Las organizaciones sociales levantaron en agosto las alertas, e hicieron “un llamado directo al gobierno federal para que impulse de manera decidida una política nacional integral”. Desencadenantes hay muchos; las cifras citadas son solo algunos de ellos. Pero la presentación del informe titulado “Los daños del alcohol, un reto para la salud pública”, llevado a cabo por Erick Antonio Ochoa, Yahaira G. Ochoa Ortiz y Juan Núñez Guadarrama, de la ONG mexicana Salud Justa, hizo concretamente un llamado al gobierno federal: “Es inadmisible que el exceso, la venta en vía pública, en estadios deportivos y a menores de edad enluten y lleven a la ruina económica a familias que pierden a uno de sus miembros”, advirtió Guadarrama. Del panel participaron también Nancy López Olmedo, investigadora del Instituto Nacional de Salud Pública, y Luis Alonso Robledo, de la Red de Acción Sobre Alcohol (RASA).
El panorama |
Teniendo en cuenta que, según la OMS, ninguna cantidad de alcohol es sana, las cifras preocupan: según la ESANUT 2024, el consumo de alcohol en la población adulta (20 años o más) fue de 55.5%; el 41.9% reportó una frecuencia de consumo excesivo en los últimos 12 meses y un 19.3%, consumo excesivo en los últimos 30 días. Entre los adolescentes, la situación reportada fue la siguiente: el consumo de al menos una copa de alguna bebida alcohólica en los últimos 12 meses, fue de 21.0%; el 13.9% reportó un consumo excesivo en al menos una ocasión en los últimos 12 meses, y el consumo excesivo en los últimos 30 días se encontró en el 3.4%.
A su vez, el documento “Hoja de datos: Panorama de la demanda de atención por consumo nocivo de alcohol en México”, generado por el Observatorio Mexicano de Salud Mental y Adicciones (OMSMCD), del gobierno de México, destaca: “en 2023, a nivel nacional, se registraron 4.695 casos de hospitalizaciones relacionadas con el consumo nocivo de alcohol (…); el alcohol fue la sustancia psicoactiva por la que se registró el mayor número de hospitalizaciones (50.4%)”. El reporte agrega que cada persona ha permanecido hospitalizada en promedio 8 días, para recuperarse de complicaciones relacionadas con el consumo o bien para atender la fase aguda del síndrome de abstinencia…
En ese contexto, según información publicada por RASA, 6 de las 10 principales causas de muerte en México están relacionadas con el consumo de alcohol: “encabezan la lista las enfermedades del corazón (24.2%), seguidas por tumores malignos (11.3%), enfermedades del hígado (4.9%), accidentes (ahogamientos, intoxicaciones, lesiones no intecionadas, etc.) (4.8%), enfermedades cerebrovasculares (4.4%) y agresiones (homicidios, 3.8%)”.
Pero el alcohol, además, mata. Los últimos datos nacionales son de 2022: según el INEGI, el alcohol fue la sustancia psicoactiva que ocasionó más muertes relacionadas con su consumo, con una tasa de 2.2 por cada cien mil habitantes. “Se estima que alrededor del 15% de las muertes registradas en el año 2022 (alrededor de 40.000 muertes) fueron atribuibles al consumo de alcohol. Un poco más de la mitad de las muertes por consumo de alcohol fueron por cirrosis alcohólica y por lesiones causadas por violencia. Estos datos indican la necesidad de fortalecer acciones para prevenir y reducir el consumo de alcohol y sus consecuencias en salud, sociales y económicas”, señaló durante el panel López Romero.
Y si para entender mejor se necesitan números absolutos, cifras oficiales de 2024 indican que cada año fallecen en México 41 mil personas por causas asociadas al consumo de alcohol, lo que implica 112 por día. Todo esto forma parte del costado sanitario de la cuestión: una carga significativa y creciente de enfermedad, debido a muertes prematuras y discapacidades. Pero no es el único…
El costado económico |
Según la publicación de RASA, el impacto de la atención y del tratamiento de las enfermedades asociadas no es solo familiar y social. “El gasto público para el tratamiento asciende a $552 billones de pesos (mexicanos, claro), lo que equivale al 2.1% del PIB”, destaca el comunicado. La cifra es alta y recae sobre toda la población. Y es además preocupante, si se considera que el 100% de las enfermedades y las muertes asociadas al consumo de alcohol son evitables.
“A diferencia de las enfermedades crónicas, como la diabetes, que requieren un complejo manejo médico, farmacológico, nutricional y psicológico, este grupo de enfermedades puede prevenirse y tratarse efectivamente al eliminar un solo factor de riesgo (el resaltado es nuestro): el consumo de alcohol –señala en la publicación Robledo–. Actuar sobre este hábito no solo nos permite reducir su impacto en la salud pública, sino también intervenir a edades más tempranas, mejorando significativamente la calidad de vida y el futuro de nuestra población.
El comunicado de RASA destaca asimismo que la OMS y otros organismos internacionales recomiendan implementar medidas para reducir los daños del consumo de alcohol, entre ellas, el aumento de impuestos, la regulación de la disponibilidad (establecimientos, horarios y días de venta) y las restricciones a la publicidad. Destaca que esas medidas han demostrado científicamente ser capaces de reducir el consumo, las hospitalizaciones y las muertes asociadas al alcohol.
“México carece de una Política Nacional sobre Consumo de Alcohol: se vende en todo lugar, hora y se publicita y mercadea sin control”, destaca el comunicado. Y fue en este contexto que durante el panel con el que empezamos este reporte, Robledo señaló: “por lo anterior se hace un llamado directo al gobierno federal para que impulse de manera decidida una política nacional integral que limite la disponibilidad del alcohol, prohíba su publicidad y su promoción —especialmente aquella dirigida a niñas, niños y adolescentes—, y aumente significativamente los impuestos como estrategia de reducción del consumo y mitigación de daños. Proteger la salud pública requiere decisiones firmes, basadas en evidencia científica y libres de toda influencia comercial. La relación entre el alcohol y la carga de enfermedad, la muerte prematura y la desigualdad no es mera percepción ni un debate ideológico: es una emergencia sanitaria documentada que exige una respuesta inmediata, coherente y ética por parte del Estado mexicano”.