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Publicado el 30 de agosto de 2026

Ayuda en la cesación tabáquica desde 2020

México: la UNAM fortalece un modelo online para dejar de fumar

Gracias a ese trabajo, en la Clínica contra el Tabaquismo ocho de cada diez pacientes ya no viven con la adicción.

Fuente: IntraMed

Desde hace más de un cuarto de siglo, concretamente desde el 31 mayo de 2000, la Clínica contra el Tabaquismo de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de México (FM-UNAM) trabaja para ayudar a la gente que quiere dejar de fumar.  Y es un trabajo fundamental, a juzgar por algunas de las cifras disponibles. Solo unos ejemplos: según publicó en mayo de 2025 el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el hábito de fumar se asociaba con la muerte anual de 63 mil mexicanas y mexicanos. Ese mismo año, la Secretaría de Salud publicaba que en más de la mitad de las personas que padecen Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) esta tiene relación con el consumo de tabaco, y exhortaba a la población a “evitar el consumo de tabaco, el uso de vapeadores o cigarros electrónicos.” ¿Por qué importa?

Sabemos que las consecuencias del consumo de tabaco son muchas, pero refresquemos la memoria de la mano de la American Lung Association: además de EPOC, la práctica está asociada a enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares y asma. En las mujeres afecta la salud reproductiva  y puede producir partos prematuros.  Además aumenta el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, y de degeneración macular relacionada con la edad. A su vez, destaca el texto, “causa al menos una docena de cánceres, incluidos el de hígado y el colorrectal, y reduce las tasas de supervivencia de los pacientes con cáncer de próstata.”

Pero hay otro dato interesante: más o menos para cuando nacía la Clínica, su fundadora, María Guadalupe Ponciano Rodríguez (especialista en el tratamiento de las adicciones y, actualmente, coordinadora del Programa de Investigación y Prevención del Tabaquismo de la FM-UNAM), señalaba, en un documento institucional: “60 a 70 por ciento de fumadores quiere dejar de serlo y de 70 a 90 por ciento de éstos consideran que el consejo médico sería un factor importante para tomar tal decisión” (el destacado en nuestro).  

Qué pasó 26 años después

Con estos pilares nació la clínica. Pero, claro, en tanto tiempo necesariamente la forma de ayudar necesitaba cambiar; especialmente con la bisagra que significó la pandemia de covid-19. Hoy, según publicó en su sitio La Gaceta UNAM, el modelo “registra avances significativos mediante su modelo en línea, por medio de pódcast, WhatsApp, sesiones vía Zoom e inteligencia artificial (IA) para asistir a personas fumadoras que buscan dejar esa dependencia.” Y la doctora Ponciano Rodríguez sintetiza la evolución: “Estamos viviendo una nueva etapa, toda vez que después del 31 de mayo de 2000 iniciamos actividades con base en terapia cognitivo-conductual por medio de sesiones de grupo presenciales; ahora estamos trabajando en el diseño y la evaluación de un modelo digital para brindar apoyo a las personas que quieren o necesitan dejar de fumar.” 

Ese modelo funciona así: las 12 sesiones grupales del tratamiento (reuniones semanales de una hora) se realizan ahora por Zoom, en grupos de entre 10 y 15 personas. Además, se organiza un grupo de WhatsApp con los participantes y los terapeutas para resolver dudas, estimular la interacción y compartir las actividades del tratamiento. Las reuniones no se graban, para proteger la privacidad de los participantes; pero con consentimiento informado, quienes lo solicitan reciben por correo un resumen individual de cada sesión, generado por la IA de Zoom. “Nuestro programa de tratamiento, además, brinda seguimiento a tres, seis y 12 meses después de superar la adicción –destaca la especialista–. Esto es importante porque hemos visto que en la medida en que se cubre este proceso se aumenta la eficacia y los pacientes se sienten acompañados después de haber finalizado el tratamiento”. Y agrega: “De cada 10 personas inscritas, 8 cumplen su objetivo en el corto plazo; y de estas últimas, al darles seguimiento por tres años, el 70 % continúa sin reincidir”.

La población alcanzada

Hay una cuestión etaria: el universo de personas que llegan a consultar no incluye adolescentes; concretamente, el promedio de edad es de 47 años, y, según Ponciano Rodríguez, está relacionado con los efectos del tabaco: “es en las décadas de los 40-50 años cuando se comienzan a presentar una serie de síntomas respiratorios asociados, como sibilancias, tos matutina, dificultad para hacer ejercicio físico como subir escaleras, etcétera”, señala y resalta que, aunque la de los consultantes son mujeres, la eficacia es mayor entre los varones, porque difieren las causas de las recaídas: “en ellas se trata de cuestiones de tipo emocional relacionadas con problemas personales, de familia o de pareja; en ellos las razones se asocian más al estrés, la ansiedad, y las dificultades concernientes a su vida cotidiana y laboral”.

El futuro cercano, según la nota de prensa de la UNAM, es “integrar tendencias de la Organización Panamericana de la Salud, como el uso de avatares o robots que responden en tiempo real preguntas de los pacientes y los motivan a dejar de fumar, disponibles 24 horas los 365 días del año.”