Una alteración con impacto sistémico
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La sarcopenia es una enfermedad muscular progresiva y generalizada asociada con una mayor probabilidad de caídas, fracturas, discapacidad física y mortalidad. En el consenso EWGSOP2, la baja fuerza muscular es el hallazgo central: permite reconocer una sarcopenia probable; la reducción de la cantidad o calidad muscular confirma el diagnóstico, y el bajo rendimiento físico indica mayor gravedad.
No debe confundirse con fragilidad. Esta última es un síndrome geriátrico multidimensional que expresa una menor capacidad de respuesta frente a factores estresantes e involucra dominios físicos, psicológicos y sociales. Ambas condiciones pueden coexistir, pero no son equivalentes.
La sarcopenia primaria se vincula principalmente con el envejecimiento. La forma secundaria puede asociarse con inactividad, enfermedad aguda o crónica y aporte energético o proteico insuficiente. La combinación de adiposidad excesiva, baja masa muscular y deterioro de la función define la obesidad sarcopénica, entidad que requiere un algoritmo diagnóstico específico.
Las estimaciones de prevalencia varían según la población, el método de medición y los criterios empleados. En mayores de 60 años se han comunicado cifras globales cercanas al 10%-27%, con valores superiores en personas hospitalizadas o institucionalizadas. Esta heterogeneidad obliga a informar siempre la definición utilizada y evita extrapolar un único porcentaje a todos los escenarios.

Infografía. Algoritmo diagnóstico simplificado según EWGSOP2. SARC-F: fuerza, asistencia para caminar, levantarse de una silla, subir escaleras y caídas; DXA: absorciometría de rayos X de energía dual; SPPB: batería corta de rendimiento físico; TUG: prueba cronometrada de levantarse y caminar.
Del cribado a la confirmación
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La evaluación debe considerarse ante caídas reiteradas, pérdida de peso involuntaria, dificultad para las actividades cotidianas, inmovilidad, desnutrición o enfermedades crónicas. El cuestionario SARC-F es sencillo y específico, aunque su sensibilidad limitada impide descartar la enfermedad cuando el resultado es negativo y la sospecha clínica persiste.
El primer paso diagnóstico es medir la fuerza. Una prensión manual inferior a 27 kg en hombres o 16 kg en mujeres, o más de 15 segundos para levantarse cinco veces de una silla, indica sarcopenia probable. La confirmación requiere demostrar baja cantidad o calidad muscular mediante absorciometría de rayos X de energía dual o bioimpedancia, según disponibilidad y condiciones del paciente.
EWGSOP2 propone como puntos de corte una masa muscular apendicular inferior a 20 kg en hombres o 15 kg en mujeres, o un índice ajustado por talla inferior a 7,0 kg/m² y 6,0 kg/m², respectivamente. La velocidad de marcha, la batería corta de desempeño físico, la prueba Timed Up and Go o la caminata de 400 metros permiten graduar la severidad.
En obesidad sarcopénica, el consenso ESPEN/EASO recomienda comenzar por indicadores de adiposidad y de riesgo de sarcopenia, evaluar luego la fuerza y confirmar la coexistencia de exceso de grasa y baja masa muscular mediante composición corporal. Los umbrales de cintura deben adaptarse al sexo y al grupo étnico. La estadificación depende de la presencia de complicaciones atribuibles a la alteración corporal o funcional.
Puntos de corte para la práctica
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Paso
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Prueba
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Punto de corte / interpretación
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Fuerza
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Prensión manual
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<27 kg en hombres; <16 kg en mujeres
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Fuerza
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Levantarse 5 veces
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>15 s en ambos sexos
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Masa
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Masa muscular apendicular
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<20 kg en hombres; <15 kg en mujeres
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Masa
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Masa/talla²
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<7,0 kg/m² en hombres; <6,0 kg/m² en mujeres
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Gravedad
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Velocidad de marcha
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≤0,8 m/s
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Gravedad
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SPPB
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≤8 puntos
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Gravedad
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Timed Up and Go
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≥20 s
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Gravedad
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Caminata de 400 m
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No completar o ≥6 min
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Fuente: consenso EWGSOP2. Los resultados deben interpretarse según técnica, equipo y contexto clínico.
Intervenir sobre fuerza, función y nutrición
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El entrenamiento de resistencia progresivo es el pilar terapéutico y debe adaptarse a la capacidad funcional, las comorbilidades y los objetivos de la persona. Puede realizarse con pesas, bandas elásticas, máquinas o el propio peso corporal. Los programas multimodales que añaden equilibrio, marcha y ejercicio aeróbico resultan útiles, especialmente cuando el objetivo incluye prevenir caídas y recuperar autonomía.
