Los trabajos médicos que investigan la relación entre la dieta y la salud pueden ser el mejor ejemplo de cómo la medicina y los informes médicos pueden confundir a las personas. En los Estados Unidos, algunos médicos han llamado a esto el "síndrome salvado de avena" refiriéndose a los bien publicitados y conflictivos estudios acerca del papel de las sustancias que descienden el colesterol.
En respuesta a "¿Porqué piensa usted que las noticias publicadas en una semana hablan de que una sustancia puede causar enfermedad y en la siguiente esa misa sustancia ya no lo hacer?" el Dr. Charles Hennekens, un epidemiólogo de Harvard Medical School dijo en una entrevista: "Yo creo que nosotros, los investigadores y ustedes, los medios de comunicación, conspiramos contra el público." Explicar la forma en que los factores ambientales y la dieta, así como otras elecciones que hacen al estilo de vida, podría afectar el riesgo de desarrollar una enfermedad es un gran desafío para los divulgadores científicos.
La cobertura que hacen los medios de comunicación sobre los riesgos para la salud frecuentemente está influenciada por la controversia que existe sobre el tema dentro de la comunidad médica, o por algún peligro potencial o porque atrae el interés humano, y no propiamente está dominada por conceptos científicos. Así piensa también Sharon Friedman, jefe del departamento de periodismo y comunicación de la Lehigh University, en 1993: "Existen estudios que demuestran que los estudios comentados con más insistencia y fervor en los medios de comunicación tratan temas que todavía no han conseguido consenso dentro de la comunidad médica".
Muchos medios de comunicación tratan el tema de los riesgos en una forma superficial, informando solo los eventos que ocurren, sin brindar explicaciones o cuáles son los antecedentes de la información, lo cual ayudaría a los lectores a tener una mejor perspectiva y mayor comprensión sobre los riesgos involucrados. Por ejemplo, en un análisis realizado por Friedman de alrededor de 300 artículos publicados en periódicos de noticias acerca de Alar (una manzana madurada que desencadenó la ansiedad acerca del cáncer hacia finales de la década de 1980 en los Estados Unidos) encontró que solo el 16% de los artículos incluía el cálculo del riesgo. No obstante, Alar se convirtió una amenaza inminente para la salud, y varias cadenas de comestibles y productores de manzanas y jugos para bebés rehusaron aceptar la fruta tratada químicamente.
Según una investigación realizada por el Study of Social Change del Smith College, los conocimientos de los periodistas y los científicos acerca de las causas que ocasionan el cáncer difieren profundamente. Los resultados preliminares presentados por el Subcommitee House se basaron en el análisis de la cobertura del cáncer realizado por Time, Newseek y US News & World Report y los periódicos de noticias The New tork Times, The Washington Post y The Wall Street Journal. El estudio comparó los factores causantes de cáncer citados en los relatos de los periódicos (tratamiento del tema por periodistas) con los mencionados en una encuesta aleatorizada a más de 400 miembros de la American Association por Cancer Research (tratamiento del tema por científicos) y comprobó que las noticias de los periódicos y revistas priorizaban los conceptos que apoyaban la influencia de los factores químicos en la aparición del cáncer mientras que los científicos consideraban que la amenazas más importantes para el cáncer eran las enfermedades de transmisión sexual y las provocadas por el cigarrillo, más que la polución o los pesticidas. Sin embargo, llamó la atención que 1 de cada 10 científicos opinaba que las noticias de las revistas y la televisión eran fuentes de información confiables.
Según las conclusiones del estudio: "Esto no quiere decir que los expertos siempre tienen razón o que sus opiniones son indiscutibles, pero así y todo sus puntos de vista son una fuente invalorable para los formadores de políticas y para los ciudadanos interesados en minimizar los riesgos sobre su salud".
La imposibilidad de encontrar cuál es la verdadera importancia de los riesgos para la salud puede provocar ansiedad y pérdida de credibilidad de los lectores tanto en los periodistas como en los médicos, como así también la pérdida de la confianza de los médicos en los medios de comunicación. Un ejemplo de esto lo dan las opiniones vertidas sobre el estudio de JAMA que relacionó la calvicie con los ataques cardíacos y que fuera publicado en 1993. Como sucede con frecuencia con los estudios nuevos, en ese momento, numerosos periódicos publicaron versiones abreviadas de la noticia brindada por la Associated Press, omitiendo importantes puntos, como el hecho que en sus conclusiones los investigadores informaron que no pudieron comprobar que la calvicie fuera la causante real de los ataques cardíacos.
Un columnista del Chicago Tribune, Mike Royko, describió de esta manera su frustración relacionada con estos estudios y la cobertura brindada por los medios: "Con respecto a la calvicie y los ataques cardíacos, los médicos dicen que algo podría estar pasando con las hormonas masculinas pero no están seguros." "Sin embargo, cuando les conviene, ellos recurren a esos resultados, pero nunca están seguros. Los médicos largan algunas estadísticas, aterrorizan a millones de hombres y luego dejan de echarle leña al fuego con esos datos y corren a probar con otra muestra de sujetos."
En general, los periodistas no especializados en salud no tienen tiempo ni inclinación a considerar los trabajos científicos en el contexto de la investigación, lo cual podría ayudarlos a transmitir mejor los conocimientos. Se puede decir que con frecuencia la cobertura de los temas de salud no es satisfactoria en los medios de comunicación, porque la naturaleza principalmente de la televisión y los medios gráficos, con el incentivo constante de captar el interés del lector, hace que se prefieran los encabezamientos "gancho", las historias cortas y los informes poco detallados. Algunos llaman a esto "historias zumbonas o zumbido de abeja" las cuales hacen mucho ruido, pero no modifican las conductas necesarias en los individuos, lo que en definitiva es la finalidad de la divulgación científica.
Por su parte, los editores no suelen dedicar el tiempo y el espacio requeridos por los periodistas para hacer una buena cobertura médica. Prefieren las historias sensacionalistas que puedan colocar en la primera página, calificación que en general no cumplen las noticias médicas de rutina. En cambio, cuando aparece "la enfermedad del mes", los editores eligen colocarla en letras grandes, y quizás demasiado grandes. El resultado es que los médicos y los investigadores pasan a desconfiar de la prensa, porque no tratan los temas médicos con responsabilidad.
El 90% de los delegados de la American Medical Association y algo más del 80% de los médicos elegidos al azar que participaron en la First Amendment Center Survey, manifestaron que los informes médicos de los medios de comunicación son demasiado sensacionalistas y cargados de emotividad. En cambio, solo un tercio de los periodistas coincidió con estas afirmaciones.
Sin haber pretendido agotar el tema con estas líneas, deseo destacar que tanto los periodistas como los integrantes del Equipo de Salud deben aprender a divulgar las noticias médicas así como el público debe aprender a diferenciar las "noticias sensacionalistas" sin bases científicas de aquellas confirmadas por la ciencia. Es un largo camino, pero es posible, como lo demuestra la cantidad cada vez mayor de alumnos inscriptos en el mundo en las Escuelas de Periodismo con especialización en Salud, entre ellas la perteneciente a la Sociedad Argentina de Periodismo Médico (SAPEM).
* Fundadora y Presidente Honoraria de la Sociedad Argentina de Periodismo Médico