocando coincidencias en torno a la potencia sanadora del lenguaje.
Sin embargo, también se advirtió sobre los límites de esta herramienta. No toda persona desea o necesita escribir; para algunas, detenerse a narrar el dolor puede ahondarlo. "El bisturí mal usado puede dañar", apuntó una de las expositoras, en relación con los efectos adversos de una escritura forzada o no deseada.
La lectura también fue señalada como camino para el desarrollo de la empatía. Las integrantes de la mesa coincidieron en que la literatura en general -sin restringirla a textos que refieran exclusivamente a temas médicos- permite ampliar la mirada, habilita la sensibilidad y devuelve las palabras a quienes muchas veces las pierden en el trajín cotidiano de su actividad asistencial. "Leer es entrar en la mente de otra persona, ver el mundo a través de sus ojos", sostuvo una de las panelistas, remarcando el valor de formar profesionales de la salud capaces de leer no solo cuerpos, sino historias.
Entre los autores mencionados cuyas obras las escritoras recomendaron leer, podemos mencionar a Juan José Millás, Eduardo Berti, Eduardo Halfon, Eugenia Almeida, Stefan Zweig, Silvia Moloy, Ansilta Grizas.
Por último, se distinguieron dos abordajes diferentes de la escritura: como una estrategia con un fin terapéutico y como un acto estético. En los talleres de Medicina Narrativa se recurre al primer abordaje, con el propósito de objetivar una vivencia para que quien la escribe pueda convertirse en lector de la misma y así logre reflexionar sobre ella con cierta distancia. De este modo, se ayuda a los profesionales de la salud a desarrollar un pensamiento narrativo que les permitirá imaginar situaciones, sensaciones y emociones, que es probable que nunca transiten en la vida real, pero que, al enriquecer su percepción, les permitirá comprender mejor a sus pacientes.
El segundo abordaje es el propio de los escritores, que trabajan con el lenguaje y la forma de expresar un hecho que, aunque sea común a la experiencia humana, todos experimentamos una enfermedad, un duelo, una alegría, un sueño -adquiere alguna forma singular que lo hace atractivo a la lectura y estimula al lector, tanto desde el punto de vista cognitivo como emocional.
En conclusión, las integrantes de la mesa coincidieron en que la lectura y la escritura pueden ser sanadoras porque "compartir la herida es también una forma de cauterizarla".
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