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Publicado el 7 de septiembre de 2025

Con comentario de autor experto

Antitiroideos y agranulocitosis: la importancia de la dosis

El Dr. Luis Agustín Ramírez Stieben explica por qué la definición de una dosis óptima en el tratamiento del hipertiroidismo contribuye a la seguridad del paciente.

Autor/a: Ramírez Stieben LA, Brun LR, Nasazzi Doddi P, Brance ML.

Fuente: Endocrine. 2025 Aug 1. Antithyroid drugs and the dose-risk balance: a meta-analysis on agranulocytosis in hyperthyroidism

La agranulocitosis inducida por drogas es una complicación poco frecuente, pero de gran impacto clínico. En el caso de los antitiroideos —tratamiento habitual del hipertiroidismo, junto con la cirugía y el yodo radioactivo—, esta reacción adversa puede presentarse en 0,2–0,5 % de los pacientes y conllevar un alto riesgo de infección grave y mortalidad.

Los dos fármacos más empleados son el metimazol (MMI) y el propiltiouracilo (PTU). Ambos son efectivos para controlar el exceso de hormonas tiroideas, pero desde hace décadas persiste la incertidumbre sobre cuál de ellos ofrece un mejor perfil de seguridad. Además, en el caso del MMI, existía la sospecha de que las dosis más altas podrían asociarse a un mayor riesgo de agranulocitosis, aunque la evidencia era limitada y en muchos casos contradictoria.

Con el objetivo de aportar mayor claridad, realizamos una revisión sistemática y metanálisis que incluyó 13 estudios clínicos con un total de 76 750 pacientes y 313 casos de agranulocitosis. La búsqueda bibliográfica abarcó hasta marzo de 2025 y siguió un protocolo previamente registrado en PROSPERO.

Principales hallazgos

Comparación entre drogas: no se hallaron diferencias significativas en el riesgo de agranulocitosis entre pacientes tratados con MMI y aquellos tratados con PTU (OR 0,87; IC 95 % 0,40–1,88).

Efecto de la dosis de MMI: en el análisis por subgrupos, los pacientes que recibieron menos de 30 mg/día de MMI presentaron un riesgo mucho menor de desarrollar agranulocitosis en comparación con quienes recibieron dosis iguales o superiores a 30 mg/día (OR 0,34; IC 95 % 0,22–0,54).

La heterogeneidad fue elevada en la comparación entre drogas, pero prácticamente nula en el análisis por dosis, lo que refuerza la consistencia de este último resultado.

Implicancias clínicas

Estos hallazgos confirman que, más allá de la elección entre MMI y PTU, la dosis inicial de MMI es un determinante clave del riesgo de toxicidad hematológica. El uso de dosis más bajas —10 a 15 mg/día en la mayoría de los pacientes con enfermedad de Graves— se asocia a un perfil de seguridad superior, sin pérdida significativa de eficacia en el control del hipertiroidismo.

Además, el estudio pone de relieve la importancia de contar con protocolos de vigilancia clínica, particularmente en los primeros tres meses de tratamiento, período en el cual suelen manifestarse la mayoría de los casos de agranulocitosis.

Conclusión

Nuestro metanálisis aporta evidencia sólida de que no existe un riesgo diferencial entre MMI y PTU, pero sí una relación dosis–respuesta en el caso del MMI, con un incremento marcado del riesgo cuando se utilizan dosis altas (≥30 mg/día). Estos resultados refuerzan la recomendación de iniciar con la dosis más baja posible de MMI y ajustar según la evolución clínica y bioquímica.

En definitiva, se trata de un dato relevante para la práctica diaria: elegir bien la dosis no solo impacta en la eficacia del tratamiento, sino también en la seguridad de los pacientes.

 

Comentario experto a cargo del Dr. Luis Agustín Ramírez Stieben*

La agranulocitosis sigue siendo un efecto adverso temido en el tratamiento antitiroideo, porque puede presentarse de manera brusca y sin síntomas premonitorios claros. Este metanálisis aporta un mensaje clínico contundente: no parece haber diferencias relevantes entre MMI y PTU en términos de riesgo global, pero sí una clara relación dosis–respuesta con el MMI. En la práctica, esto significa que iniciar con dosis bajas de MMI (10–15 mg/día) no solo es suficiente para controlar la mayoría de los casos de hipertiroidismo, sino que además reduce de manera significativa la probabilidad de agranulocitosis. Las dosis más altas deberían reservarse para situaciones muy seleccionadas, y siempre con un plan de ajuste temprano.

El estudio también nos recuerda la importancia de la educación al paciente: ante fiebre, odinofagia o síntomas infecciosos, la indicación inmediata de suspender la medicación y realizar un hemograma puede salvar vidas.

En conclusión, la lección práctica es clara: en el manejo de los antitiroideos, menos puede ser más, y la seguridad de los pacientes depende tanto de la dosis que indicamos como del seguimiento clínico que garantizamos.


 *Especialista en Endocrinología, presidente de la Federación Argentina de Sociedades de Endocrinología (FASEN) y coordinador de la Unidad de Tiroides y Paratiroides del Grupo Gamma (Rosario).