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Publicado el 25 de enero de 2026

Revisión

Equilibrio energético y metabólico: claves para una nutrición clínica eficaz

La malnutrición se intensifica en contextos críticos, geriátricos y de enfermedades crónico-degenerativas. Restablecer el equilibrio energético-metabólico con una combinación de proteína aislada de soya, ácidos grasos Omega-3/Omega-6 en proporción óptima y prebióticos como los FOS es una herramienta para mejorar la recuperación clínica, acelerar la cicatrización y reforzar la respuesta inmunitaria.

Introducción

En algunas series, hasta el 65 % de los pacientes hospitalizados presenta algún grado de malnutrición, cifra que se incrementa notablemente en las subpoblaciones de pacientes críticos, geriátricos y aquellos con enfermedades crónico-degenerativas. 

En España, por ejemplo, el estudio EuroOOPS encontró que el riesgo de desnutrición entre hospitalizados era del 32,6 %. En México, en particular, se calcula una prevalencia de desnutrición entre adultos hospitalizados del 25,2 %; este grupo, en comparación con los pacientes que no presentan desnutrición, tiene un riesgo de mortalidad hasta 2,64 veces mayor.

La relación bidireccional entre enfermedad y desnutrición agrava el curso clínico, prolonga la estancia hospitalaria, incrementa las complicaciones infecciosas y disminuye la respuesta al tratamiento. En este contexto, el soporte nutricional ha evolucionado para reconocerse como una intervención terapéutica que impacta en la salud general, la recuperación, la función inmunitaria y la calidad de vida.

El concepto de equilibrio energético-metabólico integra no solo el balance entre aporte y gasto energético, sino también la optimización de la composición de macronutrientes, la modulación inmunitaria a través de componentes bioactivos, la preservación de la masa muscular y la regulación de la microbiota intestinal.

En el marco de una enfermedad aguda o crónica, los mecanismos reguladores se alteran y la respuesta metabólica al estrés genera un estado catabólico caracterizado por incremento del gasto energético, resistencia insulínica, proteólisis acelerada y disfunción mitocondrial. Este fenómeno es denominado "metabolaging" cuando ocurre asociado al envejecimiento.

La modulación de la composición microbiana a través de prebióticos específicos y la optimización de la relación Omega-3/Omega-6 son estrategias integrales para restaurar el equilibrio metabólico en condiciones de enfermedad.

Alteraciones del equilibrio energético en poblaciones específicas

En la población mexicana, la alteración del equilibrio energético-metabólico se caracteriza por la presencia de inseguridad alimentaria en un rango de 26-44 % de los hogares mexicanos. Además, la desnutrición es más prevalente en niños menores de 5 años y adultos mayores.

Una de las causas subyacentes en México es la dificultad de gran parte de la población para alcanzar los requerimientos nutricionales diarios. Se calcula que 30,6 % de los preescolares tiene deficiencia de hierro y 17,4 % tiene deficiencia de vitamina B12.

En cuanto a la deficiencia de vitamina D, un grupo de pacientes de un hospital en la Ciudad de México, el 62,4 % presentó deficiencia y el 30,8 % insuficiencia, lo que representa que más del 90 % de los pacientes evaluados mostró alteraciones en sus niveles séricos. Y también se reportan deficiencias de vitamina E y zinc.

·       Pacientes geriátricos: La disminución progresiva de la tasa metabólica basal, estimada en aproximadamente 1-2 % por década después de los 30 años, predispone al aumento de masa grasa y resistencia insulínica. Este declive metabólico se acompaña de sarcopenia y aumento del tejido adiposo. Por otro lado, el deterioro de la microbiota intestinal con la edad constituye un factor adicional de importancia clínica. Los adultos mayores presentan reducciones significativas en productores de butirato como Faecalibacterium y Roseburia, con incremento paralelo de bacterias potencialmente dañinas.

·       Enfermedades crónico-degenerativas: La diabetes mellitus tipo 2, las enfermedades cardiovasculares y las patologías neurodegenerativas comparten como denominador común la alteración del equilibrio metabólico a nivel celular y sistémico. El concepto de “sobreoferta metabólica” describe el estado fisiológico en el que la disponibilidad de sustratos energéticos excede las necesidades tisulares, promoviendo fragmentación mitocondrial, estrés oxidativo y daño al material genético mitocondrial. Esta condición, característica de la obesidad y la diabetes, contrasta con la “suboferta metabólica” inducida por la restricción calórica o el ejercicio físico. En las enfermedades cardiovasculares, la relación Omega-3/Omega-6 es un factor modulador crítico. Una relación óptima de 2:1 a 4:1 entre Omega-6 y Omega-3 tiene beneficios significativos en la reducción de la inflamación sistémica.

