Puntos de vista

/ Publicado el 11 de octubre de 2025

Alerta mundial

La “Estrategia Fin de la TB” de la OPS está en serio riesgo

En Perú se confabulan gran número de casos y alta dependencia de financiamiento externo; Ecuador y Colombia también enfrentan situaciones complejas.

Autor/a: Claudia Nicolini

Fuente: IntraMed

La salud pública nunca es independiente de la política. Y en estos tiempos los escenarios internacionales están encendiendo muchas alertas. Una de ellas es un trabajo publicado el 10 de septiembre en Plos Global Public Health, de acceso abierto, y titulado “Una ecuación mortal: el costo global de los recortes en la financiación de la tuberculosis en Estados Unidos”.

El contexto ha sido bastante reportado cuando ocurrió, pero quizás sea buena idea recordarlo: apenas asumido, el actual gobierno de Donald Trump ordenó la suspensión inmediata por 90 días de toda la ayuda exterior que brindaba la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), alegando que representaba un despilfarro de recursos gubernamentales. En marzo, el secretario de Estado, Marco Rubio, anunció la cancelación del 83 % de los programas de la agencia, que –creada en 1961– fue durante décadas la mayor distribuidora de ayuda humanitaria en el mundo, y aportaba cerca del 49 % de la financiación de donantes internacionales para gestionar programas contra la tuberculosis (TB).

En ese marco, la investigación citada, cuyos autores son los investigadores Carel Pretorius y Sandip Mandal, de Avenir Health (organización de salud internacional dedicada a impulsar el desarrollo social y económico en los ámbitos del VIH/SIDA, la planificación familiar y la salud reproductiva, la supervivencia infantil y las enfermedades infecciosas, en con sede en Connecticut, Estados Unidos) y Sreenivas Nair, Suvanand Sahu y Lucica Ditiu, integrantes de la Alianza Alto a la Tuberculosis (Ginebra, Suiza), destaca: “Los programas financiados por la iniciativa de tuberculosis de USAID ahora enfrentan graves interrupciones en áreas clave, incluyendo la detección y el tratamiento de la tuberculosis y la tuberculosis resistente a los medicamentos; la cobertura ampliada de las intervenciones para la coinfección TB-VIH; la prevención y el tratamiento de la infección de tuberculosis; las mejoras en las plataformas de prestación de servicios de tuberculosis; todos los elementos esenciales para el Plan Mundial para Poner Fin a la Tuberculosis (2023-2030)”.

Resalta además el texto que la decisión de EE.UU. pone en peligro los esfuerzos mundiales de control de la enfermedad y, con ello, el progreso hacia las metas de Fin de la Tuberculosis y los Objetivos de Desarrollo Sustentable, además de lo más grave: poner en riesgo millones de vidas, y destaca: “Si bien algunas naciones pueden adaptarse, las interrupciones a corto plazo afectarán gravemente a las poblaciones vulnerables. Se necesita urgentemente financiación alternativa para sostener los esfuerzos críticos de prevención y tratamiento de la tuberculosis”.

Cómo hicieron el trabajo

Pretorius y Mandal desarrollan modelos matemáticos, y el paper da cuenta de los resultados que se obtuvieron aplicando algunos para la tuberculosis a nivel global, en particular el Global TB Portfolio Model, que combina datos epidemiológicos, demográficos y económicos para proyectar cómo distintas políticas o intervenciones pueden influir en la incidencia, la mortalidad y los costos de la enfermedad. “Este estudio analiza la dependencia y el posible impacto de los recortes de financiación en 26 países con alta carga de tuberculosis (PATB). Se modelaron tres escenarios de recuperación: (1) impacto mínimo (recuperación de los servicios en tres meses), (2) impacto moderado (recuperación en un año) y (3) escenario más desfavorable (reducción de los servicios a largo plazo)”, señala el trabajo en el resumen.

Y a la hora de hacer los cálculos, se obtienen cifras escalofriantes: proyectan que, entre 2025 y 2030, se producirán 630.000 casos y 99.900 muertes en el escenario mínimo; 1,66 millones de casos y 268.600 muertes en el moderado; y 10,67 millones de casos con 2,24 millones de muertes en el peor escenario. Y el texto destaca: “En todos los escenarios, las interrupciones del servicio provocan retrasos en el diagnóstico y en el inicio del tratamiento, lo que resulta en aumentos sustanciales en la incidencia y mortalidad de TB”. “Las poblaciones de difícil acceso, de alto riesgo y vulnerables, anteriormente conectadas a los programas nacionales de tuberculosis a través de organizaciones de la sociedad civil (OSC), ahora enfrentan un aislamiento completo a medida que las iniciativas financiadas por los EE.UU. se cierran”, agrega y destaca que otros países de altos ingresos (cita concretamente, con datos de donortraker.org al Reino Unido y Francia) también recortan la ayuda internacional.

