La lipoproteína(a) [Lp(a)] es una partícula similar a las lipoproteínas de baja densidad cuya concentración está determinada principalmente por factores genéticos. Aproximadamente, el 20 % de la población presenta niveles elevados, condición asociada con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular aterosclerótica.
Sin embargo, la expresión clínica es heterogénea y no todos los individuos con Lp(a) elevada desarrollan eventos cardiovasculares.
La puntuación de calcio arterial coronario (CAC) es un método ampliamente validado para estimar riesgo cardiovascular en personas asintomáticas. No obstante, su utilidad en individuos con Lp(a) elevada sigue siendo motivo de debate, dado que esta lipoproteína parece asociarse con mayor carga de placa no calcificada.
Este estudio combinó datos de las cohortes prospectivas MESA, CARDIA, Framingham Offspring Study y Jackson Heart Study. Se incluyeron 11 319 participantes sin enfermedad cardiovascular conocida, con mediciones disponibles de Lp(a), calcio coronario y seguimiento clínico.
Los desenlaces principales fueron enfermedad coronaria incidente y enfermedad cardiovascular aterosclerótica incidente. Las asociaciones se analizaron mediante modelos de Cox ajustados por variables demográficas, factores de riesgo cardiovascular y tratamiento hipolipemiante, evaluando tanto el efecto independiente como el efecto conjunto de Lp(a) y CAC.
Durante un seguimiento medio de 14,8 años se registraron 1569 eventos de enfermedad cardiovascular aterosclerótica. El hallazgo más relevante fue que la ausencia de calcio coronario identificó un grupo con baja tasa absoluta de eventos incluso entre quienes presentaban Lp(a) elevada. En participantes con CAC igual a 0 y Lp(a) >50 mg/dL, la incidencia fue de 4,88 eventos por 1000 personas-año, frente a 3,83 por 1000 personas-año en aquellos con CAC igual a 0 y Lp(a) ≤50 mg/dL.
Aunque el riesgo relativo fue superior (HR: 1,28; IC 95 %: 1,01-1,61), el riesgo absoluto permaneció bajo a lo largo de aproximadamente 15 años de seguimiento.
Lp(a) y CAC se asociaron de manera independiente con los eventos cardiovasculares, sin evidencia de interacción significativa entre ambos marcadores (p interacción=0,798). La Lp(a) >50 mg/dL se asoció con un HR de 1,24 (IC 95 %: 1,09-1,41) para enfermedad cardiovascular aterosclerótica, mientras que la presencia de CAC mostró un HR de 2,44 (IC 95 %: 2,14-2,77). Estos resultados sugieren que ambos indicadores aportan información pronóstica complementaria y reflejan aspectos diferentes del riesgo aterosclerótico.
Estratificación del riesgo
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La combinación de CAC ≥300 y Lp(a) >50 mg/dL mostró el mayor riesgo. Al analizar conjuntamente ambos marcadores, el riesgo cardiovascular aumentó de manera progresiva con mayores niveles de calcificación coronaria. Los participantes con CAC >0 y Lp(a) >50 mg/dL presentaron un hazard ratio de 3,03 (IC 95 %: 2,52-3,64), superior al observado en aquellos con CAC >0 y Lp(a) ≤50 mg/dL (HR: 2,46; IC 95 %: 2,13-2,84). Cuando la carga cálcica alcanzó valores ≥300 unidades Agatston y coexistió con Lp(a) elevada, el hazard ratio aumentó hasta 6,12 (IC 95 %: 4,80-7,81), constituyendo el escenario de mayor riesgo observado durante el seguimiento.
Los resultados fueron consistentes al utilizar distintas categorías de CAC, percentiles de Lp(a) y puntos de corte alternativos para esta lipoproteína. Asimismo, no se identificaron interacciones significativas según edad (p=0,617) o sexo (p=0,373). Los hallazgos fueron consistentes en los análisis por edad y sexo.
Entre los participantes menores de 55 años con CAC igual a 0 y Lp(a) >50 mg/dL, la incidencia de enfermedad cardiovascular aterosclerótica fue de 3,01 eventos por 1000 personas-año, manteniéndose baja en términos absolutos. Aunque las tasas absolutas aumentaron con la edad y fueron mayores en los hombres, la dirección de las asociaciones permaneció estable en todos los grupos analizados.
