Noticias médicas

Publicado el 24 de febrero de 2002

Uno de cada tres médicos fuma

Lo revela un sondeo anónimo hecho en toda la Argentina.

Fuente: La Nación

¿Quién mejor que un médico para saber lo que hace el cigarrillo? Sin embargo, aquellos que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), deberían asumir el papel de modelo de no fumador ante la comunidad, también caen bajo las garras del tabaco.

"Uno de cada tres médicos argentinos fuma, y sin distinción de edad, sexo, ámbito laboral o posición", afirma Carlos Alberto Paterno, presidente de la Sociedad de Cardiología de Buenos Aires, que integra la Federación Argentina de Cardiología.

Junto con un colega salteño, Carlos Cúneo, Paterno realizó un trabajo de investigación,"Primera encuesta nacional anónima tabaco y médicos" (TYM), publicado durante el Primer Congreso de Cardiología Virtual, entre 1999 y 2000, organizado por la Argentina y que contó con la participación de casi un centenar de países.

"Cúneo había detectado casi un 40% de médicos fumadores en Salta -recuerda Paterno-, y estaba muy preocupado. La encuesta anónima que hicimos durante 1998 sobre 1519 casos representativos de todo el país, con una edad promedio de 43 años y entre 1028 varones y 476 mujeres, dio como resultado que un 31% fumaba. En tanto lo hacía el 29% de los médicos hombres, proporcionalmente fumaban más mujeres, el 33% de las médicas.

“Esto demuestra, al igual que cuando realizamos el estudio de Factores de Riesgo Coronario en los Adolescentes (Fricela), que cuando la mujer fuma su dependencia hacia el tabaco es mayor, pese a que su resistencia es mucho menor que la que muestran los hombres frente a los cilindros de tabaco: 20 cigarrillos fumados por una mujer dañan lo mismo que 40 en un varón.”

Por otra parte, especificó Paterno, el porcentaje de médicos fumadores es muy cercano al de la población general que fuma, “que no es menor del 35 por ciento”.

Médicos en riesgo

La información recabada muestra, además, que el 27% de los médicos encuestados había sido fumador y abandonó el hábito, en tanto que nunca había fumado el 42% de la muestra.

“El 11% de los que fuman lo hacían delante de los pacientes –explicó el doctor Paterno–, y una proporción mucho mayor, el 73%, fuma delante de su familia. También pudo determinarse que entre los fumadores había más sedentarios, menor preocupación por cuidar el peso corporal, una mayor y más frecuente ingesta de alcohol, junto con un número superior de casos de hipertensión y diabetes.”

Los expertos dicen que fumar o no fumar no sólo es cuestión de suerte: también es decisiva la influencia que cada individuo recibe en el seno de su familia.

“Y en este caso se cumple la regla también –dijo el cardiólogo–, porque una gran mayoría de los médicos fumadores encuestados en el estudio de la Federación Cardiológica Argentina tenían uno o ambos padres fumadores. Y ellos continúan en la misma senda, al estar menos preocupados que los no fumadores por el tabaquismo de los hijos. Además, los chicos aprenden a través de los actos, no de las recomendaciones. Así como ven al padre manejar un auto y les parecerá natural manejar uno a ellos cuando sean grandes, igual razonamiento harán cuando desde pequeños vieron al padre o a la madre fumar.”

Y si de hijos se trata, tal vez uno de los pasajes más dramáticos que figuran en la encuesta viene a cuenta de la proporción de médicas embarazadas que, a pesar de estarlo, no dejaron de fumar mientras se encontraban en la dulce espera de su bebe.

Un ejemplo al revés

El cardiólogo indicó que la encuesta indagó acerca de la cantidad de médicas que, aun embarazadas, habían continuado fumando. “El 19% de ellas lo había hecho, aun en este período –dijo Paterno–. Y también una importante proporción (el 11%) fumaba en forma simultánea con la ingesta de anticonceptivos orales, algo no recomendado porque aumenta el riesgo de producir trombosis, que puede terminar en ataque cardíaco o cerebral.”

No hace falta investigar demasiado para saber que un médico fumador no tendrá la misma capacidad de persuasión ni de eficacia sobre sus pacientes en relación con el tabaquismo que aquel que no fuma. “Si el paciente ve o sabe que su propio médico tiene el hábito –dice Paterno–, obviamente sentirá que su verdad en contra del cigarrillo no es tan fuerte. Además, está probado que los médicos fumadores dedican menos tiempo y esfuerzo a que sus pacientes dejen de fumar. Por eso les importa menos también que fumen sus propios hijos.”

Prohibido prohibir

¿Qué hacer con estos médicos?

Paterno está completamente en contra de las prohibiciones. “Eso de llenar de carteles con prohibido es autoritario y no sirve para nada –dice–. Creo que en esto deberían unirse el Ministerio de Salud, el de Educación y las principales sociedades científicas del país para comenzar con programas dentro del ámbito del ejercicio de la medicina. Ayudar a quienes tienen que dejar y evitar que nuevas generaciones comiencen.”

El doctor Paterno dice que, si bien no mucho, mínimamente se avanzó: atrás quedaron los días (no tan lejanos) en que en pleno congreso de cardiólogos los médicos iban y venían de aquí para allá con su cigarrillo encendido. “Ahora se les asigna un lugar para fumar, y va el que lo necesita”, afirma como resignado el especialista.

Paterno, que destina gran parte de sus esfuerzos a luchar contra los perniciosos efectos del cigarrillo, admite sin embargo que tratar con colegas no siempre es fácil. “El médico es un paciente difícil, es menos disciplinado y cumplidor –admite–. Sin embargo, entiende perfectamente bien lo que hace y tiene una gran lucha interior que habría que aprovechar. Por eso sería imperioso tener centros especializados para que médicos fumadores dejen de fumar. Es que los buenos ejemplos, aunque más lentos, también contaminan... ”