Hablar de dinero en salud mental siempre es complejo, pero les traigo una reflexión.
Volviendo a mis orígenes y hablando de lo que significa emprender y abrir un consultorio privado, me encuentro en un dilema. Un paciente ha faltado con frecuencia a las citas: siempre las confirma y después me deja sentado esperándolo. Por política personal, nunca he cobrado un adelanto para reservar la cita ni he exigido el pago antes de que se dé. Lo pienso así porque, al final del día, no se ha prestado el servicio, entonces, ¿qué se está cobrando en realidad?
Sin embargo, ahora, pensando como empresario, estos son espacios que se quedan sin ganancias e incluso generan pérdidas, ya que se pierde el espacio, pero se sigue pagando el consultorio, la secretaria, el servicio de historia clínica, etc.
Como médico y como humano, puedo entender que hay situaciones que se salen de nuestras manos y nos hacen faltar a las citas. Pero cuando llegan las cuentas, esas ausencias nos causan más angustia y nos ponen a buscar cómo completar los pagos. ¿Qué opinan ustedes? ¿Es mejor cobrar antes o cobrar después de que se dé la cita?