Una de cada dos personas precisará a lo largo de su vida asistencia por algún tipo de enfemedad mental. Pero los pacientes sufren una estigmatización social que dificulta el tratamiento precoz y las políticas sanitarias, según representantes de la Organización Mundial de la Salud y de la Asociación Mundial de Psiquiatría.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y los especialistas en este tipo de trastornos mostraron su preocupación por la discriminación del enfermo mental, en el congreso internacional de la Asociación Mundial de Psiquiatrías (WPA) que se celebró recientemente en Madrid. "Estamos preocupados por el aumento de casos. Las enfermedades mentales representan el 12,5 por ciento de todas las patologías, un porcentaje superior al del cáncer y los trastornos cardiovasculares", dijo Benedetto Saraceno, máximo responsable en la OMS para este tipo de enfermedades.
"La depresión es hoy la primera causa de discapacidad y aunque existen tratamientos que no son excesivamente caros, menos del 25 por ciento de los afectados es diagnosticado y tratado correctamente en los países occidentales. No sólo es un problema de naciones pobres", precisa Saraceno. La OMS centró este año su Día Mundial de la Salud en las enfermedades mentales porque, según Saraceno, "queremos avisar de que este es un gran problema de salud pública. Se puede hacer mucho para que esta situación termine, pero fracasaremos sin políticas de salud mental sensibles al estigma y la discriminación social del enfermo".
"En Europa, este estigma es el principal obstáculo para el tratamiento precoz", apostilla Wolfgang Rutts, del comité regional de la OMS. En sociedades en transición, como las de Europa del Este, el problema se traduce en un aumento de la mortalidad a edades tempranas por suicidios, intoxicaciones y conductas de riesgo. En Europa occidental, el estrés es el factor fundamental, añade Rutts. Los suicidios aumentan entre ancianos de Francia y Alemania y entre las mujeres escandinavas. Son problemas de nuevo cuño impulsados por veloces cambios sociales en todo el mundo, según el psiquiatra marroquí Driss Moussauoi, uno de los especialistas de mayor prestigio en el mundo árabe. Los países más ricos se adaptan mejor a los cambios sociales, pero los pobres son más vulnerables, añade Moussauoi, que cita la situación originada por el colapso socioeconómico de la URSS.
Además de tener una incidencia global, "los trastornos mentales son muy frecuentes. Una de cada cuatro personas necesitará tratamiento en algún momento de su vida. Y los últimos estudios apuntan que lo precisará una de cada dos. No hay familia en el mundo sin un miembro afectado. Esta tendencia aumentará en el futuro", apostilla Moussauoi. "Son enfermedades muy destructivas, aunque tratables. Los pacientes merecen el mayor respeto", subraya. Este estigma afecta incluso a los propios profesionales de la psiquiatría, considerados socialmente personas peculiares y extrañas, apunta el suizo Norman Sartorius, responsable en la WPA de un programa iniciado en 1996 para luchar contra el estigma de la enfermedad mental. Veinte países, incluida España, colaboran en este proyecto.