Los trastornos mentales se relacionan con una mayor carga de enfermedad cardiovascular. Cerca de uno de cada cinco pacientes hospitalizados por un síndrome coronario agudo cumple criterios diagnósticos de depresión, y una proporción aún mayor presenta síntomas subclínicos.
La Asociación Americana del Corazón reconoce a la depresión como un predictor de eventos cardíacos no fatales y un factor pronóstico relevante. También se han estudiado el trastorno bipolar, el trastorno por estrés postraumático, los trastornos psicóticos, las alteraciones del sueño y los trastornos por consumo de sustancias.
Parte del vínculo puede explicarse por factores vasculares tradicionales, menor acceso o adherencia a la atención, efectos metabólicos de algunos psicofármacos y conductas como el tabaquismo o la inactividad física. También se proponen mecanismos biológicos compartidos, entre ellos inflamación, estrés oxidativo, disfunción vascular, respuesta exagerada al estrés y predisposición genética. Sin embargo, la contribución de cada vía todavía no está bien definida.
Esta revisión sistemática y metaanálisis evaluó la asociación entre diagnósticos psiquiátricos establecidos mediante la Clasificación Internacional de Enfermedades o el DSM y la aparición de síndrome coronario agudo.
Las señales más consistentes
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La revisión incluyó 25 estudios, sobre todo cohortes retrospectivas. La mediana de edad fue de 48 años y el 59,1 % de los participantes eran varones. Ansiedad, depresión y consumo de sustancias fueron los diagnósticos más estudiados; el infarto agudo de miocardio, el desenlace principal.
Las asociaciones más claras se observaron para los trastornos depresivos y de ansiedad. También se registró una mayor incidencia de eventos en personas con trastorno por estrés postraumático, alteraciones del sueño o trastornos por consumo de sustancias.
En cambio, los estudios disponibles no mostraron una asociación estadísticamente significativa del trastorno bipolar o los trastornos psicóticos con el infarto. La enfermedad mental grave tampoco se relacionó con un mayor riesgo de reinfarto. Estos resultados negativos deben leerse con cautela: hubo pocos estudios por diagnóstico y diferencias importantes entre poblaciones, seguimientos y variables de ajuste.
Cómo interpretar los hallazgos
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La depresión y la ansiedad concentraron la mayor parte de la evidencia y mostraron las asociaciones más estables. Ambas pueden coexistir con tabaquismo, menor actividad física, dificultades para sostener tratamientos y mayor prevalencia de factores cardiometabólicos. Los cambios en el eje del estrés, la inflamación y la función vascular ofrecen explicaciones plausibles, aunque el diseño observacional de los estudios no permite establecer causalidad.
El trastorno por estrés postraumático y las alteraciones del sueño también presentaron señales relevantes. La privación de sueño se asocia con peor control glucémico, mayor activación simpática y estrés oxidativo, mecanismos que podrían contribuir al riesgo coronario. Además, los síntomas del sueño suelen quedar subregistrados en la atención primaria. Estudios prospectivos deberán precisar si actúan como mediadores o como marcadores de otros factores.
La ausencia de una asociación significativa para el trastorno bipolar y los trastornos psicóticos no descarta un vínculo clínico. Las muestras fueron heterogéneas y, en algunos trabajos, relativamente jóvenes. A su vez, el ajuste simultáneo por factores vasculares y uso de antipsicóticos puede atenuar una relación real, porque ambas variables forman parte de la posible cadena causal.
La evaluación clínica también puede verse afectada por dos fenómenos opuestos. Las personas con depresión o ansiedad pueden consultar más por síntomas físicos, lo que favorece la investigación diagnóstica. En la esquizofrenia y el trastorno bipolar, en cambio, el eclipsamiento diagnóstico puede llevar a atribuir molestias somáticas al cuadro psiquiátrico y retrasar el estudio cardiovascular. Los datos no justifican algoritmos diagnósticos distintos, pero sí una atención libre de sesgos.
Fortalezas y limitaciones
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La inclusión de grandes cohortes y estimaciones ajustadas fortalece la dirección general de los resultados. No obstante, los estudios difirieron en población, duración del seguimiento, definición de los diagnósticos, tipo de evento coronario y variables consideradas. El uso predominante de códigos administrativos también pudo introducir errores de clasificación. Por esa heterogeneidad y por el bajo número de trabajos para algunos trastornos, las estimaciones no deben interpretarse como una medida única y definitiva del riesgo.
Los trastornos depresivos, de ansiedad, por estrés postraumático y del sueño se asociaron con una mayor incidencia de síndrome coronario agudo. Para el trastorno bipolar y los trastornos psicóticos, la evidencia fue insuficiente para confirmar una asociación, pero tampoco permite descartarla.
La relación parece involucrar factores vasculares, conductuales, farmacológicos y biológicos. En la práctica, los hallazgos respaldan la evaluación de la salud mental dentro de la atención cardiovascular y el control activo de los factores modificables, sin asumir que los síntomas físicos son consecuencia del diagnóstico psiquiátrico. Integrar ambas dimensiones puede mejorar la detección y el seguimiento, aunque todavía se necesitan estudios prospectivos que definan qué intervenciones modifican los desenlaces.
Publicado el 14 de septiembre de 2026
Psiquiatría y riesgo vascular
Trastornos mentales y síndrome coronario agudo
Una revisión sistemática halló una asociación entre distintos diagnósticos y una mayor incidencia de eventos isquémicos. El análisis examina los posibles mecanismos y sus implicancias clínicas.
