La fibrilación auricular (FA) es la arritmia cardíaca sostenida más común y representa una carga epidemiológica de magnitud creciente a nivel global. Proyecciones del estudio Global Burden of Disease (GBD) indican que en 2019 casi 60 millones de personas vivían con esta condición, una cifra que duplica la registrada en 1990.
El objetivo principal de esta investigación fue estimar la carga poblacional de la FA, diferenciada por sexo, a lo largo de tres décadas (1990, 2000 y 2010). Adicionalmente, se buscó evaluar el impacto de las comorbilidades cardiometabólicas en la incidencia de nuevos casos de FA tanto en hombres como en mujeres.
Este informe se basa en los datos del Estudio de Rotterdam (RS), un estudio de cohorte prospectivo y poblacional que ha seguido a los residentes de un distrito de Rotterdam, en los Países Bajos, desde 1989. Para analizar las tendencias temporales, la investigación se estructuró en tres cohortes o épocas distintas:
• 1990: Incluyó a 7750 participantes reclutados entre 1989 y 1993.
• 2000: Incluyó a 7675 participantes evaluados entre 1997 y 2001.
• 2010: Incluyó a 7121 participantes evaluados entre 2009 y 2014.
Para cada participante dentro de su respectiva época, se realizó un seguimiento estandarizado de 5 años. Al inicio de cada época se evaluó la presencia de comorbilidades clave, que incluyeron hipertensión, dislipidemia, obesidad, diabetes mellitus (DM), disfunción renal, enfermedad coronaria (EC), insuficiencia cardíaca (IC) y accidente cerebrovascular (ACV).
Durante el seguimiento de 5 años en cada cohorte, se identificó el siguiente número de nuevos casos de FA:
• 1990: 291 nuevos casos.
• 2000: 226 nuevos casos.
• 2010: 417 nuevos casos.
Al ajustar estas cifras por edad y sexo se observa una tendencia general creciente, caracterizada por una inesperada disminución en la década de 2000, seguida de un drástico repunte en la década de 2010.
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Época
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Tasa de incidencia (por 1000 personas-año)
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1990
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36,07
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2000
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27,40
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2010
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51,96
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El análisis estratificado por sexo reveló diferencias a lo largo del tiempo. En las tres décadas, los hombres mostraron tasas de incidencia de FA más altas que las mujeres. No obstante, ambas poblaciones experimentaron un aumento significativo en la década de 2010.
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Época
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Tasa de incidencia en mujeres
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Tasa de incidencia en hombres
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1990
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31,43
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44,97
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2000
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22,90
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34,71
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2010
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44,07
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65,63
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El análisis estadístico por hazard ratio (HR) mostró que el riesgo de FA incidente fue significativamente mayor en la década de 2010 en comparación con la de 1990 (HR 1,39; IC 95 % 1,16 a 1,67), incluso después de ajustar por otros factores de riesgo.
- Hipertensión
A lo largo de las tres décadas, la hipertensión se destacó como el único factor de riesgo que mantuvo una asociación significativa y constante con la incidencia de FA en la población total. Su contribución a los nuevos casos de FA, medida a través de la fracción atribuible poblacional (FAP), no solo fue la más alta, sino que también mostró una tendencia al alza en la última década.
• 1990: El 36 % de los casos de FA fue atribuible a la hipertensión.
• 2000: El 35 % de los casos de FA fue atribuible a la hipertensión.
• 2010: El 42,7 % de los casos de FA fue atribuible a la hipertensión.
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que la asociación estadísticamente significativa entre hipertensión y FA incidente fue exclusiva para las mujeres en las tres décadas analizadas. Aún más importante, la proporción de casos de FA atribuibles a la hipertensión en mujeres aumentó de manera drástica en la última época, subrayando su papel como un factor de riesgo predominante en esta población.
- Rol de otras comorbilidades
• La enfermedad coronaria (EC) fue un factor de riesgo significativo en las décadas de 1990 y 2000, pero esta asociación perdió significancia estadística en la década de 2010.
• La insuficiencia cardíaca (IC) solo mostró una asociación significativa con la FA en la década de 1990.
• El accidente cerebrovascular (ACV) fue un factor de riesgo significativo únicamente en la década de 2000.
• Se observó una "paradoja del colesterol", en la cual la dislipidemia (definida como colesterol no-HDL elevado) se asoció con un efecto protector contra la FA en las décadas de 2000 y 2010.
El aumento observado en la prevalencia e incidencia de la FA a lo largo de las tres décadas puede atribuirse a una combinación de factores. Entre ellos se incluyen el envejecimiento de la población, una mayor supervivencia a enfermedades crónicas, como infartos de miocardio e insuficiencia cardíaca, y una mejor capacidad de detección diagnóstica de la arritmia en la práctica clínica.
A pesar de estas tendencias crecientes, se reitera que los hombres presentan una mayor carga de FA en términos de incidencia, aunque estudios previos sugieren que el riesgo a lo largo de la vida tiende a igualarse entre ambos sexos en edades más avanzadas.
Es clara la necesidad de desarrollar estrategias de prevención de la FA diferenciadas por sexo. El papel preponderante y creciente de la hipertensión como impulsor de la FA en mujeres sugiere que el manejo intensivo y específico de la presión arterial en esta población representa un objetivo prometedor y de alto impacto para la prevención primaria.
Las mujeres tienden a experimentar una mayor rigidez vascular y disfunción diastólica del ventrículo izquierdo, lo que, combinado con la hipertensión, podría favorecer una remodelación auricular adversa. Específicamente, esto incluye un agrandamiento de la aurícula izquierda y un aumento de la fibrosis en el tejido auricular, creando el sustrato arritmogénico ideal para el desarrollo y la perpetuación de la FA.
Por lo tanto, las estrategias de prevención de la fibrilación auricular deben priorizar un manejo de la hipertensión que sea eficaz y adaptado por sexo. Enfocar los esfuerzos en el control óptimo de la presión arterial, especialmente en mujeres, constituye la intervención más impactante y prioritaria para reducir la futura carga de esta arritmia y sus devastadoras consecuencias.