La Ternura según Fernando Ulloa
Para Fernando Ulloa, la ternura no es sentimentalismo ni debilidad: es una construcción ética y sociocultural que participa en la constitución del sujeto. En “Cuando fracasa la ternura”, la vincula con la empatía, el miramiento y el buen trato, entendidos como condiciones que permiten reconocer al otro como sujeto y favorecer su autonomía.
Esta perspectiva adquiere especial relevancia en Medicina. El paciente llega a la consulta atravesado por enfermedad, incertidumbre y vulnerabilidad. La competencia científica resulta indispensable, pero no agota el acto clínico: escuchar, considerar la singularidad, explicar sin humillar y respetar la capacidad de decidir son formas concretas de buen trato. La ternura, así entendida, no sustituye al conocimiento técnico; lo humaniza.
Ulloa contrapone la ternura a la crueldad y a las situaciones de mortificación, donde el otro puede quedar reducido a objeto. En una práctica sanitaria sometida a la presión asistencial, la tecnología y la burocratización, esta advertencia conserva plena vigencia. Humanizar la atención no implica abandonar la rigurosidad, sino incorporar una ética del cuidado capaz de sostener la dignidad.
Desde esta perspectiva, la ternura puede pensarse como una competencia relacional de la práctica médica: una forma de cuidar que protege la subjetividad del paciente y, al mismo tiempo, devuelve sentido humano al ejercicio profesional.