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Publicado el 1 de julio de 2003

Un tema controvertido

La selección preconcepcional del sexo

Poniendo en la balanza la autonomía y la beneficencia, el médico debe establecer que es lo mejor para el paciente y para la sociedad en su conjunto.

Autor/a: Dr. Charles Lockwood

Fuente: Contemporary Ob/Gyn Diciembre 2002;12:8-11.

La selección del sexo es una técnica con aspectos éticos controvertidos. Se plantea el problema de asesorar frente a una decisión muy particular. Se trata de una manera para que los futuros padres puedan seleccionar el sexo de sus hijos. Tal perspectiva espanta a muchos ya que se pone en manos de los posibles progenitores la decisión de qué genes recibirá un niño en particular.
Frente a cualquier práctica médica, el profesional debe basarse en un código de ética. Hay tres principios básicos al considerar los aspectos éticos de una práctica médica: la autonomía, el beneficio y la justicia.

La autonomía establece que una persona es libre de elegir todo aquello que involucre a su ser, incluyendo la decisión de un tratamiento. Es así que el médico tiene la obligación de aceptar la elección de un paciente y, en lo que concierne a tocoginecología, su deseo en el ámbito reproductivo. La beneficencia se basa en el principio Hipocrático "primum non nocere", primero no dañar, y en la promoción del bienestar del paciente y de la sociedad en su conjunto. Es por eso que aquellas prácticas que ayudan a un paciente pero dañan a la sociedad también estarían violando este principio.

La justicia, en el contexto médico establece que todas las personas deben ser tratadas con equidad.Teniendo estos tres principios en consideración, cómo consideramos los aspectos éticos de la selección del sexo mediante la separación espermática?  Poniendo en la balanza la autonomía y la beneficencia, el médico debe establecer que es lo mejor para el paciente y para la sociedad en su conjunto.

Es por eso que hay que plantearse los casos en que una pareja tiene una alteración genética letal ligada a los cromosomas sexuales que sólo se expresa en la descendencia masculina. En estos casos creo que todos coincidimos en que es apropiado utilizar toda la tecnología al alcance para realizar la selección del sexo de manera preconcepcional. Se trata de parejas que consultan porque desean realizar la selección del sexo con lo cual se cumple el principio de autonomía; se evita el sufrimiento tanto de los padres como del hijo por nacer y les trae grandes satisfacciones con lo cual se cumple el principio de beneficencia; estas técnicas están disponibles para todos con lo cual se cumple el principio de justicia.

Pero, en los casos en que la alteración genética es invalidante pero compatible con la vida? Se siguen cumpliendo los principios de autonomía, beneficencia y justicia. Pero, dónde está el límite de aquello que es invalidante de aquello que no lo es? La aplicación indiscriminada no acabaría con el principio de beneficencia a la sociedad al afectar la distribución azarosa de los sexos?
Por otro lado, si tomamos el caso de una pareja con cuatro hijas mujeres que quieren tener un hijo varón. El médico debiera ayudar a este matrimonio dado que se cumplen los principios de autonomía y beneficencia. Pero, si esto se extiende a toda la sociedad, dejaría de ser beneficioso para la población. El médico estaría colaborando en la perpetuación de un género determinado. El legado final podría ser una humanidad escindida. Por lo tanto, quedan planteadas dos posturas: la autonomía considerada correcta en tanto y en cuanto la libertad de decisión de una persona no viole la libertad ajena; o basada en lo que es mejor para la sociedad en su conjunto.

Las técnicas de reproducción asistida permiten a muchas parejas solucionar sus problemas de fertilidad. Estos avances de la ciencia se basan en la generación de embriones humanos en laboratorio. Paralelamente, los avances en el área de la biología molecular lograron descifrar la secuencia del genoma humano con la finalidad de corregir defectos genéticos y curar enfermedades. De la unión de estas tecnologías nace la genética reproductiva que nos permitirá diseñar nuestra especie.

La genética reproductiva podría ayudarnos a tener hijos con mayores probabilidades de ser sanos, sin causar daños directos a otras personas. Pero, la genética reproductiva no está al alcance de todos. La sociedad debe equilibrar la autonomía individual y la justicia social para cumplir los principios éticos básicos. Lamentablemente, no es fácil proveer y regular la tecnología de selección genética. A diferencia de la atención sanitaria, las mejoras genéticas son casi ilimitadas. Siempre podemos acrecentar la resistencia a las enfermedades, la longevidad, las capacidades físicas y las mentales. Además, el deseo innato de proveer a nuestros hijos de todo lo necesario es tan fuerte que, aquellos que tengan la posibilidad económica comprarían tratamientos de genética reproductiva en otro país si el suyo se los prohibiera.

Es por todo esto que debe plantearse si es mejor o peor tener la posibilidad de la selección del sexo antes del nacimiento pudiendo así conocer el sexo y la carga genética del producto de la concepción. Hay que tener políticas y lineamientos antes de que estas técnicas comiencen a realizarse. Por otra parte, una vez que se empieza a utilizar, surgen nuevos planteos e interrogantes que hacen indispensable continuar reformulándose las medidas tomadas.
Más aún: se plantea el interrogante de si esta técnica será utilizada con fines personales y no médicos. Por ende, es un tema muy complejo donde no es conveniente generalizar y donde se debe ser muy cauto a la hora de tomar conductas. Una legislación que regule y contemple todos los casos, facilitaría la toma de decisiones.

Artículo comentado por la Dra. Marisa Géller, editora responsable de IntraMed en la especialidad de Tocoginecología.