Históricamente, la atención de pacientes con sospecha de evento cerebrovascular agudo enfrentaba importantes retrasos, debido a la falta de optimización en los tiempos de respuesta y a una identificación inadecuada de los factores de riesgo. Cuando el diagnóstico y la caracterización de un paciente con ictus demora más de 4,5 horas, puede ser tarde.
Esta ventana de tiempo resulta crítica, especialmente porque muchos pacientes experimentan el evento durante el sueño y no se percatan de los síntomas sino hasta el despertar, acumulando ya varias horas de evolución antes de solicitar asistencia médica.
En el ámbito hospitalario privado, la estandarización de los procesos suele presentar una complejidad adicional, dado que la práctica médica tiende a ser más heterogénea entre los distintos prestadores. Ante esto, resulta indispensable establecer políticas institucionales estrictas que obliguen a que todo paciente con sospecha de ictus siga una ruta clínica unificada.
La adherencia a protocolos y guías internacionales es el factor que ha demostrado el mayor beneficio terapéutico.
Para optimizar la atención en el Hospital Español, se desarrolló una estrategia basada en la comunicación inmediata y el trabajo multidisciplinario. La piedra angular de esta coordinación es hoy un canal de comunicación interna digital (un chat específico de Código Ictus), el cual se activa de forma prioritaria en el momento en que el departamento de Urgencias detecta el ingreso de un paciente con potencial diagnóstico.
Este sistema de alerta temprana involucra de manera simultánea a los siguientes especialistas: Neurología y Neurocirugía, Intensivistas y Neurointervencionistas, Neurorradiólogos, Otorrinolaringólogos (para la deglución, cuya intervención temprana es clave en la evaluación de la vía aérea y la función deglutoria), Medicina de Rehabilitación, Personal de Cuidados Espirituales.
La viabilidad del código ictus radica en mantener una cobertura virtual y presencial activa las 24 horas del día, los 7 días de la semana, erradicando las brechas de atención entre turnos o días festivos.
La capacitación para seguir el protocolo es para todos los niveles del hospital. Por ejemplo, el personal de vigilancia es la primera línea, pues el paciente que arriba a Urgencias suele ser recibido inicialmente por este personal, quien ahora ha sido entrenado para identificar los signos "gruesos" de un déficit neurológico a través de la escala de Cincinnati. Ante una sospecha, el paciente es ingresado de forma directa al área de triage médico, omitiendo los retrasos administrativos de admisión.
Una vez en el cubículo, el paciente cuenta con identificadores visuales específicos que alertan a todo el personal que dicho caso se encuentra bajo protocolo. El personal de enfermería constituye el eslabón más crítico, debido al tiempo que permanecen a pie de cama. Son las profesionales con mayor capacidad para detectar de forma temprana fluctuaciones neurológicas o eventos agudos.
Además, el Hospital Español estableció coordinación prehospitalaria (llamada Línea Roja). Es un canal de comunicación directa con empresas de ambulancias externas. Esto permite que los paramédicos notifiquen al hospital la transferencia de un paciente con sospecha de ictus en tiempo real, logrando que el equipo intrahospitalario esté preparado antes del arribo de la unidad.
En la actualidad, el hospital cuenta con un cuerpo de aproximadamente 105 internos y 100 residentes capacitados para la detección oportuna y la activación del equipo de respuesta rápida.
El protocolo clínico establece un algoritmo compartido de diagnóstico ultrarápido, orientando a la obtención de estudios de imagen y laboratorio en un tiempo menor a los 45 minutos. El área de Urgencias cuenta a menos de 10 metros de distancia con un resonador magnético y un tomógrafo computarizado de acceso inmediato. En caso de ser necesario, se suspenden estudios programados no urgentes de otros pacientes para priorizar la neuroimagen del código ictus.
Al ingreso, se aplican de manera estricta las escalas neurológicas internacionales de gravedad y funcionalidad, tales como la escala de NIHSS y la escala modificada de Rankin, tanto al inicio como al egreso del paciente, con el fin de auditar la calidad del servicio.
La consolidación de esta estrategia ha demostrado resultados clínicos en el Hospital Español:
- El tiempo puerta-aguja tuvo una reducción significativa de los minutos transcurridos desde el ingreso del paciente hasta la administración del fármaco.
- La tasa de trombolisis IV tuvo un incremento sustancial en el número de procedimientos de fibrinólisis química realizados exitosamente.
- La tasa de trombectomías mecánicas tuvo un aumento notable de los procedimientos de intervencionismo endovascular para la extracción mecánica de trombos, gracias a la disponibilidad 24/7 de cuatro neurointervencionistas.
- Respecto al pronóstico funcional, hubo reducción de los puntajes de la escala de Rankin al egreso, lo que se traduce en una menor tasa de discapacidad a largo plazo y mayor independencia para el paciente.
Aun cuando existen riesgos inherentes a las terapias de reperfusión (como la transformación hemorrágica, contemplada dentro de los márgenes estadísticos internacionales), el balance neto de la estrategia integrada demuestra un beneficio clínico absoluto.
El rigor del protocolo condujo al hospital a someterse a un proceso de acreditación externa, coordinado por la iniciativa ANGELS. Este proceso de certificación formal no constituye un mero trámite administrativo, sino una auditoría de la calidad real del servicio que incluyó varias fases operativas. A través de esta auditoría y de la capacitación obligatoria de todo el personal involucrado (quienes deben aprobar los cursos de la iniciativa ANGELS y presentar su certificado correspondiente), el hospital ha sido reconocido formalmente como un Centro Esencial para la Atención del Paciente con Ictus.