·       Pacientes en contexto de postcirugía: Los requerimientos energéticos en los pacientes intervenidos varían considerablemente. En la fase de recuperación, el objetivo energético debe incrementarse progresivamente hasta 80-100 % de los requerimientos estimados para contribuir a la recuperación y a la cicatrización.

Componentes de los suplementos orales nutricionales que influyen en el restablecimiento del equilibrio metabólico

Los suplementos nutricionales orales (SNO) son formulaciones que integran nutrientes de alta calidad y componentes bioactivos para optimizar la recuperación metabólica.

Entre los componentes de los SNO, hay tres que resultan particularmente importantes en el marco del restablecimiento del equilibrio metabólico.

1. Proteína aislada de soya

La proteína aislada de soya es una fuente proteica de origen vegetal. Tiene una digestibilidad del 95 %, comparable a las proteínas de origen animal, y proporciona un perfil de aminoácidos esenciales completo, conteniendo 8 g de leucina por 100 g de proteína.

Esta proteína contiene isoflavonas bioactivas que le confieren propiedades antiinflamatorias y antioxidantes.

La proteína aislada de soya mejora el metabolismo lipídico hepático en contextos de disfunción metabólica. Sus efectos no se explican por cambios en el peso corporal, sino por la activación de las vías de oxidación de los ácidos grasos (incremento de ACOX1) y aumento del transporte/exportación lipídica desde el hígado.

2. Ácidos grasos omega-3 y omega-6

Los ácidos grasos poliinsaturados (PUFA) Omega-3 y Omega-6 constituyen componentes de modulación de la respuesta inflamatoria sistémica.

La incorporación de EPA (ácido eicosapentaenoico) y DHA (ácido docosahexaenoico) en membranas celulares altera la composición de los lípidos de membrana, favoreciendo la liberación preferencial de EPA sobre ácido araquidónico (AA, Omega-6) en respuesta a estímulos de estrés o lesión.

Los eicosanoides derivados de EPA (prostaglandinas serie 3 y leucotrienos serie 5) exhiben potencial inflamatorio significativamente menor comparado con aquellos derivados de AA, resultando en una reducción de la inflamación sistémica cuando la relación Omega-3/Omega-6 se optimiza. Una relación óptima de 2:1 a 4:1 ha demostrado beneficios clínicos específicos.

3. Fructooligosacáridos (FOS)

Los fructooligosacáridos (FOS) constituyen una clase de carbohidratos no digeribles (oligosacáridos formados por glucosa y moléculas de fructosa unidas por enlaces glucosídicos β(2-1)) que actúan como sustrato selectivo para bacterias del colon.

El efecto bifidogénico de los FOS ha sido ampliamente documentado. La ingesta de FOS incrementa la abundancia relativa de Bifidobacterium y Lactobacillus. Más importante aún, incrementa las bacterias productoras de butirato, como FaecalibacteriumRuminococcus y Oscillospira. El butirato constituye un compuesto antiinflamatorio sistémico y modulador de la diferenciación de las células T regulatorias.

El impacto de los FOS en la inmunidad no es menor. Mejora los marcadores de la función inmunitaria, incrementando la inmunoglobulina A (IgA) secretora [MBT1] y la actividad de las células natural killer (NK).

Dos efectos clínicos asociados con el restablecimiento del equilibrio metabólico

La combinación sinérgica de proteína de soya, Omega-3 y FOS representa un enfoque multimodal para restaurar el equilibrio energético-metabólico. La eficacia se lograría mediante aproximaciones integradas que aborden simultáneamente síntesis proteica, perfil inflamatorio sistémico y composición microbiana.​

  • Cicatrización

El impacto en la cicatrización es significativo cuando se integran estos componentes. Formulaciones que combinan proteína de soya enriquecida, Omega-3/Omega-6 optimizados y FOS han demostrado mejoras superiores en la cicatrización comparado con formulaciones conteniendo solo macronutrientes. Esto resulta importante en contextos de heridas que se asocian también a estrés, como podrían ser las asociadas a cirugía.

