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Publicado el 17 de septiembre de 2026

Drogas sintéticas bajo la lupa

Colombia: qué es el tusi y por qué generó una alerta en Medellín

Una serie de casos de daño vascular severo asociados al consumo de esta sustancia encendió las alarmas. Las autoridades investigan qué contienen las nuevas formulaciones de la "cocaína rosada", mientras advierten que las mezclas pueden incluir hasta nueve compuestos diferentes y provocar complicaciones potencialmente devastadoras.

Fuente: IntraMed

Tusi podría ser el cariñoso apelativo de un gato ronroneante, pero no. Es la derivación fonética del nombre de la sustancia 2C-B ("two-c-b") que ya tiene 50 años: fue desarrollada en la década de 1970 por el químico estadounidense Alexander Shulgin, y forma parte de  las fenetilaminas psicodélicas. Pero ni siquiera es eso lo que tiene a Medellín patas para arriba: por lo que se detectó en estudios cromatógraficos, el tusi, también llamado cocaína rosada, suele ser (pero nunca se sabe realmente) una mezcla cambiante de sustancias…  Lo explica clarito en su sitio web “Échele cabeza…”, una ONG colombiana pionera en América Latina en el trabajo de reducción de riesgos y mitigación de daños asociados al consumo recreativo de sustancias psicoactivas. “En los primeros análisis de sustancias que realizamos entre 2012 y 2015, encontramos que algunas muestras de tusi rosado sí contenían pequeñas cantidades de 2C-B, generalmente alrededor del 5% (…). Hoy en día, las muestras que analizamos (…) rara vez contienen 2C-B; podría decirse que su presencia es prácticamente nula. Lo que actualmente circula bajo el nombre de ‘tusi’ en Colombia corresponde más bien a mezclas variables e impredecibles de sustancias como ketamina, MDMA, MDA, cafeína, cocaína y otros compuestos o adulterantes, incluyendo medicamentos como benzodiacepinas, e incluso opioides como la oxicodona, cuya presencia reportamos desde 2022”, señala el texto y resalta: “Un tusi nunca es igual al otro”. Esta vez la negrita sí es de ellos, y no es un dato menor, porque, desde el punto de vista de la salud pública, esa variabilidad dificulta predecir efectos; establecer dosis; diagnosticar intoxicaciones y diseñar respuestas clínicas estandarizadas.

El texto destaca también que la falta de regulación y de control de calidad en mercados prohibidos, y el escaso monitoreo de sustancias, dificultan identificar los riesgos reales del consumo. Y no es una novedad en términos generales, pero esta vez fue diferente, porque algunas versiones de tusi fueron mucho más que un alucinógeno. No está claro aún qué es lo que realmente ocurre, pero la hipótesis que investigan médicos y autoridades es que algunas mezclas recientes están incorporando sustancias capaces de producir vasoconstricción intensa o daño vascular, y reduciendo así el flujo sanguíneo hacia las extremidades… a tal punto que una de las personas afectadas, según declaraciones de la secretaria de Salud de Medellín,  Natalia López Delgado, al multimedio Caracol, "requirió amputación de uno de sus miembros inferiores, debido a que esta sustancia ha producido una isquemia o una alteración vascular en miembros inferiores”.  

Breve cronología

El primer caso respecto del cual se reportaron daños vasculares severos, en lugar de los efectos alucinógenos o estimulantes habituales, se reportó el 24 de febrero; para finales de mayo ya se habían identificado 18 personas afectadas (15 hombres y tres mujeres) en Medellín, Bello e Itagüí. El 25 de mayo, en sus redes sociales, la Asociación Colombiana de Medicina  Vascular publicaba  una alerta: “La Asociación Colombiana de Medicina Vascular (ACMV) manifiesta su profunda preocupación ante el incremento sostenido de casos de isquemia, trombosis y daño orgánico en pacientes jóvenes (el destacado es nuestro) secundario al consumo de esta sustancia psicoactiva y sus peligrosos adulterantes (ketamina, MDMA, entre otros)”, señala el texto.

El 26 de mayo, la Secretaría de Salud de Medellín emitió un documento interno (Circular No. 202660000101), y al día siguiente el Ministerio de Justicia, concretamente el Sistema de Alertas Tempranas (SAT) del Observatorio de Drogas de Colombia, un comunicado en el que llama “a las autoridades de salud del país a fortalecer la vigilancia de casos, la prevención y la reducción de riesgos ante las alertas (el destacado es nuestro) por graves daños vasculares y nuevas afectaciones a la salud” asoc​iadas al consumo de tusi.

Por su parte, el Ministerio de Salud y el  Instituto Nacional de Salud (INS) emitieron un comunicado técnico conjunto titulado "Riesgos asociados al consumo de sustancias comercializadas como 'tusi', 'tusibí' o 'cocaína rosada'".  El documento se propone brindar “orientaciones para la implementación de acciones de reducción de riesgos y daños” para el personal y los servicios de salud, para las autoridades sanitarias  y para dispositivos comunitarios.

Pero en “Échele cabeza” no son muy optimistas: “No conocemos estrategias masivas de alto impacto de prevención o reducción de daños en consumo de tusi en Colombia que sean impulsadas por la institucionalidad pública. Pese a que se conoce este fenómeno hace más de 10 años, ni siquiera aparece en las encuestas de poblaciones de consumo”, señala, ente otras cosas, el texto, y agrega: “Fuimos nosotros quienes advertimos al país durante más de una década las principales tendencias, mezclas, daños del tusi, así como sus consecuencias, y hoy desafortunadamente la tendencia lo ratifica: ‘El tusi, es el basuco de la generación de centennials’, y apenas estamos empezando a ver los daños individuales y sociales de esta sustancia”. Señalan además un factor importante: “todavía persiste un fuerte estigma hacia la reducción de daños, vista erróneamente por algunos sectores como un enfoque permisivo y no como una estrategia basada en salud pública y evidencia científica”.  Y cierran así: “Para prevenir más casos es fundamental invertir en estrategias de análisis de sustancias que lleguen directamente a los territorios y a los lugares donde ocurre el consumo, mediante unidades móviles y servicios comunitarios de reducción de riesgos y daños. También es urgente hablar en colegios, universidades y espacios juveniles sobre los riesgos reales del tusi, sin moralismos ni prejuicios, pero sí con evidencia científica y enfoque de salud pública. Además, el Estado debe fortalecer y financiar a las organizaciones comunitarias que ya trabajan en análisis de sustancias y alertas tempranas. La política de drogas no puede quedarse en documentos o discursos: debe traducirse en investigación, prevención y presencia real en los territorios”. Y, de nuevo, en este caso las negritas sí son de ellos…