Han pasado ocho días desde el terremoto que sacudió Colombia. La ayuda que se necesita hoy es comida y techo. En esta fase el comportamiento se ordena alrededor de lo urgente: conseguir agua, proteger a los propios, encontrar a los que faltan. Es adaptativo y funciona.
El problema aparece después. Cuando lo urgente empieza a resolverse y la vida recupera algo de estructura, la pérdida deja de ser una emergencia y empieza a ser un hecho. Ahí es donde llega la consulta.
Algunas cosas que tendremos que tener en cuenta en los próximos meses:
Culpa del sobreviviente.
Desregulación emocional.
Exacerbación de lo que ya existía.
Sin embargo también recordemos que la respuesta más frecuente a un evento potencialmente traumático no es el trastorno, es la resiliencia. Eso importa clínicamente: quien a la semana está tranquilo no está necesariamente negando ni conteniendo una bomba de tiempo. Muchas veces está bien.
En la pandemia vimos la forma de esta curva: en 2020 la prevalencia global de depresión mayor aumentó 27,6% y la de ansiedad 25,6%. No es el mismo tipo de evento —una pandemia es un estresor difuso y prolongado— pero la lección de servicios se transfiere: la demanda llega tarde y llega grande.
La reconstrucción de una ciudad se mide en años. La de sus habitantes también. Preparémonos para eso, no solo para esta semana.