Cuando la presión no alcanza la meta
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Pese a la disponibilidad de tratamientos eficaces, en muchos casos el control de la hipertensión arterial (HTA) continúa siendo insuficiente. En Estados Unidos, casi la mitad de las personas adultas presenta esta patología y solo alrededor de una cuarta parte alcanza las metas de presión arterial (PA). La prevalencia estimada de hipertensión aparentemente resistente oscila entre el 8,5 % y el 20 % entre quienes tienen HTA y se asocia con mayor riesgo de infarto de miocardio, accidente cerebrovascular, enfermedad renal terminal y muerte por causas cardiovasculares.
El documento de consenso del American College of Cardiology (ACC) de 2026 propone un recorrido práctico en 5 áreas para mejorar el diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento de la HTA: medición precisa, confirmación diagnóstica, tratamiento escalonado, organización de equipos asistenciales y uso de tecnologías. No se trata de un ensayo clínico, sino de una vía de decisión que complementa las recomendaciones estadounidenses de 2025.
Medir y confirmar la resistencia antes de intensificar el tratamiento
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Se considera hipertensión resistente cuando la PA permanece en valores ≥130 mmHg de PA sistólica o ≥80 mmHg de PA diastólica pese a recibir 3 clases de fármacos antihipertensivos a las dosis máximas toleradas, con mecanismos complementarios e incluyendo un diurético; también cuando está controlada con 4 o más clases. La hipertensión refractaria implica falta de control con al menos 5 fármacos, incluidos un diurético tiazídico o similar y un antagonista del receptor mineralocorticoide.
El primer paso es descartar una seudorresistencia. La medición debe efectuarse con dispositivos validados, manguito adecuado y técnica estandarizada. Se recomienda complementar los registros del consultorio con mediciones domiciliarias o monitorización ambulatoria de 24 horas (MAPA), preferida para confirmar resistencia cuando está disponible porque permite evaluar la PA nocturna.
En el domicilio se aconsejan 2 mediciones separadas por aproximadamente un minuto, una por la mañana y otra por la noche, durante al menos 3 días y, preferentemente, siete. También deben evaluarse la adherencia, los fármacos y suplementos que elevan la PA y las causas secundarias, como hiperaldosteronismo primario, enfermedad renal crónica y apnea obstructiva del sueño. Un metanálisis citado por el consenso encontró una prevalencia combinada de falta de adherencia del 37 % entre personas con aparente hipertensión resistente.
Tratamiento: optimizar antes de agregar
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La intervención comienza con medidas no farmacológicas: reducción de peso cuando corresponda, alimentación con dieta mediterránea o DASH (Dietary Approaches to Stop Hypertension), menor ingesta de sodio, actividad física, moderación o abandono del consumo de alcohol y técnicas de control del estrés. El aporte de potasio y los sustitutos de sal requieren precaución en casos de enfermedad renal o ante fármacos que disminuyen su excreción. Las estimaciones de reducción de la PA asociadas con estas medidas proceden principalmente de estudios en la población hipertensa general y no siempre son extrapolables a la resistencia verdadera.
Antes de incorporar nuevos fármacos, el ACC propone optimizar el esquema inicial (un inhibidor de la enzima convertidora de angiotensina [IECA] o un antagonista del receptor de angiotensina II [ARA II], un antagonista de los canales de calcio [ACA] dihidropiridínico de acción prolongada y un diurético tiazídico o similar), ajustar las dosis y considerar combinaciones en un único comprimido. La optimización diurética, incluso el cambio a clortalidona o indapamida, ocupa un lugar central.
Los antagonistas del receptor mineralocorticoide (ARM), como espironolactona o eplerenona, cuentan con la mejor evidencia como opción adicional. Antes de iniciarlos se aconseja medir los valores de renina y aldosterona para no alterar el cribado de hiperaldosteronismo primario; luego se requiere controlar el potasio y la creatinina entre 1 y 2 semanas después del inicio o ajuste de dosis y, posteriormente, cada 3 a 6 meses. Están contraindicados ante hiperpotasemia o deterioro renal grave. Otros fármacos, como betabloqueantes, alfabloqueantes y vasodilatadores, se reservan según indicaciones, tolerancia y respuesta.
