Sibila Camps
Por primera vez en la historia, en la Argentina se realizaron más de mil trasplantes de órganos en un año. Fueron exactamente 1.023, lo que representa más de un 8% respecto de 2005. Las autoridades del INCUCAI lo atribuyen a la reforma de la ley, que introdujo la figura del donante presunto.
A este récord se suma el importante número de trasplantes de tejidos, de los cuales 860 fueron trasplantes de córneas.
"No ocurrió nada de lo que nos preocupaba, no hubo una avalancha de gente diciendo que no quería ser donante —confesó a Clarín el presidente del INCUCAI, Mario Perichon—. Temíamos que la sociedad no estuviera preparada para un cambio tan importante, pero en ninguna provincia hubo importantes negativas explícitas de donación".
"A través de la discusión que generó la ley, la sociedad pudo ver la importancia de la donación, y eso repercutió en una mayor cantidad de donantes", señaló Perichon. El INCUCAI rescata sobre todo el aumento de 407 a 467 los operativos de ablación (el número de donantes reales) en el último año, cuando de 2004 a 2005 la cifra se había mantenido casi sin variaciones.
Anteriormente, el único incremento importante se había producido en 2004, cuando el número de donantes creció más del 34%. Se debió a la puesta en marcha del Programa Federal de Procuración y, sobre todo, a la labor de los coordinadores intrahospitalarios, que ya suman 130 en todo el país.
Se trata del médico especializado, con conocimientos de psicología y de manejo de situaciones traumáticas, que ante un potencial donante habla con sus familiares con miras a la procuración de sus órganos y/o tejidos.
"La figura del coordinador intrahospitalario abrió los hospitales al sistema de procuración, que ahora es visto por los colegas como una función más del hospital público —comentó el titular del INCUCAI—. La sociedad es solidaria, no debemos cargarle el peso de la responsabilidad de la donación; hay que empezar a tener una mirada más crítica del sistema sanitario, para que vea la procuración de órganos como parte del sistema".
En cada provincia hay por lo menos un organismo jurisdiccional de procuración. En cuanto a los equipos de trasplante, continúan multiplicándose, en especial en el interior. "Nuestro país tiene una alta capacitación, con cifras de sobrevida a niveles internacionales", destaca Perichon.
En mayo de 2006 se realizó el primer implante de intestino exitoso en el país, en la Fundación Favaloro. Antes de que terminara el año, el doctor Gabriel Gondolesi ya había hecho seis más, y el primer trasplante multivisceral de América del Sur (hígado, estómago, duodeno, páncreas, yeyuno e íleon). La sobrevida, del 75%, está al mismo nivel que en los Estados Unidos.
En la actualidad hay 5.356 pacientes a la espera de un órgano y otros 3.113 que aguardan un trasplante de córnea; el 3% son menores de 18 años. El hecho de que haya más donantes no significa que disminuya proporcionalmente el número de pacientes en lista de espera: cada vez son más las enfermedades que antes no tenían cura y ahora pueden ser resueltas con un trasplante.
"En todo el mundo hay un desbalance entre la procuración y la indicación de trasplante, y esta última crece año a año —observó Perichon—. Además, la inmunosupresión, que reduce notablemente el rechazo del órgano injertado, ha cambiado la historia de los trasplantes, al permitir una mayor sobrevida".
Ellas
Eduardo San Pedro
El tema de los trasplantes es —literalmente— una cuestión de vida o muerte. De cada donación depende una vida. Y no es fácil lograr una cesión: en todo el mundo la demanda de órganos crece a mayor velocidad que los donantes, a pesar de las campañas que lanzan periódicamente los gobiernos. Lo que llama la atención (y no debiera ser tan así), es que, en todas partes, las mayores donantes, ya sea por órganos propios o por los de sus hijos o maridos, son las mujeres. Así como ellas engendran la vida, también la dan a la hora más difícil: la de ceder los órganos para trasplantar.
Marcos, nuevo año y nueva vida
"El brindis de fin de año fue hermoso: todos los años levantaba la copa pensando si podría curarme, y esta vez brindé por la curación. Fue muy emotivo empezar un año tan diferente, después de una cirugía de tal magnitud", cuenta Marcos Esparza. En sus 23 años había soportado 15 cirugías de abdomen. La número 16 fue un trasplante de intestino, el primero exitoso en América del Sur.
Siempre inmóvil por la bolsa de colostomía, desde 1989 acoplado 12 horas diarias a la bomba de nutrición, Marcos disfruta ahora de la libertad y la independencia. A tal punto que dejó su Rosario natal y está viviendo solo en Buenos Aires. "Toda mi vida estuve buscando la autonomía absoluta. Todavía no la tengo del todo, pero estoy empezando a autoabastecerme. Sería completo si el dinero fuera todo mío, y no de mi familia".
Recorre a pie las diez cuadras que lo separan de la Fundación Favaloro, donde hasta marzo debe ir periódicamente a controlarse. Limpia su departamento. Lava. "Lo que menos me molesta hacer, es cocinar", reconoce. Su menú aún tiene restricciones, pero cada vez son menos.
Marcos es instrumentador quirúrgico y en 2005 cursó regularmente el primer año de medicina. Los problemas de salud lo hicieron abandonar la carrera: antes del implante y tras las sucesivas cirugías, su intestino delgado medía apenas 45 centímetros, cuando la media son 325 centímetros.
"Tengo muchas cosas planeadas", comenta. Su prioridad: conseguir un trabajo estable que le permita continuar los estudios. Tiene sólido dominio de informática —manejo avanzado de hardware e intermedio de software—, conocimientos de inglés (sobre todo escrito), y expe riencia en tareas de secretaría, trámites administrativos y bancarios. Y espera que, así como en tan poco tiempo ha logrado revertir más de dos décadas de deterioro, ahora pueda conseguir empleo e iniciar el próximo ciclo lectivo.
Qué dice la ley y cómo se aplica
En abril de 2006 entró en vigencia la modificación a la ley de trasplantes, que introduce la figura del donante presunto. Desde entonces, cuando muere una persona que podría ser donante, el coordinador intrahospitalario de esa ciudad o región consulta por Internet en el Sistema Nacional de Información de Procuración y Trasplante de la República Argentina. El SINTRA es una base donde, entre otros datos, constan todas las donaciones y las negativas.
La consulta se hace a partir del número de documento y de la fecha de nacimiento del potencial donante. En caso de haber un registro —por sí o por no—, se puede imprimir esa constancia, que sirve como documentación legal para fundamentar la voluntad expresa del fallecido frente a su familia o a un juez.
Si no hubiera ningún registro en el SINTRA, se lo considera donante presunto. El coordinador intrahospitalario informa de esto a los familiares, y les pregunta acerca de la última expresión que hubiera tenido el familiar acerca del destino de sus órganos, y que no hubiera anotado. "Hubo muy pocos casos de entrevistas difíciles y complejas, fue más fácil de lo que uno creía", comentó el titular del INCUCAI, Mario Perichon.
El consentimiento presunto no rige cuando el eventual donante es menor de 18 años. En ese caso, el procedimiento es el mismo que regía antes de la reforma de la ley: quienes deben dar su autorización son los padres o tutores legales.
"La donación de los órganos de un niño es más difícil de conseguir que la de los adultos —señaló Perichon—. Quienes más donan son las mujeres, sobre todo entre los 30 y los 60 años. Esto vale tanto para la expresión de su voluntad en vida, como para la donación de los órganos de sus maridos o de sus hijos; son las que más influyen en el momento de la decisión".