Puntos de vista

Publicado el 2 de septiembre de 2001

Locura

La locura y la novedad humana

Como bien lo recordara Joseph Nuttin (Future time and motivation, 1980), nada hay sobre el mundo que mute y se transfigure tanto como la especie humana, bajo el comando de la cognición intencional y consciente.

Autor/a: Alberto Vilanova

Si el mamífero puebla la tierra hace sesenta millones de años y el antropoide brotó no hace más de treinta, el tipo de hombre que constituimos no excede los cincuenta mil años y, dentro de ellos, corresponde al ultimo milenio la idea de la autoconstrucción por medio de una ciencia, una política y una economía deliberadas. La revolución de los medios de información, la capacidad de volar y de poblar el espacio o la modificación del orden genético son de este siglo y anuncian a un probable sucesor posnatural o, para quien lo prefiera, posdivino. El hombre es una entidad móvil y todo en ‚l aparece como invención inesperada, transición, polifurcación hacia rumbos novedosos. Si esto es verdad, si, como intuyó Jules Michelet hace cien a¤os el presente siempre es más veloz que el pasado, el futuro es tan incontenible como misterioso y ninguna taxonomía contemporánea de lo humano tendrá eficacia descriptora o predictora.
Recortados contra este paisaje de irreversibilidad y de fluencia, parecen fútiles los esfuerzos de psicólogos clínicos y psiquiatras por separar lo normal de lo anormal, o lo cuerdo de lo loco. Si cada acción humana es inédita porque es historia y no naturaleza, la locura, al igual que el conflicto, el miedo, la compulsión hacia lo nuevo o la invención de valores y de sentidos, es parte intima del versátil fenómeno de la mente, no es aislable y tampoco se amolda al ideal perenne de los nomencladores. Es éste un tópico para discutir en la tradición clínica rioplatense, que se debate hoy entre las formulaciones eternistas del freudismo y las otras, no menos estéticas, que ofrece la psiquiatría biológica.