Más allá de la prescripción
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La atención multidisciplinaria, con participación de atención primaria, diversas especialidades, enfermería, farmacia y otras áreas de la salud, permite coordinar el seguimiento, ajustar tratamientos y abordar barreras económicas, geográficas y sociales. La telemonitorización es útil cuando sus datos se integran en decisiones clínicas, pero el automonitoreo aislado no ha demostrado mejorar por sí solo el control.
Los dispositivos sin manguito y las tecnologías portátiles ofrecen posibilidades de seguimiento, aunque carecen de validación suficiente para su uso clínico habitual; una autorización regulatoria no equivale a demostrar precisión independiente.
Opciones emergentes y procedimientos
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El consenso examina terapias más recientes, como aprocitentán y baxdrostat, pero indica considerarlas solo como complementos en resistencia verdadera confirmada, después de optimizar un esquema de 4 fármacos que incluya un ARM y consultar a un especialista. El costo, la monitorización y la escasez de resultados cardiovasculares a largo plazo limitan su incorporación.
La denervación renal puede contemplarse en personas cuidadosamente seleccionadas con HTA no controlada pese al tratamiento óptimo o intolerancia a nuevos fármacos. Los ensayos muestran reducciones de PA, aunque la respuesta varía y sigue siendo limitada la evidencia sobre infarto, accidente cerebrovascular o mortalidad. No es curativa ni garantiza suspender la medicación; exige decisión compartida y centros experimentados.
Una secuencia para tomar decisiones
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La persistencia de cifras elevadas de PA pese al uso de varios antihipertensivos no siempre significa que sea necesario incorporar otro medicamento. El consenso del ACC de 2026 plantea que, antes de avanzar hacia nuevas alternativas terapéuticas, es fundamental revisar cómo se lleva a cabo la medición, confirmar que se trata de una resistencia verdadera e identificar los factores que pueden estar dificultando el control.
El documento también destaca que el abordaje no depende únicamente de la elección de los fármacos. La adherencia, las intervenciones sobre el estilo de vida, la coordinación entre profesionales y el uso adecuado de las tecnologías forman parte de una estrategia integral. Más que proponer una solución única, el ACC ofrece una secuencia de decisiones para adaptar el tratamiento a cada paciente y mejorar el control de la HTA en la práctica clínica.
Comentario experto a cargo del Dr. Nicolás Federico Renna*
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El documento de consenso del American College of Cardiology, publicado en JACC en octubre de 2026, propone un proceso estructurado para mejorar el control de la hipertensión arterial en pacientes que permanecen fuera de los objetivos terapéuticos pese a recibir múltiples fármacos.
Antes de intensificar el tratamiento, recomienda confirmar la verdadera resistencia mediante mediciones estandarizadas, evaluación fuera del consultorio, revisión de la adherencia y búsqueda de causas secundarias, particularmente hiperaldosteronismo primario. Su contribución consiste en orientar decisiones clínicas, sin establecer nuevas metas tensionales.
En el plano terapéutico, reafirma la optimización de las combinaciones farmacológicas, incluidos los antagonistas del receptor mineralocorticoide. Contempla la denervación renal como alternativa complementaria en pacientes seleccionados, aunque su incorporación no reemplaza los pilares del tratamiento ni garantiza mejores resultados clínicos.
El consenso identifica la inercia terapéutica y las dificultades de implementación como barreras relevantes. Destaca el seguimiento estructurado, los equipos multidisciplinarios y las estrategias de adherencia. El mensaje central es distinguir la hipertensión aparentemente resistente de la verdadera resistencia farmacológica y optimizar las intervenciones disponibles antes de incorporar nuevos tratamientos para lograr un control tensional sostenido.
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 | *Médico cardiólogo e investigador clínico. Presidente de la Inter-American Society of Hypertension, jefe de la Unidad Coronaria del Hospital Español de Mendoza e investigador de CONICET–IMBECU. Especialista en hipertensión, riesgo cardiovascular, lipoproteína(a) e investigación traslacional. Docente de grado y posgrado. |
Fuente: Davis LL, Yang E, Blyler CA, Cluett JL, Cohen JB, Juraschek SP, et al. Optimizing blood pressure care in patients with resistant hypertension: 2026 ACC expert consensus decision pathway: a report of the American College of Cardiology Solution Set Oversight Committee. J Am Coll Cardiol. 2026. doi:10.1016/j.jacc.2026.08.028. https://doi.org/10.1016/j.jacc.2026.08.028
Publicado el 21 de octubre de 2026
Antes de sumar otro medicamento
Hipertensión resistente: cómo recuperar el control
Un nuevo consenso del American College of Cardiology de 2026 propone confirmar la resistencia real, optimizar la medición y el tratamiento, y seleccionar cuándo recurrir a especialistas, nuevas terapias o procedimientos.