Para llegar a esta escalofriante conclusión estudiaron los 26 países con más alta carga de TB. Cabe aclarar que, de ellos, el único latinoamericano es Perú, pero eso no implica que la crisis no vaya afectar a los demás… Volvamos: esos 26 –informa el trabajo– representan aproximadamente el 80 % de la carga mundial de la enfermedad y el 90 % de los países que dependen de la ayuda externa para la prestación de servicios. Y para analizar el grado de dependencia utilizaron los datos públicos de gasto reportados a la OMS entre 2021 y 2023, y clasificaron los países en tres niveles grupos:

  • Baja dependencia (0–22 %): ocho países con financiamiento diversificado y riesgo mínimo ante interrupciones.
  • Dependencia moderada (23–37 %): diez países donde recortes del USG podrían tensar presupuestos y afectar servicios y suministros.
  • Alta dependencia (>37 %): ocho países extremadamente vulnerables a interrupciones, con riesgo de escasez de diagnósticos, medicamentos y personal sanitario.

Para evaluar el impacto de la interrupción del servicio utilizaron un método similar al aplicado cuando evaluaron los efectos, en la tuberculosis, de la interrupción de los servicios durante la pandemia de COVID-19. “Para ilustrar mejor los posibles efectos epidemiológicos de la congelación y la suspensión de la financiación, elegimos un país de cada categoría de dependencia (…). Calibramos los respectivos modelos de país con datos epidemiológicos para estos países, y simulamos la incidencia y la mortalidad por tuberculosis en los tres escenarios de interrupción”, explican en el apartado “Modelo”…

Los datos duros ya los dimos. Pero en las conclusiones también hay lugar para alguna esperanza, especialmente, esperanza de cambios: “Si bien el impacto a mediano plazo que estudiamos aquí es alarmante, el panorama a largo plazo podría ser más optimista, ya que los países se están volviendo más autosuficientes y resilientes a las disrupciones. Además, se espera que los recientes recortes de financiación impulsen la integración de los programas de salud y el fin del enfoque compartimentado de los programas de atención médica que aún caracteriza la prestación de servicios de salud en muchas partes del mundo”, señala el texto, y finaliza así: “La respuesta mundial a la tuberculosis se encuentra en una encrucijada: un camino conduce a una dependencia continua de la ayuda externa, mientras que el otro avanza hacia la autosuficiencia y la sostenibilidad”.

Latinoamérica: situación epidemiológica de Perú

Con el panorama planetario a la vista, hagamos foco. Según publicó el Ministerio de Salud peruano en marzo durante 2024, se reportaron en el país 32.950 casos de TB, de los cuales el 54,7 % se concentraron en Lima y Callao. Y según informó en marzo pasado la ONG Partners in Health (PiH), Perú no solo es uno de los países con mayor carga de tuberculosis en Latinoamérica, sino que detecta alrededor de 1.500 casos de TB-MDR al año.

En ese reporte cuentan la historia de Kioshi Vásquez, un joven de 19 años residente en Lima que en 2023 peregrinó en busca del diagnóstico. “‘Afortunadamente, la persistencia de Vásquez condujo a un diagnóstico, pero eso fue solo el comienzo’, dijo Betsabé Roman, coordinadora del proyecto del Programa de Tuberculosis en Socios En Salud (SES), como se conoce a Partners In Health en Perú”, destaca la nota y hace hincapié en lo arduo del tratamiento: “…un régimen agotador que puede durar hasta dos años, que implica de dos a tres inyecciones diarias junto con innumerables pastillas”.