El mecanismo integrado involucra: (1) provisión de un sustrato proteico para síntesis de colágeno y proliferación de fibroblastos vía proteína de soya, (2) modulación antiinflamatoria óptima vía relación Omega-3/Omega-6, favoreciendo síntesis local de mediadores proinflamatorios necesarios pero controlados, y (3) potenciación de la función inmunitaria de la mucosa intestinal y sistémica vía FOS

Los requerimientos energéticos en pacientes con heridas superan las 30-35 kcal/kg/día, pudiendo alcanzar hasta 40 kcal/kg/día en úlceras por presión de estadio 2 o superior.

El aporte proteico adecuado resulta necesario para la síntesis de colágeno y la proliferación de los fibroblastos. Las recomendaciones actuales son de 1,25-1,5 g/kg/día para úlceras por presión estadio 1, incrementándose a >1,5 g/kg/día en estadios superiores. La proteína de soya, con contenido de leucina de 8 g/100 g proteína y propiedades antioxidantes estimula mTORC1 y simultáneamente reduce el estrés oxidativo que compromete la cicatrización.​

La modulación antiinflamatoria mediante Omega-3/Omega-6 es igualmente crítica en la cicatrización. Una relación Omega-3/Omega-6 óptima (2-3:1) resulta en eicosanoides antiinflamatorios que modulan la intensidad de respuesta, mientras se preserva la funcionalidad reparadora.​

Los FOS potencian indirectamente la cicatrización. El incremento en los productores de butirato mejora la integridad de la barrera intestinal, reduciendo la translocación bacteriana que perpetúa la inflamación sistémica. Paralelamente, el incremento en IgA secretoria mejora la defensa de la mucosa contra los patógenos entéricos.

  • Fortalecimiento del sistema inmune

La proteína aislada de soya ejerce efectos inmunomoduladores a través de múltiples vías. Las isoflavonas genisteína y daidzeína atraviesan la barrera intestinal, inhibiendo la translocación nuclear de NF-κB, el factor transcripcional de respuesta proinflamatoria.

Los ácidos grasos Omega-3 son inmunomoduladores en múltiples niveles. EPA y DHA reducen significativamente las citoquinas proinflamatorias como IL-6, TNF-α e IL-1β.

El butirato derivado de los FOS es un metabolito para la homeostasis. Este ácido graso de cadena corta (AGCC) producido por la fermentación bacteriana de los FOS actúa como un ligando para los receptores acoplados a la proteína G (GPCR) expresados en las células epiteliales intestinales y linfocitos. El butirato promueve la diferenciación de células T regulatorias foxp3+ e incrementa la producción de IL-10 antiinflamatoria.

Metanálisis de intervenciones con Omega-3 en cáncer gástrico documentaron no solo reducciones en las complicaciones infecciosas, sino también reducciones en las estancias hospitalarias.

Conclusiones

La nutrición clínica moderna reconoce que los requerimientos nutricionales son altamente individualizados, variando según la edad, la composición corporal y la respuesta metabólica individual.

Así, la personalización del soporte nutricional oral debe considerar la composición de la proteína seleccionada, el perfil de ácidos grasos optimizando la relación Omega-3/Omega-y la inclusión de prebióticos, como los FOS.

En pacientes con riesgo nutricional elevado, la inclusión de los FOS se recomienda para potenciar los efectos de la intervención proteica. Los FOS han demostrado seguridad con dosis de 2,5-10 g/día, siendo bien tolerados en adultos mayores y pacientes críticos.

En contextos de cicatrización comprometida, la selección de la proteína aislada de soya sobre otras fuentes proteicas ofrece la ventaja adicional de las isoflavonas.

El monitoreo sistemático mediante parámetros antropométricos, bioquímicos, funcionales y de composición microbiana (cuando es técnicamente viable) permite evaluar la efectividad de la intervención y realizar ajustes oportunos.

El equilibrio energético-metabólico constituye un determinante de los resultados clínicos en los pacientes hospitalizados, geriátricos y con enfermedades crónico-degenerativas. La malnutrición no representa simplemente una consecuencia pasiva de la enfermedad, sino un factor de riesgo independiente y modificable que impacta en la mortalidad, las complicaciones infecciosas, la cicatrización, la función inmunitaria y la recuperación funcional.

La combinación estratégica de proteína aislada de soya, ácidos grasos Omega-3 y Omega-6 en relación optimizada (2-4:1) y fructooligosacáridos produce beneficios que superan los de las intervenciones individuales aisladas. Las formulaciones enriquecidas con estos componentes son herramientas terapéuticas integrales que permiten alcanzar simultáneamente el equilibrio energético-metabólico, la modulación inmunitaria, la optimización de la barrera intestinal y la restauración de una microbiota funcional.