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/ Publicado el 5 de febrero de 2002

Historia

Los nombres metafóricos de la histeria

Los vocablos que nombran las dolencias mentales suelen tener diversas intenciones: descriptivas, etiológicas. El uso de metáforas es especialmente significativo para designar notas y conjuntos indecibles de otro modo.

Autor/a: Dr. Jorge J. Saurí

Indice
1. Introducción
2. Usterikon pnigamenon
3. La metáfora náutica
4. Strangulatio uteri
5. La metáfora calórica
6. La passio hysterica o chorea lasciva
7. Referencias bibliográficas

Desde los griegos los trastornos histéricos recibieron diferentes nombres que adjetivaron lo denotado: Usterikon pnigamenon, soffocatio matricis, strangulatio uteri, fueron algunos de ellos. Al alborear el naturalismo lo adjetivado pasó a ser sustantivado: cuando Paracelso se refirió a la passio hysterica para internarse en estos problemas utilizó la noción de chorea lasciva.

 A lo largo del tiempo, los diversos trastornos y alteraciones mentales han sido denominados de diversas maneras según las urdimbres creenciales en las cuales se asentaron y desarrollaron. Algunas veces, como sucedió cuando los psiquiatras se refirieron a demencia precoz, se  buscó un nombre de raigambre descriptiva, en otras se tuvo en cuenta sus notas dominantes, como sucedió al utilizar el nombre "esquizofrenia", en alguna ocasión se prestó una significación patológica a un término de uso corriente, como es el caso de la "melancolía", y así muchos otros ejemplos. ¿Qué pasó cuando se hubo de nombrar esa variopinta afección que hoy llamamos histeria?

 Redactado hace más de dos mil quinientos años, el libro hipocrático llamado De la oficina del médico, señalaba el procedimiento para conocer los signos de las enfermedades.

"Examinar de entrada los parecidos y las desemejanzas entre las enfermedades con el estado de salud, los más importantes por sus efectos, los más fáciles de ser reconocidos, y aquéllos que ofrecen todas las posibilidades de observación: buscar lo que puede verse, tocarse, oírse; viendo, tocando, oyendo, oliendo, gustando y también aplicando la inteligencia, en fin, todo lo que puede conocerse por todos los medios de conocimiento."
("De la oficina del médico" III, 272)

Este modo de proceder, cuyo propósito era establecer correlaciones entre salud y enfermedad, mirando, tocando, oliendo, gustando y oyendo, priorizaba el registro y jerarquización de los datos sensoriales observados. En estas condiciones metodológicas, el conocimiento surgía  de las analogías establecidas entre salud y enfermedad, es decir de la remisión a la proporción cuantitativa de la distribución de la crasis. El hipocrático, practicando una suerte de empirismo ingenuo, estudió, en consecuencia, el comportamiento de su  paciente y buscó la igualdad de las relaciones para construir un conocimiento firme y trasmisible; mas, como las comprobaciones directas eran, a veces, insuficientes, recurrió, para obtener más información, a prácticas instrumentales. Privilegiar la búsqueda de  analogías lo condujo, por lo tanto, a utilizar metáforas basadas en la similitud para nombrar adecuadamente los síntomas y repertorios de correlaciones entre los hechos patológicos y los  fenómenos naturales observables *. Esta práctica no lo apartaba del modo habitual de reflexionar acerca de la physis.

En rasgos generales, los griegos abordaron el estado de los trastornos y alteraciones mentales estableciendo analogías, esto es, relaciones de similitud entre dos o más entidades. En efecto, si, como se creía, existía un Cosmos unitivo, del cual el hombre era uno de los integrantes, todas las partes de este vasto conjunto eran interdependientes y estaban simpáticamente conectadas entre sí. Esta creencia promovió la comparación entre el microcosmos y el macrocosmos y el desenvolvimiento del imaginario adecuado para expresar metafóricamente las similitudes. Por su parte, la noción de simpatía era la denominación adecuada para nombrar la acción recíproca de  las cosas entre sí y la capacidad que tenían de influir las unas en las otras, lo cual suponía la existencia de similitudes remitentes a cualidades comunes a varias entidades. Pero no nos equivoquemos por las aparentes semejanzas porque considerar estas analogías nunca fue establecer igualdades, como lo demuestra el hecho de que, en la literatura médica, el término histeria, usteron, aparece en función adjetiva, no sustantiva. Lo buscado, repito, eran las semejanzas y similitudes que alimentaban un pensamiento analógico fácilmente expresable mediante el uso de la metáfora. La analogía, sabemos,  permite referirse a lo no totalmente cognoscible y circunscribir lo desconocido mediante la antinomia que contribuye a ordenar lo comprobado ya que, sin ordenamiento, no hay conocimientos socialmente válidos. La physis fue, en consecuencia, la fuente que nutrió tropos sustancialistas y animistas respaldados en la fuerza impositiva de los datos observados donde, junto con el comportamiento, se valoraron de modo destacado las oscilaciones de la consistencia corpórea. Tocar, palpar, mover y apretar  el cuerpo, incardinaba lo sensible al propósito de aprehender igualdades o desigualdades gracias a las resistencias y movimientos. Y apoyándose en el conocimiento inmediato, proporcionado por notas concretas, insistentes y resistentes, el hipocrático desarrolló una theoria acerca de las perturbaciones mórbidas. ¿Qué le sucedió cuando  agrupó los   variopintos signos histéricos en función de un referente común? ¿Cuáles fueron los nombres que escogió para referirse a estas analogías?