Autor/a: Arnav Gupta, Tushar Tejpal, Chanhee Seo, Nicholas Fabiano, Selina Zhao, Stanley Wong, Yuan Qiu, Jenna MacNeil, Dain R. Kim, Natasha Aleksova, Sara Siddiqi, Marco Solmi, Jess G. Fiedorowicz
Fuente: JAMA Psychiatry 14 de enero de 2026 Mental Disorders as a Risk Factor of Acute Coronary Syndrome: A Systematic Review and Meta-Analysis
Introducción
Los trastornos mentales se relacionan con una mayor carga de enfermedad cardiovascular. Cerca de uno de cada cinco pacientes hospitalizados por un síndrome coronario agudo cumple criterios diagnósticos de depresión, y una proporción aún mayor presenta síntomas subclínicos.
La Asociación Americana del Corazón reconoce a la depresión como un predictor de eventos cardíacos no fatales y un factor pronóstico relevante. También se han estudiado el trastorno bipolar, el trastorno por estrés postraumático, los trastornos psicóticos, las alteraciones del sueño y los trastornos por consumo de sustancias.
Parte del vínculo puede explicarse por factores vasculares tradicionales, menor acceso o adherencia a la atención, efectos metabólicos de algunos psicofármacos y conductas como el tabaquismo o la inactividad física. También se proponen mecanismos biológicos compartidos, entre ellos inflamación, estrés oxidativo, disfunción vascular, respuesta exagerada al estrés y predisposición genética. Sin embargo, la contribución de cada vía todavía no está bien definida.
Esta revisión sistemática y metaanálisis evaluó la asociación entre diagnósticos psiquiátricos establecidos mediante la Clasificación Internacional de Enfermedades o el DSM y la aparición de síndrome coronario agudo.
Las señales más consistentes
La revisión incluyó 25 estudios, sobre todo cohortes retrospectivas. La mediana de edad fue de 48 años y el 59,1 % de los participantes eran varones. Ansiedad, depresión y consumo de sustancias fueron los diagnósticos más estudiados; el infarto agudo de miocardio, el desenlace principal.
Las asociaciones más claras se observaron para los trastornos depresivos y de ansiedad. También se registró una mayor incidencia de eventos en personas con trastorno por estrés postraumático, alteraciones del sueño o trastornos por consumo de sustancias.
En cambio, los estudios disponibles no mostraron una asociación estadísticamente significativa del trastorno bipolar o los trastornos psicóticos con el infarto. La enfermedad mental grave tampoco se relacionó con un mayor riesgo de reinfarto. Estos resultados negativos deben leerse con cautela: hubo pocos estudios por diagnóstico y diferencias importantes entre poblaciones, seguimientos y variables de ajuste.
Cómo interpretar los hallazgos
La depresión y la ansiedad concentraron la mayor parte de la evidencia y mostraron las asociaciones más estables. Ambas pueden coexistir con tabaquismo, menor actividad física, dificultades para sostener tratamientos y mayor prevalencia de factores cardiometabólicos. Los cambios en el eje del estrés, la inflamación y la función vascular ofrecen explicaciones plausibles, aunque el diseño observacional de los estudios no permite establecer causalidad.
El trastorno por estrés postraumático y las alteraciones del sueño también presentaron señales relevantes. La privación de sueño se asocia con peor control glucémico, mayor activación simpática y estrés oxidativo, mecanismos que podrían contribuir al riesgo coronario. Además, los síntomas del sueño suelen quedar subregistrados en la atención primaria. Estudios prospectivos deberán precisar si actúan como mediadores o como marcadores de otros factores.
La ausencia de una asociación significativa para el trastorno bipolar y los trastornos psicóticos no descarta un vínculo clínico. Las muestras fueron heterogéneas y, en algunos trabajos, relativamente jóvenes. A su vez, el ajuste simultáneo por factores vasculares y uso de antipsicóticos puede atenuar una relación real, porque ambas variables forman parte de la posible cadena causal.
La evaluación clínica también puede verse afectada por dos fenómenos opuestos. Las personas con depresión o ansiedad pueden consultar más por síntomas físicos, lo que favorece la investigación diagnóstica. En la esquizofrenia y el trastorno bipolar, en cambio, el eclipsamiento diagnóstico puede llevar a atribuir molestias somáticas al cuadro psiquiátrico y retrasar el estudio cardiovascular. Los datos no justifican algoritmos diagnósticos distintos, pero sí una atención libre de sesgos.
Fortalezas y limitaciones
La inclusión de grandes cohortes y estimaciones ajustadas fortalece la dirección general de los resultados. No obstante, los estudios difirieron en población, duración del seguimiento, definición de los diagnósticos, tipo de evento coronario y variables consideradas. El uso predominante de códigos administrativos también pudo introducir errores de clasificación. Por esa heterogeneidad y por el bajo número de trabajos para algunos trastornos, las estimaciones no deben interpretarse como una medida única y definitiva del riesgo.
Conclusiones
Los trastornos depresivos, de ansiedad, por estrés postraumático y del sueño se asociaron con una mayor incidencia de síndrome coronario agudo. Para el trastorno bipolar y los trastornos psicóticos, la evidencia fue insuficiente para confirmar una asociación, pero tampoco permite descartarla.
La relación parece involucrar factores vasculares, conductuales, farmacológicos y biológicos. En la práctica, los hallazgos respaldan la evaluación de la salud mental dentro de la atención cardiovascular y el control activo de los factores modificables, sin asumir que los síntomas físicos son consecuencia del diagnóstico psiquiátrico. Integrar ambas dimensiones puede mejorar la detección y el seguimiento, aunque todavía se necesitan estudios prospectivos que definan qué intervenciones modifican los desenlaces.