La evidencia disponible respalda sesiones de resistencia dos o tres veces por semana durante al menos ocho semanas, con progresión individual y supervisión cuando exista riesgo clínico. Los programas domiciliarios son una alternativa válida si incluyen educación, seguimiento y medidas de seguridad.
La evaluación nutricional debe identificar baja ingesta, pérdida de peso y causas reversibles. En adultos mayores sanos suele proponerse un aporte proteico de 1,0-1,2 g/kg/día; ante enfermedad aguda o crónica pueden requerirse 1,2-1,5 g/kg/día, con individualización en insuficiencia renal u otras condiciones. La distribución de proteínas de alta calidad a lo largo del día y su combinación con ejercicio parecen más relevantes que la suplementación aislada.
La leucina puede favorecer la síntesis proteica y aumentar la masa muscular en determinados contextos, pero no sustituye un programa integral ni garantiza una mejoría funcional. La vitamina D debe corregirse cuando existe deficiencia documentada; no se recomienda como tratamiento específico universal de la sarcopenia.
En obesidad sarcopénica, la reducción de peso exige cautela: una restricción energética intensa puede agravar la pérdida muscular. El objetivo es reducir grasa preservando fuerza y masa magra, mediante una estrategia que combine ejercicio de resistencia, ingesta proteica suficiente y descenso ponderal gradual. La evidencia específica sobre agonistas del receptor de GLP-1 y cirugía bariátrica en adultos mayores con esta condición sigue siendo limitada.
No existen fármacos aprobados específicamente para tratar la sarcopenia. Los agentes dirigidos a miostatina, hormona de crecimiento y testosterona no han demostrado hasta ahora un beneficio clínico consistente que justifique su uso rutinario.
· La sarcopenia sigue estando subdiagnosticada pese a su asociación con discapacidad, hospitalización y muerte. Medir la fuerza ante una sospecha clínica ofrece una puerta de entrada simple y permite iniciar medidas tempranas mientras se completa la evaluación de la composición corporal.
· El abordaje más sólido combina entrenamiento de resistencia progresivo, recuperación funcional y soporte nutricional individualizado. Reconocer la enfermedad antes de que la pérdida de autonomía sea evidente puede modificar la trayectoria clínica del paciente.
Publicado el 26 de julio de 2026
Una amenaza subdiagnosticada
Sarcopenia: cómo detectar y frenar la pérdida de fuerza
La disminución del rendimiento muscular anticipa caídas, dependencia y mayor mortalidad. Un abordaje estructurado permite reconocerla a tiempo y orientar intervenciones eficaces.
Autor/a: Basel Habboub, Robert Speer, Markus Gosch, Katrin Singl
Fuente: Dtsch Arztebl Int 2025; 122: 121–6 The Diagnosis and Treatment of Sarcopenia and Sarcopenic Obesity
Una alteración con impacto sistémico
La sarcopenia es una enfermedad muscular progresiva y generalizada asociada con una mayor probabilidad de caídas, fracturas, discapacidad física y mortalidad. En el consenso EWGSOP2, la baja fuerza muscular es el hallazgo central: permite reconocer una sarcopenia probable; la reducción de la cantidad o calidad muscular confirma el diagnóstico, y el bajo rendimiento físico indica mayor gravedad.
No debe confundirse con fragilidad. Esta última es un síndrome geriátrico multidimensional que expresa una menor capacidad de respuesta frente a factores estresantes e involucra dominios físicos, psicológicos y sociales. Ambas condiciones pueden coexistir, pero no son equivalentes.
La sarcopenia primaria se vincula principalmente con el envejecimiento. La forma secundaria puede asociarse con inactividad, enfermedad aguda o crónica y aporte energético o proteico insuficiente. La combinación de adiposidad excesiva, baja masa muscular y deterioro de la función define la obesidad sarcopénica, entidad que requiere un algoritmo diagnóstico específico.
Las estimaciones de prevalencia varían según la población, el método de medición y los criterios empleados. En mayores de 60 años se han comunicado cifras globales cercanas al 10%-27%, con valores superiores en personas hospitalizadas o institucionalizadas. Esta heterogeneidad obliga a informar siempre la definición utilizada y evita extrapolar un único porcentaje a todos los escenarios.
Infografía. Algoritmo diagnóstico simplificado según EWGSOP2. SARC-F: fuerza, asistencia para caminar, levantarse de una silla, subir escaleras y caídas; DXA: absorciometría de rayos X de energía dual; SPPB: batería corta de rendimiento físico; TUG: prueba cronometrada de levantarse y caminar.
Del cribado a la confirmación
La evaluación debe considerarse ante caídas reiteradas, pérdida de peso involuntaria, dificultad para las actividades cotidianas, inmovilidad, desnutrición o enfermedades crónicas. El cuestionario SARC-F es sencillo y específico, aunque su sensibilidad limitada impide descartar la enfermedad cuando el resultado es negativo y la sospecha clínica persiste.
