VISIÓN INTEGRAL DE LA SALUD
La distinción entre enfermedades físicas y trastornos mentales persiste en gran medida por razones históricas y culturales más que científicas. Durante siglos predominó una visión dualista que concebía a la mente y al cuerpo como entidades separadas. Sin embargo, la evidencia acumulada en neurociencia, psiconeuroinmunología y medicina psicosomática demuestra que ambas dimensiones son biológicamente inseparables.
Los trastornos mentales se asocian con alteraciones neuroendocrinas, inflamatorias e inmunológicas objetivables, mientras que numerosas enfermedades médicas presentan repercusiones cognitivas, emocionales y conductuales. La depresión, por ejemplo, aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular, y las patologías crónicas incrementan la incidencia de ansiedad y depresión.
La Organización Mundial de la Salud define la salud como un estado de bienestar físico, mental y social, reconociendo que estas dimensiones interactúan de manera permanente. En consecuencia, la división entre salud física y salud mental resulta cada vez menos compatible con el conocimiento científico actual.
Comprender al ser humano de forma integral no constituye una postura filosófica sino una necesidad clínica. La atención centrada en la persona, basada en el modelo biopsicosocial, permite interpretar la enfermedad como el resultado de procesos biológicos, psicológicos y sociales interdependientes, favoreciendo diagnósticos más precisos y mejores resultados terapéuticos.