El modelo actual de la vida convencional cuestiona poco o nada las cosas y
las acciones, hay belicosidad y cinismo, , necesidad de manifestarse con
rebelión, no encuentra un ideal, un guía, un líder, ama la música rock,
enfrenta a los padres, maestros y profesores, pueden pasar y hacer de todo
sin compromiso, buscan sin encontrar la utopía, la libertad interior y una
conciencia superior, consumen ácido porque ya no tienen la exaltación
religiosa, viven en comunidad con cánticos y rituales, carecen de
emociones profundas de ningún tipo, viven aturdidos con impaciencia para
ejercer sus apetitos, están entregados a la doctrina y objetivos del grupo,
hay vacío de todo sentimiento, hay desorientación y confusión, su vida
interior está detenida, pierden la conciencia de su propia identidad, viven el
momento en el presente, son algo felices con el acid rock, los festivales, el
amor libre y el fumar hierba. Son una multitud anclada en los años sesenta.
En las actuales circunstancias por la que atraviesa nuestro país tal vez no
haya otra lectura del estado de nuestra sociedad, dada nuestra antigua
experiencia, de que está enferma. La vulnerabilidad del hombre sigue lo
más campante. El círculo vicioso se cierra casi siempre, porque en realidad
lo que puede estar enfermo es el ser humano y también la sociedad que lo
contiene y que actúa sobre el hombre y sobre sus conceptos culturales.