MARÍA VALERIO | ÁNGELES LÓPEZ
MADRID.- Quince años después de su llegada al mercado, los datos que rodean a los antianémicos siguen despertando muchas más dudas que certezas. Un panel de asesores de la agencia estadounidense del medicamento (la FDA), por tercera vez desde 2004, ha vuelto a aconsejar que se restrinja seriamente su uso en pacientes con cáncer. Este tratamiento, recomiendan, sólo debería administrarse a personas con tumores avanzados en tratamiento antineoplásico, y no usarse en ningún caso en pacientes con cáncer de mama o de cabeza y cuello, tumores en los que los riesgos parecen ser incluso más acentuados.
Finalmente, como se temían los principales fabricantes de estos fármacos antianémicos (Amgen y Johnson & Johnson), el comité no ha recomendado que se prohíba totalmente su uso en pacientes oncológicos, algo que les habría hecho perder a cada una más de mil millones de dólares anuales (unos 640 millones de euros). Y aunque la FDA no está obligada a obedecer este tipo de dictámenes consultivos, la realidad es que sí suele hacerlo.
El comité es el tercero desde el año 2004 que aborda los posibles riesgos de estos fármacos, análogos de la eritropoyetina humana (más conocida popularmente como EPO). Estos tratamientos capaces de estimular la producción de glóbulos rojos, se emplean frecuentemente en la práctica clínica para combatir la anemia que sufren muchos pacientes con cáncer, y que puede estar provocada por el tratamiento con quimioterapia o por la propia evolución del cáncer.
Mientras los fabricantes de los antianémicos (que defendieron su postura conjuntamente ante el panel) defienden que éstos evitan la necesidad de transfusiones sanguíneas, las autoridades sanitarias tienen sobre su mesa hasta ocho ensayos clínicos que demuestran que su uso puede empeorar la evolución del tumor o incluso aumentar el riesgo de muerte. La única pega es que se trata de ensayos en los que la EPO se empleó en dosis superiores a lo que se suele emplear en la realidad, por lo que es difícil concluir si los riesgos son similares cuando se emplean en cantidades más pequeñas.
De la misma opinión es César Rodríguez, miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y oncólogo del Hospital Clínico de Salamanca, que declara que no haría tanto hincapié en el tipo de tumor, ya que las características de los estudios eran diferentes entre unos y otros, sino que las indicaciones las haría extensivas a todos los tumores.
"El mensaje que debe transmitirse es que estos medicamentos hay que emplearlos con mucha cautela y se debe individualizar el riesgo-beneficio", explica. El pasado mes de abril la SEOM elaboró un documento de consenso con algunas recomendaciones sobre el empleo de antianémicos:
Nunca deben utilizarse como profilaxis (si el paciente no tiene anemia) porque aumentaría el riesgo de tromboembolismo.
No se deben usar para la anemia asociada al cáncer no secundaria a la quimioterapia.
No hay que administrarlos cuando la anemia se ha producido debido a la radioterapia
Sólo habría que darlos en pacientes con anemia inducida por la quimioterapia, cuyas cifras de hemoglobina sean inferiores a 11 g/dl, y cuando la anemia no pueda corregirse de otra forma (hierro, vitamina B12, etc.)
Por último, los antianémicos se administrarán hasta que el enfermo alcance un nivel de 12 g/dl de hemoglobina, a partir de esa cifra se suspenderá este tratamiento
"Con cada paciente se debe individualizar qué riesgos supone esta medicación, el especialista tendrá que discutirlo con él y también las alternativas disponibles, como las transfusiones que también tienen sus riesgos", señala César Rodríguez.
'No disponemos en este momento de datos perfectos'
El comité ha concluido, por 13 votos a uno, que la terapia podía seguir en el mercado disponible para pacientes oncológicos. Sin embargo, por nueve votos a cinco recomendaron que no se utilizase en personas con tumores de cabeza y cuello y de mama, en los que existen evidencias que demuestran que su uso puede ser más peligroso.
Asimismo, por 11 votos a dos, los asesores de la FDA pidieron que se restrinjan los antianémicos únicamente en los casos de cáncer más avanzado, y no se administren a personas con más probabilidades de sobrevivir (tumores en fases muy iniciales, o en personas que están recibiendo quimioterapia después de la cirugía para reducir el riesgo de recaídas, por ejemplo).
Los 'lobbies' de pacientes estadounidenses se han mostrado preocupados por esta situación desde que comenzaron a apuntarse las primeras dudas sobre la seguridad del tratamiento con antianémicos. "Llevan años en el mercado, las aseguradoras se han gastado miles de millones de dólares, millones de pacientes han sido tratados y aún así aún siguen sin respuesta las mismas cuestiones", ha asegurado Carlea Bauman, presidenta de la Coalición Cáncer de Colon.
Algo en lo que coincide el propio director de la FDA para nuevos fármacos, John Jenkins: "De la discusión se extrae claramente que ellos están preocupados por los riesgos de estos medicamentos, pero su alcance no está claro. En este momento no disponemos de los datos perfectos".
Por su parte, el especialista español, César Rodríguez, concluye que hay que hacer muchas más investigaciones para conocer qué tipo de pacientes se benefician con estos medicamentos. "Hay que realizar estudios de seguridad, que siempre se hacen, pero también potenciar los estudios predictivos para conocer mejor a los pacientes que debemos tratar con antianémicos".