Los autores señalan que la Lp(a) y el calcio coronario representan dimensiones diferentes del riesgo aterosclerótico. Mientras la Lp(a) refleja una exposición biológica determinada principalmente por factores genéticos, el CAC expresa la carga acumulada de enfermedad a lo largo de la vida. Esta diferencia conceptual ayuda a explicar por qué ambos marcadores conservaron asociación independiente con los eventos cardiovasculares y por qué su utilización conjunta permite una evaluación más completa del riesgo individual que la obtenida con cualquiera de ellos por separado.
Desde una perspectiva clínica, los resultados sugieren que la medición de Lp(a) puede aportar información pronóstica desde edades tempranas, mientras que el CAC permite refinar la evaluación del riesgo a medida que progresa la aterosclerosis. Las limitaciones del estudio incluyen su naturaleza observacional, la posibilidad de confusión residual, diferencias en la medición de Lp(a) entre cohortes y la potencial exclusión de individuos con eventos cardiovasculares prematuros previos al ingreso. Sin embargo, la consistencia de los hallazgos en múltiples análisis respalda la robustez de las asociaciones observadas.
El CAC mantuvo su utilidad para la estratificación de riesgo en individuos con Lp(a) elevada. La Lp(a) y el calcio coronario se asociaron de manera independiente con la incidencia de enfermedad cardiovascular aterosclerótica y enfermedad coronaria durante aproximadamente 15 años de seguimiento.
Aunque la elevación de Lp(a) incrementó el riesgo relativo en todos los estratos de CAC, incluidos aquellos con CAC igual a 0, la ausencia de calcificación coronaria se vinculó con bajas tasas absolutas de eventos. Estos hallazgos respaldan el uso complementario de ambos marcadores para una evaluación más precisa del riesgo cardiovascular.
Publicado el 11 de octubre de 2026
Estratificación lipídica avanzada
Lp(a) elevada: ¿qué aporta el calcio coronario en la evaluación del riesgo?
Un análisis multicohorte evaluó cómo la carga tomográfica modifica la estimación de eventos isquémicos en sujetos sin enfermedad previa.
Autor/a: Harpreet S Bhatia, Yihang Fan, Gourisree Dharmavaram, et al.
Fuente: J Am Coll Cardiol 2026 May 26;87(20):2864-2872 Harpreet S Bhatia, Yihang Fan, Gourisree Dharmavaram, et al.
Contexto y objetivos
La lipoproteína(a) [Lp(a)] es una partícula similar a las lipoproteínas de baja densidad cuya concentración está determinada principalmente por factores genéticos. Aproximadamente, el 20 % de la población presenta niveles elevados, condición asociada con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular aterosclerótica.
La puntuación de calcio arterial coronario (CAC) es un método ampliamente validado para estimar riesgo cardiovascular en personas asintomáticas. No obstante, su utilidad en individuos con Lp(a) elevada sigue siendo motivo de debate, dado que esta lipoproteína parece asociarse con mayor carga de placa no calcificada.
Metodología
Este estudio combinó datos de las cohortes prospectivas MESA, CARDIA, Framingham Offspring Study y Jackson Heart Study. Se incluyeron 11 319 participantes sin enfermedad cardiovascular conocida, con mediciones disponibles de Lp(a), calcio coronario y seguimiento clínico.
Los desenlaces principales fueron enfermedad coronaria incidente y enfermedad cardiovascular aterosclerótica incidente. Las asociaciones se analizaron mediante modelos de Cox ajustados por variables demográficas, factores de riesgo cardiovascular y tratamiento hipolipemiante, evaluando tanto el efecto independiente como el efecto conjunto de Lp(a) y CAC.
Resultados
Durante un seguimiento medio de 14,8 años se registraron 1569 eventos de enfermedad cardiovascular aterosclerótica. El hallazgo más relevante fue que la ausencia de calcio coronario identificó un grupo con baja tasa absoluta de eventos incluso entre quienes presentaban Lp(a) elevada. En participantes con CAC igual a 0 y Lp(a) >50 mg/dL, la incidencia fue de 4,88 eventos por 1000 personas-año, frente a 3,83 por 1000 personas-año en aquellos con CAC igual a 0 y Lp(a) ≤50 mg/dL.
