Las manos de los profesionales de la salud constituyen el principal vehículo de transmisión cruzada de microorganismos dentro de los establecimientos asistenciales. El contacto con pacientes, superficies, dispositivos médicos y fluidos corporales favorece la transferencia de bacterias, virus y otros patógenos entre distintos pacientes y áreas de atención.
La relevancia de esta práctica es aún mayor en un contexto marcado por el aumento de microorganismos multirresistentes. Se estima que los pacientes hospitalizados pueden colonizarse con bacterias resistentes en pocos días de internación, convirtiendo a las manos del personal sanitario en un eslabón crítico de la cadena de transmisión.
La evidencia científica ha demostrado que la higiene de manos es la medida individual más efectiva, simple y costo-efectiva para reducir las infecciones asociadas al cuidado de la salud. Su implementación adecuada disminuye la transmisión de patógenos, mejora la seguridad del paciente, reduce la morbimortalidad y contribuye a limitar la propagación de la resistencia antimicrobiana.
Para apoyar la incoporación sistemática de esta práctica en el personal de salud, Fundación Alberto J. Roemmers presenta Higiene de manos: la estrategia clave en el control de infecciones, un ciclo de tres cápsulas a cargo de la Mg. Stella Maimone, que recorre los fundamentos epidemiológicos, la selección de insumos y la técnica adecuada para la higiene de manos en el ámbito asistencial. Incluye los principales conceptos sobre la cadena de infección, la adherencia a la práctica y las recomendaciones actuales basadas en estándares internacionales.
A continuación, un resumen de lo que la especialista aborda en los vídeos:
Las manos del personal sanitario constituyen el principal vector de transmisión de microorganismos en entornos asistenciales. A pesar de su relevancia, la adherencia global a la higiene de manos es baja (36–48 %), según los estudios de monitoreo. Esto evidencia una brecha significativa entre el conocimiento teórico y la práctica clínica.
Debemos entender que hay una cadena de infección y que esa cadena explica, en sí misma, por qué es necesario el lavado de manos correcto. El primer componente es el agente causal, lo que incluye bacterias, virus, hongos y parásitos. El segundo eslabón es el reservorio, que puede ser animado (pacientes, personal) o inanimado (superficies, objetos).
La microbiota humana actúa como el principal reservorio. Además, la hospitalización favorece la colonización por los patógenos multirresistentes en aproximadamente una semana. La situación se complejiza al considerar que los microorganismos hospitalarios suelen ser multirresistentes.
Finalmente, el tercer componente son las vías de transmisión. Aquí encontramos cuatro mecanismos principales:
- Contacto: directo o indirecto (por superficies contaminadas). Las manos actúan como vehículo de transmisión cruzada entre pacientes.
- Gotas respiratorias: transmisión por secreciones al hablar, toser o estornudar. Incluye la contaminación de objetos y autoinoculación en mucosas.
- Aérea (inhalación): partículas suspendidas que permanecen en el aire y son inhaladas.
- Percutánea (punción): inoculación directa a través de objetos punzocortantes contaminados.
Para romper esta cadena de transmisión, aplicamos la correcta higiene de manos. Se distinguen dos métodos principales: el lavado húmedo con agua y jabón, y la fricción alcohólica con soluciones hidroalcohólicas (o lavado seco). Estos métodos no son equivalentes ni intercambiables, y su indicación depende del contexto clínico.
Según la OMS, la fricción con alcohol es la estrategia más eficaz para la antisepsia de manos en la práctica clínica, siempre que esté disponible. Tiene mayor eficacia antimicrobiana, reduce significativamente la flora bacteriana y viral, superando al jabón común y antiséptico, además de ser rápida. La accesibilidad con este método permite su uso en el punto de atención (en la zona del paciente).
Las soluciones presentan mejor tolerancia cutánea, es decir, causan menos irritación y sequedad que el jabón. Sin mencionar que dan autonomía operativa, pues no requieren infraestructura.
La fricción alcohólica mejora la adherencia y reduce la carga laboral, un factor crítico en los entornos clínicos.
No obstante, hay condiciones especiales a considerar:
- Sobre cuestiones técnicas, la experta señala la prohibición de usar toallas de tela reutilizables. Así también conviene evitar temperaturas extremas del agua. Estas medidas buscan preservar la integridad de la barrera cutánea y evitar la colonización microbiana.
- La antisepsia con soluciones alcohólicas tiene una técnica similar al lavado, pero sin enjuague ni secado. Requiere fricción hasta la evaporación completa. La antisepsia finaliza cuando las manos están completamente secas. Es el método preferido en ausencia de suciedad visible por su rapidez y eficacia microbiológica.
- En el contexto quirúrgico, puede realizarse el lavado con técnica húmeda o alcohólica. De todas maneras, el primer lavado del día debe ser siempre con agua y jabón. Luego, pueden utilizarse técnicas alcohólicas en procedimientos sucesivos.
En conclusión, la higiene de manos constituye la intervención más efectiva para prevenir infecciones en el ámbito sanitario. Su impacto depende no solo del conocimiento técnico, sino también de la adherencia sistemática, la disponibilidad de recursos y el cuidado de la piel del profesional.
Podrá acceder a ver las tres cápsulas de microlearning a través del Campus Virtual de IntraMed:
| INGRESAR Y VER |
(Puede ingresar al aula con el siguiente código de matriculación: 262993)
- La modalidad de cursado es asincrónica.
- El cursado aborda los siguientes escenarios: Transmisión de infecciones y rol de la higiene de manos, Insumos para la higiene de manos, Técnica para una higiene de manos efectiva.
- Fundación Alberto J. Roemmers ofrece una bonificación especial a nuestra comunidad: becas educativas completas que cubren el valor total del curso. Esto significa que no tendrá que pagar ningún arancel adicional.
