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Diego Huberto Picchio

10 de febrero de 2026

Del colesterol a la biología de la placa: un cambio de foco necesario

Durante décadas, el colesterol LDL ocupó un lugar central en la explicación y el tratamiento de la aterosclerosis.Su rol como condición necesaria para el inicio del proceso está sólidamente demostrado y reducir LDL reduce eventos. Sin embargo, una pregunta comienza a emerger¿estamos tratando el mecanismo dominante en el estadio biológico correcto de la enfermedad?

La aterosclerosis no es un evento aislado, sino un proceso dinámico. En sus etapas iniciales, el LDL y la ApoB son protagonistas indiscutidos: entrada subendotelial, retención y activación inflamatoria temprana. Allí, la estrategia hipolipemiante es lógica y eficaz. Pero a medida que la enfermedad progresa, el escenario cambia. La placa deja de ser un simple depósito de lípidos y se convierte en un tejido vivo, gobernado por inflamación local, remodelado de matriz extracelular y plasticidad celular. En este contexto, la vulnerabilidad de la placa, pasa a ser el determinante del evento.

Aquí resulta clave distinguir condición necesaria de causa primaria. El LDL es un actor obligado por su estructura, pero no decide su destino. Son el medio vascular, el endotelio, los macrófagos y la célula muscular lisa los verdaderos vectores del daño. Tratar solo al “pasajero” cuando el “conductor” domina la escena puede ser insuficiente.

Esto no implica abandonar el paradigma lipídico, sino reubicarlo. Bajar LDL sigue siendo necesario, pero probablemente no alcance.

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VALOR DIAGNÓSTICO DEL COCIENTE T3L/T4L EN EL SME de ALLAN-HERNDON-DUDLEY El déficit del transportador de hormonas tiroideas MCT8 ( Sme de Allan-Herndon-Dudley) , es una enfermedad rara ligada al cromosoma X causada por mutaciones en el gen SLC16A2. Combina un fenotipo neurológico grave con un perfil bioquímico característico. Dado que MCT8 es esencial para el transporte intracelular de T3 , especialmente a nivel del SNC, su disfunción genera una disociación entre el estado tiroideo periférico y cerebral . Clínicamente, los pacientes presentan hipertiroidismo periférico coexistiendo con hipotiroidismo cerebral . Desde el punto de vista bioquímico, el hallazgo más consistente es la elevación de T3 , con T4 baja o normal-baja y TSH normal o discretamente elevada , resultando en un cociente T3/T4 marcadamente aumentado . El diagnóstico suele retrasarse debido a la variabilidad clínica y a la interpretación aislada de las pruebas tiroideas. El trabajo de Laaraje et al. ( Journal of Pediatric Endocrinology and Metabolism , 2026) destaca el cociente T3/T4 como un marcador bioquímico simple, reproducible y de alto valor diagnóstico , capaz de diferenciar a los pacientes con mutaciones en MCT8 de otras alteraciones tiroideas. El reconocimiento temprano de este patrón bioquímico permite orientar precozmente la sospecha diagnóstica , facilitar la indicación de estudios confirmatorios , optimizar el asesoramiento familiar y considerar de manera temprana estrategias terapéuticas emergentes .

🎯“Si gasto más y como lo mismo, bajo de peso; si como menos y gasto lo mismo, bajo de peso. ” NO ES TAN SIMPLE.. Durante décadas, el abordaje del ejercicio y del peso corporal se sostuvo sobre una premisa aparentemente indiscutible: a mayor actividad física y menor ingesta calórica, mayor pérdida de peso. El trabajo recientemente publicado en Current Biology obliga a revisar esta visión al consolidar el modelo de gasto energético total constreñido, según el cual el organismo humano opera dentro de un presupuesto energético relativamente estable y responde activamente a los cambios en la demanda. La principal novedad del trabajo no es negar el balance energético, sino demostrar que el gasto no es una variable pasiva ni estrictamente aditiva. Frente al aumento sostenido de la actividad física, especialmente aeróbica, el organismo compensa reduciendo el gasto en otros sistemas, como inflamación basal, actividad espontánea o ejes endocrinos generando una meseta del gasto energético total. En este contexto, moverse más no implica necesariamente gastar más en el largo plazo. Un hallazgo clave es que no todos los ejercicios inducen la misma respuesta. El entrenamiento aeróbico sostenido es interpretado como una demanda crónica y promueve una compensación metabólica marcada. En cambio, el ejercicio de fuerza emite una señal diferente: la necesidad de capacidad estructural. El aumento o preservación de masa muscular impone un costo energético menos negociable y limita la compensación.

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