No existe (más bien, no debería existir) proyecto, y con más razón si es de políticas públicas, en el que no sea indispensable evaluar el cumplimiento de los objetivos. En 38 países del mundo que hoy forman parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), institución intergubernamental que busca promover políticas para mejorar el bienestar económico y social de las personas. Funciona como una suerte de foro donde los miembros comparan experiencias políticas, se buscan soluciones a problemas comunes y se establecen estándares internacionales para mejorar. Uno de los ámbitos que se analizan es el de la salud, y este es el contexto de nuestro reporte.
Pues bien: México se incorporó a la OCDE en 1994, y se convirtió así en el 25.º país miembro de la organización, el primero de América Latina. Hasta ahora se sumaron también Chile (2010), Colombia (2020) y Costa Rica (2021). Brasil y Perú son candidatos desde 2025, y Argentina sumó su postulación este año.
El informe |
El “Panorama de la Salud” (Health at a Glance) de la OCDE se publica cada dos años. Es importante porque evalúa desempeño de los sistemas de salud a partir de datos comparables y estandarizados entre países, lo que permite establecer criterios homogéneos. Además, integran análisis sobre inversión en salud, acceso, calidad, resultados, equidad y eficiencia, lo que ayuda a identificar brechas. Suelen además combinar estadísticas robustas con recomendaciones técnicas, por lo que son una referencia clave para gobiernos, investigadores, periodistas y organismos internacionales al momento de monitorear tendencias, diseñar reformas y evaluar su impacto.
Publican los datos de cada país, y los de México encendieron algunas alertas, pues sus resultados fueron mejores que el promedio solo en 4 de los 10 indicadores clave. Por ejemplo, la esperanza de vida era de 75,5 años, lo que significa 5,6 años menos que el promedio. También los indicadores sobre mortalidad preocupan: la mortalidad prevenible fue de 243 por 100 000 en México (y el promedio de la OCDE es de 145), y la mortalidad tratable, de 175 por 100 000 (cuando el promedio de la OCDE es de 77). Más en concreto: por ejemplo la mortalidad a los 30 días después de un infarto agudo de miocardio fue del 22,6% (promedio de la OCDE, 6,5%), y fue del 17,0% después de un accidente cerebrovascular (OCDE 7,7%); ambos superan ampliamente el promedio de la OCDE
Otros ítems variados amplían el panorama: |
- solo el 78% de la población cuenta con cobertura para un conjunto básico de servicios, y el 56% de las personas dicen estar satisfechas con la disponibilidad de atención médica de calidad (el promedio de la OCDE es del 64%).
- solo el 20% de las mujeres se sometieron a pruebas de detección de cáncer de mama, por debajo del promedio de la OCDE del 55 %.
- solo 78% de las niñas y los niños reciben las tres dosis de la vacuna DTP (difteria, tétanos y tosferina), cuando incluso los objetivos del propio México son el 90%
- México invierte en salud el 5,9% del PIB, en comparación con el 9,3% de media en la OCDE. Y si hilamos más fino, vemos que la inversión en salud per cápita es de 1,588 dólares, mientras que el promedio OCDE es de 5,967 dólares.
Lo bueno que también sucede |
- México destina el 3,6% del gasto total en salud a la prevención, con lo que supera levemente el promedio de la OCDE (3,4%).
- la tasa de suicidios fue de 6 por cada 100 000 habitantes, en comparación con el promedio de la OCDE de 11 muertes por cada 100 000 habitantes.
- la prevalencia del tabaquismo diario en México, del 8,5%, fue bastante inferior a la de la OCDE (14,8%); también el consumo de alcohol fue inferior al promedio de la OCDE: en México, 6,2 litros per cápita, frente a 8,5.
- hubo 301 ingresos hospitalarios evitables por cada 100 000 habitantes, menos que el promedio de la OCDE de 473.