Aunque el riesgo relativo fue superior (HR: 1,28; IC 95 %: 1,01-1,61), el riesgo absoluto permaneció bajo a lo largo de aproximadamente 15 años de seguimiento.
Lp(a) y CAC se asociaron de manera independiente con los eventos cardiovasculares, sin evidencia de interacción significativa entre ambos marcadores (p interacción=0,798). La Lp(a) >50 mg/dL se asoció con un HR de 1,24 (IC 95 %: 1,09-1,41) para enfermedad cardiovascular aterosclerótica, mientras que la presencia de CAC mostró un HR de 2,44 (IC 95 %: 2,14-2,77). Estos resultados sugieren que ambos indicadores aportan información pronóstica complementaria y reflejan aspectos diferentes del riesgo aterosclerótico.
Estratificación del riesgo
La combinación de CAC ≥300 y Lp(a) >50 mg/dL mostró el mayor riesgo. Al analizar conjuntamente ambos marcadores, el riesgo cardiovascular aumentó de manera progresiva con mayores niveles de calcificación coronaria. Los participantes con CAC >0 y Lp(a) >50 mg/dL presentaron un hazard ratio de 3,03 (IC 95 %: 2,52-3,64), superior al observado en aquellos con CAC >0 y Lp(a) ≤50 mg/dL (HR: 2,46; IC 95 %: 2,13-2,84). Cuando la carga cálcica alcanzó valores ≥300 unidades Agatston y coexistió con Lp(a) elevada, el hazard ratio aumentó hasta 6,12 (IC 95 %: 4,80-7,81), constituyendo el escenario de mayor riesgo observado durante el seguimiento.
Los resultados fueron consistentes al utilizar distintas categorías de CAC, percentiles de Lp(a) y puntos de corte alternativos para esta lipoproteína. Asimismo, no se identificaron interacciones significativas según edad (p=0,617) o sexo (p=0,373). Los hallazgos fueron consistentes en los análisis por edad y sexo.
Entre los participantes menores de 55 años con CAC igual a 0 y Lp(a) >50 mg/dL, la incidencia de enfermedad cardiovascular aterosclerótica fue de 3,01 eventos por 1000 personas-año, manteniéndose baja en términos absolutos. Aunque las tasas absolutas aumentaron con la edad y fueron mayores en los hombres, la dirección de las asociaciones permaneció estable en todos los grupos analizados.
Los autores señalan que la Lp(a) y el calcio coronario representan dimensiones diferentes del riesgo aterosclerótico. Mientras la Lp(a) refleja una exposición biológica determinada principalmente por factores genéticos, el CAC expresa la carga acumulada de enfermedad a lo largo de la vida. Esta diferencia conceptual ayuda a explicar por qué ambos marcadores conservaron asociación independiente con los eventos cardiovasculares y por qué su utilización conjunta permite una evaluación más completa del riesgo individual que la obtenida con cualquiera de ellos por separado.
Desde una perspectiva clínica, los resultados sugieren que la medición de Lp(a) puede aportar información pronóstica desde edades tempranas, mientras que el CAC permite refinar la evaluación del riesgo a medida que progresa la aterosclerosis. Las limitaciones del estudio incluyen su naturaleza observacional, la posibilidad de confusión residual, diferencias en la medición de Lp(a) entre cohortes y la potencial exclusión de individuos con eventos cardiovasculares prematuros previos al ingreso. Sin embargo, la consistencia de los hallazgos en múltiples análisis respalda la robustez de las asociaciones observadas.
Conclusiones
El CAC mantuvo su utilidad para la estratificación de riesgo en individuos con Lp(a) elevada. La Lp(a) y el calcio coronario se asociaron de manera independiente con la incidencia de enfermedad cardiovascular aterosclerótica y enfermedad coronaria durante aproximadamente 15 años de seguimiento.
Aunque la elevación de Lp(a) incrementó el riesgo relativo en todos los estratos de CAC, incluidos aquellos con CAC igual a 0, la ausencia de calcificación coronaria se vinculó con bajas tasas absolutas de eventos. Estos hallazgos respaldan el uso complementario de ambos marcadores para una evaluación más precisa del riesgo cardiovascular.