La rinitis alérgica (AR) es raramente encontrada en forma aislada y requiere ser considerada en el contexto de enfermedades alérgicas sistémicas asociadas con numerosos desórdenes comórbidos, como el asma, los derrames crónicos del oído medio, la sinusitis, la hipertrofia linfoide con apnea del sueño obstructiva, los trastornos del sueño y los consecuentes efectos de comportamiento y educacionales que provocan los mismos.
La coexistencia de la AR y el asma es compleja. En primer lugar, el diagnóstico del asma puede ser confundido con síntomas de tos causados por rinitis y goteo posnasal, lo cual puede llevar tanto a un diagnóstico inadecuado del asma o a una evaluación inapropiada de la severidad del asma y en consecuencia a un tratamiento incorrecto del paciente. El término de "rinitis de tos variante" también se utiliza para describir una rinitis que se manifiesta primariamente con tos como resultado de un goteo posnasal. La AR también tiene un rol causal en el asma; aparece tanto como responsable de exacerbaciones del asma como de su patogénesis.
El goteo posnasal con inflamación nasofaríngea se suma a una cantidad de otras condiciones. La sinusitis es una extensión frecuente de la rinitis y es uno de los diagnósticos más olvidados en los niños. La exposición alergena de la nasofaringe con liberación de histamina y otros mediadores puede provocar la obstrucción de la trompa de Eustaquio, llegando posiblemente a derrames crónicos del oído medio. La inflamación alérgica crónica en la vía aérea superior provoca hipertrofia linfoide con prominencia del tejido adenoidal y tonsilar; esto podría estar asociado a la falta de apetito, a la falta de crecimiento y a la apnea del sueño obstructiva.
La RA también forma parte de un espectro de desordenes alérgicos que pueden afectar profundamente el bienestar y la calidad de vida de los niños.
Es necesario realizar estudios prospectivos de cohorte para evaluar el peso de la enfermedad provocada por la AR en la infancia y el potencial deterioro educacional que puede manifestarse como resultado de la misma. Dado que la AR es parte de un proceso sistémico de enfermedad, su manejo requiere un acercamiento coordinado más que un acercamiento fragmentado a sus principios orgánicos.