Lo cierto es que de la mano del tratamiento y del acompañamiento psicológico, emocional y alimentario de PiH, este año Vazquez fue dado de alta… Y claro que historias como esta son posibles, pero -como hemos señalado-, Perú depende de financiamiento externo, especialmente del Fondo Mundial para enfrentar la enfermedad: “El Fondo Mundial es el mayor financiador multilateral de subvenciones para el VIH, la tuberculosis y la malaria en América Latina y el Caribe, donde ha invertido más de 3.000 millones USD desde 2002 en la lucha contra las tres enfermedades, y en el fortalecimiento de los sistemas de salud y comunitarios”, dice su texto de presentación institucional, y destaca los avances que ha logrado Perú gracias al apoyo: “En 2023, con el respaldo del Fondo Mundial, Perú introdujo el régimen terapéutico de seis meses de BPaLM (aclaración: el que recibió Kioshi) para tratar la tuberculosis multirresistente, que reemplazó el tratamiento previo de 18 meses. Los pacientes que recibieron esta nueva terapia consiguieron una tasa de éxito del tratamiento del 91 %, mientras que en el régimen previo esta se situaba en el 65 %. Además, la tasa de abandono se redujo del 25 % al 6 %, lo que indica una notable mejora de los resultados de los pacientes”. Todo esto está en peligro…

Tuberculosis y VIH

Esta relación de comorbilidades es un ítem que destaca el trabajo, pues la tuberculosis es la principal causa de muerte entre personas con VIH, quienes tienen 16 veces más riesgo de contraerla que las seronegativas. La coinfección es especialmente letal, ya que cada enfermedad acelera la progresión de la otra, y según la OMS, en 2023 se registraron unas 161.000 muertes por tuberculosis asociada al VIH. ¿Cómo se ve el futuro?

El trabajo que  estamos analizando se destaca lo siguiente: “Se prevé que el impacto de las interrupciones y los recortes en la prestación de servicios de VIH bajo el programa PEPFAR provoque un aumento de las infecciones por VIH y la progresión de la enfermedad, lo que a su vez provocará un aumento de la carga de VIH-TB en muchos países con una alta carga conjunta”. Y agrega que es muy probable que sus cálculos estén quedando bajos, pues sus modelos consideran la carga total de TB y su comorbilidad con VIH, pero no incorporan los aumentos proyectados de VIH ni el impacto adicional en casos y muertes por TB.

En este contexto, las estimaciones de Onusida aumentan la preocupación: el informe anual de 2024 informaba que, a nivel mundial, desde 2010 las nuevas infecciones por VIH se habían reducido un 40 %, y las muertes relacionadas al VIH/sida, un 56 %. Por su parte, en nuestra región las nuevas infecciones por VIH están aumentando, en lugar de disminuir: se produjo un incremento del 13 % desde 2010, y en la actualidad hay crecimientos preocupantes en países como Perú, México y Brasil.

Cuando se produjo el anuncio de suspensión del financiamiento de EE.UU., Onusida advirtió que hasta 6 millones de nuevas infecciones por VIH y 4 millones de muertes relacionadas al VIH/sida podrían registrarse para 2029 si colapsan los servicios de prevención y tratamiento financiados por Estados Unidos. En ese sentido, durante el XXII Simposio Científico Regional Fundación Huésped 2025, que se realizó en Buenos Aires entre el 27 y el 29 de agosto, Luisa Cabal, directora Regional de ONUSIDA para América Latina y el Caribe, advirtió: “La respuesta al VIH está enfrentando lo que solo puede describirse como una ‘tormenta perfecta’: años de progreso se ven ahora amenazados por drásticos recortes de financiación”, y señaló: “Incluir el VIH en los presupuestos nacionales no es un gasto, es una inversión. Cada dólar invertido generará un retorno neto de 28 dólares por persona. En nuestro contexto, cada centavo importa: salvamos vidas y fortalecemos comunidades y países”. Un buen llamado a lo que el trabajo que estamos analizando llamó avanzar “hacia la autosuficiencia y la sostenibilidad”.

Y ya que estamos, refresquemos la memoria: hay otros factores de riesgo asociados a la TB, como la desnutrición, la diabetes y el tabaquismo; según las estimaciones correspondientes a 2023, solo a la desnutrición (que implica directamente la pobreza) se debieron 960.000 nuevos casos de tuberculosis; otros 380.000 a la diabetes y 700.000 al tabaquismo. Y todos ellos tienen alta incidencia en nuestros países latinoamericanos.

¿Cómo ponernos “manos a la obra” en este contexto internacional? ¿Cómo hacer de él una oportunidad y no una desgracia? En IntraMed no tenemos la respuesta, pero urge…

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