Entrevistas

Publicado el 25 de julio de 2026

Bioética internacional

Dr. Ignacio Maglio: “Los datos sensibles en salud son el petróleo del siglo XXI”

Tras su designación en el Comité Internacional de Bioética de la UNESCO, el abogado especialista en Salud Pública dialogó con IntraMed sobre los grandes debates que marcarán la agenda bioética global: inteligencia artificial, edadismo, desigualdad en el acceso a la salud y los aprendizajes que la pandemia no logró consolidar.

Autor/a: Celina Abud

Fuente: IntraMed

El doctor Ignacio Maglio, abogado especialista en Salud Pública y reconocido asesor de fundaciones y sociedades médicas, fue designado miembro del Comité Internacional de Bioética (International Bioethics Committee - IBC) de la UNESCO para el período 2026-2029, por decisión del Director General de la organización.

Esta designación es uno de los mayores reconocimientos que la comunidad bioética internacional puede otorgar a un profesional del campo. Evidencia la solidez de su trayectoria en bioética clínica, derecho sanitario y derechos humanos —consolidada en debates como los derechos al final de la vida o las decisiones tomadas durante la pandemia de COVID-19— y posiciona a la Argentina en un espacio de influencia directa sobre los estándares éticos globales en medicina, biotecnología e inteligencia artificial.

El IBC, único foro global permanente de reflexión bioética en el mundo, fue creado en 1993 y está integrado por 36 expertos independientes —juristas, médicos, filósofos y científicos— elegidos a título personal por ser voces relevantes en la disciplina.

De cara a este reconocimiento, IntraMed entrevistó al doctor Maglio sobre los principales desafíos que se debatirán durante el próximo período.

 

 

¿Qué significa para usted haber sido designado en este cargo?

Es un reconocimiento que excede lo individual y hace a todo un trabajo colectivo de las últimas cuatro décadas, con compañeros y compañeras con los que hemos transitado el camino de la bioética. Y es un enorme desafío porque el IBC  es el organismo más importante del mundo en términos de formulación de recomendaciones éticas, a tal punto que, para contar un antecedente a modo de ejemplo, la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos del año 2005 fue justamente una propuesta inicial de este comité.

¿Qué representa este nombramiento para la bioética argentina y latinoamericana? ¿Abre oportunidades a la región para construir estándares éticos internacionales?

Este comité está formado por 36 expertos internacionales que no representan a los países en sí mismos, sino que hay una representación propia, particular, en relación con la experiencia de cada uno de estos especialistas.
La UNESCO tiene otro comité, el Comité Intergubernamental de Bioética, donde están los representantes de cada Estado miembro. Con todo, considero muy importante la participación de referentes de nuestra región, porque apostamos por prácticas con un sentido latinoamericanista, con una bioética un poco crítica de determinado orden que a veces se quiere imponer desde el norte. También pensamos que el tinte multidimensional que da la bioética latinoamericana, anclada a la perspectiva de los derechos humanos, es muy importante para este tipo de organismos.

¿Cuáles cree que serán los principales debates del Comité de Bioética de la UNESCO de los próximos años?

Durante el período 2026-2029, el primer punto a discutir es una declaración internacional o universal sobre los problemas de ageísmo o edadismo, ya que preocupa la discriminación y el estigma hacia los adultos mayores. Y en los últimos dos años, la propuesta a abordar es un proyecto de contenido bioético sobre los alcances de las fake news y los cuestionamientos de estas noticias falsas hacia la ciencia, que se evidenciaron durante la pandemia y que afectan a la salud colectiva.

La inteligencia artificial está transformando la medicina ¿Cuáles considera que son los principales desafíos éticos que plantea su incorporación a la práctica clínica y qué aspectos deberían resguardarse?

Sabemos que la medicina es la más científica de las humanidades y la más humana de las ciencias. Por eso decimos que el impacto de la IA es clave en la ciencia de la salud y en la medicina en particular. Justamente en 2021, la UNESCO estableció la primera recomendación sobre ética en inteligencia artificial, sobre cuáles serían los principios y los valores que tienen que estar presentes en el diseño de un dispositivo de inteligencia artificial, más si es aplicado al ámbito de la salud. Creo que ahí tenemos que buscar siempre un punto intermedio, la "tecnosabiduría". Ni tecnofobia ni tecnolatría, sino buscar cómo la IA puede ser un instrumento útil, siendo crítico con los riesgos, pero también expansivos y abiertos a las posibilidades de su uso en la práctica.

Conocemos hoy que los datos, en especial los datos sensibles en salud, son el petróleo del siglo XXI, y que la información médica se duplica cada 73 días. Con lo cual, sin la asistencia de un dispositivo de inteligencia artificial, ningún profesional sanitario podría estar actualizado.

Por ende, creo que hay que promover un buen uso, pero estando atentos y siendo críticos con los posibles riesgos asociados a las llamadas "alucinaciones" (los errores que puede dar la IA), los problemas que pueden afectar la seguridad en las prácticas, la privacidad, la confidencialidad, y sobre todo estar absolutamente convencidos de que hay habilidades clínicas que nunca van a poder ser reemplazadas por las máquinas, porque es no tienen sentido común ni clínico, y mucho menos emoción, tan necesaria para la relación médico-paciente.