Cuando la presión no alcanza la meta
Pese a la disponibilidad de tratamientos eficaces, en muchos casos el control de la hipertensión arterial (HTA) continúa siendo insuficiente. En Estados Unidos, casi la mitad de las personas adultas presenta esta patología y solo alrededor de una cuarta parte alcanza las metas de presión arterial (PA). La prevalencia estimada de hipertensión aparentemente resistente oscila entre el 8,5 % y el 20 % entre quienes tienen HTA y se asocia con mayor riesgo de infarto de miocardio, accidente cerebrovascular, enfermedad renal terminal y muerte por causas cardiovasculares.
El documento de consenso del American College of Cardiology (ACC) de 2026 propone un recorrido práctico en 5 áreas para mejorar el diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento de la HTA: medición precisa, confirmación diagnóstica, tratamiento escalonado, organización de equipos asistenciales y uso de tecnologías. No se trata de un ensayo clínico, sino de una vía de decisión que complementa las recomendaciones estadounidenses de 2025.
Medir y confirmar la resistencia antes de intensificar el tratamiento
Se considera hipertensión resistente cuando la PA permanece en valores ≥130 mmHg de PA sistólica o ≥80 mmHg de PA diastólica pese a recibir 3 clases de fármacos antihipertensivos a las dosis máximas toleradas, con mecanismos complementarios e incluyendo un diurético; también cuando está controlada con 4 o más clases. La hipertensión refractaria implica falta de control con al menos 5 fármacos, incluidos un diurético tiazídico o similar y un antagonista del receptor mineralocorticoide.
El primer paso es descartar una seudorresistencia. La medición debe efectuarse con dispositivos validados, manguito adecuado y técnica estandarizada. Se recomienda complementar los registros del consultorio con mediciones domiciliarias o monitorización ambulatoria de 24 horas (MAPA), preferida para confirmar resistencia cuando está disponible porque permite evaluar la PA nocturna.
En el domicilio se aconsejan 2 mediciones separadas por aproximadamente un minuto, una por la mañana y otra por la noche, durante al menos 3 días y, preferentemente, siete. También deben evaluarse la adherencia, los fármacos y suplementos que elevan la PA y las causas secundarias, como hiperaldosteronismo primario, enfermedad renal crónica y apnea obstructiva del sueño. Un metanálisis citado por el consenso encontró una prevalencia combinada de falta de adherencia del 37 % entre personas con aparente hipertensión resistente.
Tratamiento: optimizar antes de agregar
La intervención comienza con medidas no farmacológicas: reducción de peso cuando corresponda, alimentación con dieta mediterránea o DASH (Dietary Approaches to Stop Hypertension), menor ingesta de sodio, actividad física, moderación o abandono del consumo de alcohol y técnicas de control del estrés. El aporte de potasio y los sustitutos de sal requieren precaución en casos de enfermedad renal o ante fármacos que disminuyen su excreción. Las estimaciones de reducción de la PA asociadas con estas medidas proceden principalmente de estudios en la población hipertensa general y no siempre son extrapolables a la resistencia verdadera.
Antes de incorporar nuevos fármacos, el ACC propone optimizar el esquema inicial (un inhibidor de la enzima convertidora de angiotensina [IECA] o un antagonista del receptor de angiotensina II [ARA II], un antagonista de los canales de calcio [ACA] dihidropiridínico de acción prolongada y un diurético tiazídico o similar), ajustar las dosis y considerar combinaciones en un único comprimido. La optimización diurética, incluso el cambio a clortalidona o indapamida, ocupa un lugar central.
Los antagonistas del receptor mineralocorticoide (ARM), como espironolactona o eplerenona, cuentan con la mejor evidencia como opción adicional. Antes de iniciarlos se aconseja medir los valores de renina y aldosterona para no alterar el cribado de hiperaldosteronismo primario; luego se requiere controlar el potasio y la creatinina entre 1 y 2 semanas después del inicio o ajuste de dosis y, posteriormente, cada 3 a 6 meses. Están contraindicados ante hiperpotasemia o deterioro renal grave. Otros fármacos, como betabloqueantes, alfabloqueantes y vasodilatadores, se reservan según indicaciones, tolerancia y respuesta.