El primer paso diagnóstico es medir la fuerza. Una prensión manual inferior a 27 kg en hombres o 16 kg en mujeres, o más de 15 segundos para levantarse cinco veces de una silla, indica sarcopenia probable. La confirmación requiere demostrar baja cantidad o calidad muscular mediante absorciometría de rayos X de energía dual o bioimpedancia, según disponibilidad y condiciones del paciente.
EWGSOP2 propone como puntos de corte una masa muscular apendicular inferior a 20 kg en hombres o 15 kg en mujeres, o un índice ajustado por talla inferior a 7,0 kg/m² y 6,0 kg/m², respectivamente. La velocidad de marcha, la batería corta de desempeño físico, la prueba Timed Up and Go o la caminata de 400 metros permiten graduar la severidad.
En obesidad sarcopénica, el consenso ESPEN/EASO recomienda comenzar por indicadores de adiposidad y de riesgo de sarcopenia, evaluar luego la fuerza y confirmar la coexistencia de exceso de grasa y baja masa muscular mediante composición corporal. Los umbrales de cintura deben adaptarse al sexo y al grupo étnico. La estadificación depende de la presencia de complicaciones atribuibles a la alteración corporal o funcional.
Puntos de corte para la práctica
Paso
Prueba
Punto de corte / interpretación
Fuerza
Prensión manual
<27 kg en hombres; <16 kg en mujeres
Fuerza
Levantarse 5 veces
>15 s en ambos sexos
Masa
Masa muscular apendicular
<20 kg en hombres; <15 kg en mujeres
Masa
Masa/talla²
<7,0 kg/m² en hombres; <6,0 kg/m² en mujeres
Gravedad
Velocidad de marcha
≤0,8 m/s
Gravedad
SPPB
≤8 puntos
Gravedad
Timed Up and Go
≥20 s
Gravedad
Caminata de 400 m
No completar o ≥6 min
Fuente: consenso EWGSOP2. Los resultados deben interpretarse según técnica, equipo y contexto clínico.
Intervenir sobre fuerza, función y nutrición
El entrenamiento de resistencia progresivo es el pilar terapéutico y debe adaptarse a la capacidad funcional, las comorbilidades y los objetivos de la persona. Puede realizarse con pesas, bandas elásticas, máquinas o el propio peso corporal. Los programas multimodales que añaden equilibrio, marcha y ejercicio aeróbico resultan útiles, especialmente cuando el objetivo incluye prevenir caídas y recuperar autonomía.
La evidencia disponible respalda sesiones de resistencia dos o tres veces por semana durante al menos ocho semanas, con progresión individual y supervisión cuando exista riesgo clínico. Los programas domiciliarios son una alternativa válida si incluyen educación, seguimiento y medidas de seguridad.
La evaluación nutricional debe identificar baja ingesta, pérdida de peso y causas reversibles. En adultos mayores sanos suele proponerse un aporte proteico de 1,0-1,2 g/kg/día; ante enfermedad aguda o crónica pueden requerirse 1,2-1,5 g/kg/día, con individualización en insuficiencia renal u otras condiciones. La distribución de proteínas de alta calidad a lo largo del día y su combinación con ejercicio parecen más relevantes que la suplementación aislada.
La leucina puede favorecer la síntesis proteica y aumentar la masa muscular en determinados contextos, pero no sustituye un programa integral ni garantiza una mejoría funcional. La vitamina D debe corregirse cuando existe deficiencia documentada; no se recomienda como tratamiento específico universal de la sarcopenia.
En obesidad sarcopénica, la reducción de peso exige cautela: una restricción energética intensa puede agravar la pérdida muscular. El objetivo es reducir grasa preservando fuerza y masa magra, mediante una estrategia que combine ejercicio de resistencia, ingesta proteica suficiente y descenso ponderal gradual. La evidencia específica sobre agonistas del receptor de GLP-1 y cirugía bariátrica en adultos mayores con esta condición sigue siendo limitada.
No existen fármacos aprobados específicamente para tratar la sarcopenia. Los agentes dirigidos a miostatina, hormona de crecimiento y testosterona no han demostrado hasta ahora un beneficio clínico consistente que justifique su uso rutinario.
Conclusiones
· La sarcopenia sigue estando subdiagnosticada pese a su asociación con discapacidad, hospitalización y muerte. Medir la fuerza ante una sospecha clínica ofrece una puerta de entrada simple y permite iniciar medidas tempranas mientras se completa la evaluación de la composición corporal.
· El abordaje más sólido combina entrenamiento de resistencia progresivo, recuperación funcional y soporte nutricional individualizado. Reconocer la enfermedad antes de que la pérdida de autonomía sea evidente puede modificar la trayectoria clínica del paciente.