A lo largo de su carrera ha participado en discusiones complejas sobre derechos de los pacientes, final de la vida, autonomía y acceso a la salud. ¿Cómo ha evolucionado la bioética frente a estos debates en las últimas décadas?

Ha evolucionado mucho para estar al servicio de la gente, ya sean médicos, pacientes o equipos de salud, hasta convertirse en un instrumento que permite consolidar relaciones clínicas más seguras, protegidas y rectas desde el punto de vista moral.

En la práctica, una contribución efectiva es la creación de comités de bioética en los ámbitos hospitalarios, algo que aún es una asignatura pendiente para instituciones que no lo tienen, tal vez por no darle la relevancia que deberían. Creo que un comité de bioética asistencial tiene que ser considerado como un servicio más, con la misma dimensión e importancia que cualquier otro, como cirugía, diagnóstico por imágenes o internación. Porque el comité se sumerge dentro de cada institución para trabajar en recomendaciones que ayudan a los equipos de salud a tomar las mejores decisiones posibles frente a dilemas que reclaman una mirada interdisciplinaria.

La pandemia de COVID-19 puso a prueba principios como la asignación de recursos escasos y el equilibrio entre derechos individuales y salud pública. ¿Qué aprendizajes éticos considera que no deberían perderse?

Con la mano en el corazón y para ser absolutamente honesto, creo que aprendimos poco. En aquel momento surgió la necesidad de jerarquizar el recurso humano en salud. En ese entonces, todo el mundo aplaudía desde los los balcones a los médicos, médicas y al personal sanitario que arriesgaba su vida. Pero lamentablemente yo creo que esa no fue una lección aprendida, porque las condiciones de trabajo, los ingresos y el reconocimiento a estos equipos hoy siguen debilitados. Por ejemplo, en la Ciudad de Buenos Aires, los profesionales de enfermería no están considerados profesionales de la salud. Por lo tanto, estas asignaturas pendientes deben ser resueltas cuanto antes.

La medicina incorpora cada vez más innovaciones —desde edición genética hasta medicina personalizada—. ¿Cómo lograr que el desarrollo científico avance sin profundizar desigualdades ni vulnerar derechos humanos?

Creo que es clave que cualquier avance tecnológico esté disponible y sea accesible para las personas que lo necesitan. Por ejemplo, en materia de inteligencia artificial, cinco grandes empresas (las big tech) son las que concentran todo el poder, con lo cual el peligro está en la irrupción de un "tecnocapitalismo" de la mano de las nuevas tecnologías, con el riesgo de profundizar las desigualdades.

En uno de los artículos de la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos se postula que el derecho al aprovechamiento de los conocimientos científicos es un derecho humano fundamental, sobre todo cuando se trata de la salud. Sin ir más lejos, hace siete décadas Ramón Carrillo decía: "De nada sirven los logros científicos si no están al servicio del pueblo".

Entonces creo que necesitamos una nueva discusión, una nueva forma de encarar las políticas sanitarias que promuevan mayor equidad y que busquen alternativas entre el apetito desmedido de estas industrias y las necesidades de la gente, para promover un acceso equitativo al cuidado de la salud.

Desde su experiencia en comités de bioética hospitalarios, ¿qué desafíos observas hoy en la práctica cotidiana de los equipos de salud y qué herramientas pueden ayudarlos a tomar decisiones éticamente complejas?

En primer lugar, considero que en cada hospital o institución deberían establecerse comités de bioética clínicos y comités de bioética asistencial. Hoy, por ley, tenemos comités de ética independientes de investigación, que son los que evalúan estudios clínicos con seres humanos. Pero creo que los primeros son iguales de necesarios. Y para cuando se establezcan, debería existir un compromiso institucional en dar soporte a estos comités de bioética clínicos y asistenciales para que puedan ser eficaces. De nada sirve incorporarlos para dar un barniz ético a una institución si no hay un compromiso para funcionen de forma independiente ni condiciones presupuestarias, honorarios y recursos físicos garantizados como cualquier otro servicio.  

Si tuviera que dejar un mensaje a los médicos y profesionales de la salud sobre el papel de la bioética en la práctica diaria, ¿qué concepto o reflexión le gustaría compartir?

Les rendiría un homenaje sincero. Ser médico es tener esa sensibilidad frente al sufrimiento ajeno, seguida de ese deseo irrefrenable de querer aliviar ese sufrimiento. Terminaría con una referencia a una frase que adapté de Milan Kundera, un autor muy querido que falleció hace poco tiempo. Él decía: "El acto bondadoso alcanza su máximo esplendor y pureza cuando quien lo recibe carece de todo poder". De la misma forma y en diversas ocasiones, médicas y médicos, sin tener el reconocimiento necesario, dan todo a cambio de nada. De eso se trata esta vocación, del espíritu inquebrantable de querer ayudar al otro.

 


*Dr. Ignacio Maglio. Abogado por la Universidad de Buenos Aires (UBA), con posgrado en Derecho Internacional de los Derechos Humanos por la Universidad de Alcalá (España). Miembro del Comité Internacional de Bioética (IBC) de la UNESCO por el período 2026 2029. Coordinador del Comité de Bioética de Sanatorio Finochietto. Vicepresidente de la RedBioética de la UNESCO. Asesor jurídico de diversas fundaciones y sociedades médicas. Jefe del Departamento de Riesgo Médico Legal del Hospital de Enfermedades Infecciosas "Francisco J. Muñiz".