Más allá de la prescripción
La atención multidisciplinaria, con participación de atención primaria, diversas especialidades, enfermería, farmacia y otras áreas de la salud, permite coordinar el seguimiento, ajustar tratamientos y abordar barreras económicas, geográficas y sociales. La telemonitorización es útil cuando sus datos se integran en decisiones clínicas, pero el automonitoreo aislado no ha demostrado mejorar por sí solo el control.
Los dispositivos sin manguito y las tecnologías portátiles ofrecen posibilidades de seguimiento, aunque carecen de validación suficiente para su uso clínico habitual; una autorización regulatoria no equivale a demostrar precisión independiente.
Opciones emergentes y procedimientos
El consenso examina terapias más recientes, como aprocitentán y baxdrostat, pero indica considerarlas solo como complementos en resistencia verdadera confirmada, después de optimizar un esquema de 4 fármacos que incluya un ARM y consultar a un especialista. El costo, la monitorización y la escasez de resultados cardiovasculares a largo plazo limitan su incorporación.
La denervación renal puede contemplarse en personas cuidadosamente seleccionadas con HTA no controlada pese al tratamiento óptimo o intolerancia a nuevos fármacos. Los ensayos muestran reducciones de PA, aunque la respuesta varía y sigue siendo limitada la evidencia sobre infarto, accidente cerebrovascular o mortalidad. No es curativa ni garantiza suspender la medicación; exige decisión compartida y centros experimentados.
Una secuencia para tomar decisiones
La persistencia de cifras elevadas de PA pese al uso de varios antihipertensivos no siempre significa que sea necesario incorporar otro medicamento. El consenso del ACC de 2026 plantea que, antes de avanzar hacia nuevas alternativas terapéuticas, es fundamental revisar cómo se lleva a cabo la medición, confirmar que se trata de una resistencia verdadera e identificar los factores que pueden estar dificultando el control.
El documento también destaca que el abordaje no depende únicamente de la elección de los fármacos. La adherencia, las intervenciones sobre el estilo de vida, la coordinación entre profesionales y el uso adecuado de las tecnologías forman parte de una estrategia integral. Más que proponer una solución única, el ACC ofrece una secuencia de decisiones para adaptar el tratamiento a cada paciente y mejorar el control de la HTA en la práctica clínica.
Comentario experto a cargo del Dr. Nicolás Federico Renna*
El documento de consenso del American College of Cardiology, publicado en JACC en octubre de 2026, propone un proceso estructurado para mejorar el control de la hipertensión arterial en pacientes que permanecen fuera de los objetivos terapéuticos pese a recibir múltiples fármacos.
Antes de intensificar el tratamiento, recomienda confirmar la verdadera resistencia mediante mediciones estandarizadas, evaluación fuera del consultorio, revisión de la adherencia y búsqueda de causas secundarias, particularmente hiperaldosteronismo primario. Su contribución consiste en orientar decisiones clínicas, sin establecer nuevas metas tensionales.
En el plano terapéutico, reafirma la optimización de las combinaciones farmacológicas, incluidos los antagonistas del receptor mineralocorticoide. Contempla la denervación renal como alternativa complementaria en pacientes seleccionados, aunque su incorporación no reemplaza los pilares del tratamiento ni garantiza mejores resultados clínicos.
El consenso identifica la inercia terapéutica y las dificultades de implementación como barreras relevantes. Destaca el seguimiento estructurado, los equipos multidisciplinarios y las estrategias de adherencia. El mensaje central es distinguir la hipertensión aparentemente resistente de la verdadera resistencia farmacológica y optimizar las intervenciones disponibles antes de incorporar nuevos tratamientos para lograr un control tensional sostenido.
Fuente: Davis LL, Yang E, Blyler CA, Cluett JL, Cohen JB, Juraschek SP, et al. Optimizing blood pressure care in patients with resistant hypertension: 2026 ACC expert consensus decision pathway: a report of the American College of Cardiology Solution Set Oversight Committee. J Am Coll Cardiol. 2026. doi:10.1016/j.jacc.2026.08.028. https://doi.org/10.1016/j.jacc.2026.08.028