Las Sesiones Científicas 2003 de la American Heart Association (AHA) han puesto en un primer plano las investigaciones con células madre adultas, que apuntan tener un gran potencial, además de en otros campos, en la regeneración del tejido cardíaco. En la reunión de Orlando se han presentado varios estudios con estas células obtenidas de la médula ósea, que refuerzan las primeras impresiones optimistas sobre su papel terapéutico tras un infarto de miocardio. La novedad más importante fue un ensayo en el que por primera vez se comparó la recuperación en pacientes a los que se había aplicado esta terapia adicional frente a otros que no la recibieron.
Esta investigación fue realizada por el Dr. Helmut Drexler, del Departamento Cardiovascular de la Facultad de Medicina de Hannover (Alemania). Al igual que otros equipos de investigación, analizó el papel que tienen las células madre de la médula ósea de un adulto en la regeneración de tejido cardíaco. Para ello se extrajo tejido medular, se aislaron estas células precursoras y se inyectaron en la zona dañada del corazón. El objetivo es comprobar hasta qué punto las células madre son capaces de transformarse en células cardíacas y, en ese caso, reparar el tejido del dañado por el infarto.
Todos los pacientes habían sobrevivido a un tipo de infarto de miocardio en el que muere gran cantidad de tejido cardíaco. Todos ellos, además, habían sido sometidos a angioplastia. Se comparó la evolución de 30 pacientes, a los que se les habían inyectado células madre de su propia médula ósea, con el resto, que no recibieron esta terapia.
Después de 6 meses se comprobó que los pacientes que habían recibido terapia celular mostraban mejoría en un marcador que mide la capacidad de bombeo. No obstante, según subrayó el Dr. Drexler, a pesar de que los primeros datos son favorables, son necesarios más estudios y mucho más amplios para confirmar los resultados.
Además de este estudio se presentaron otras investigaciones interesantes en este ámbito. Científicos de la Universidad de Düsseldorf (Alemania) mostraron datos de seguimiento de la investigación que realizaron en marzo del año 2001, en la que habían tratado con células madre de la médula ósea a 20 pacientes infartados. Se comprobó que a los 3 meses el área dañada del corazón había disminuido de un 33% a un 14% y otros parámetros para medir la capacidad de bombeo del corazón también habían mejorado. Quince meses después, el área dañada permanecía estable en el 14%, igual que la velocidad de contracción del corazón, lo que hace concluir a los investigadores que la técnica no sólo es segura sino que, al menos a los 15 meses, los resultados se mantienen.
También se presentó un estudio realizado con la aplicación de esta técnica a pacientes con insuficiencia cardíaca grave, el primer ensayo realizado sobre una población de esta gravedad. Las investigaciones demostraron que a las personas a las que se había suministrado esta terapia tenían mejor flujo sanguíneo, podían caminar más, tenían menos dolor torácico y podían respirar mejor que los del grupo control.
Además de comprobar el potencial que tienen las células madre adultas al inyectarlas directamente en el corazón, los científicos también están trabajando en otra línea terapéutica, intentando provocar que las células cardíacas que se regeneran espontáneamente migren hacia las zonas dañadas. Y es que aunque el tejido cardíaco tiene esta capacidad, las células no se mueven hacia las zonas más perjudicadas de un corazón gastado por la edad, y se quedan almacenadas. Investigadores del Instituto de Investigación Cardiovascular del New York Medical College, presentaron una línea estratégica que están desarrollando en ratas.
Estos científicos crearon un "camino" basándose en factores de crecimiento que provocan que las células cardíacas que generalmente permanecen almacenadas, migren hasta el tejido dañado. Después de 2 meses, las ratas tenían una mejor función cardíaca y los marcadores de bombeo eran mejores que los animales que no habían recibido este tratamiento.