Con frecuencia se piensa que la malaria es cosa del pasado, pero no: sigue siendo una de las infecciones parasitarias más importantes del mundo y Colombia es uno de los países más afectados de América Latina. De hecho, así arrancaba el Boletín Epidemiológico de la semana 16 (19 al 25 de abril de 2026): “La malaria es un evento de interés prioritario en salud pública en Colombia (el destacado es nuestro), debido a su impacto en poblaciones vulnerables y a la persistencia de focos de transmisión en diferentes regiones del país.” Añadía que, a la semana epidemiológica 14, ya se habían acumulado 14.899 casos, y resaltaba que eso implica “una reducción del 34 % en comparación con el mismo periodo de 2025”; sin embargo –destacaba– el país mantiene una alta carga de enfermedad y, “a pesar de la tendencia general descendente, se identifican municipios con incremento de casos”. Y, según el Ministerio de Salud “…cerca del 66 % de los municipios presentan algún nivel de riesgo para la transmisión de malaria, debido a condiciones climáticas, ecológicas y sociales que favorecen la presencia del mosquito transmisor y la circulación del parásito.” Geográficamente, las regiones más afectadas son la costa Pacífica, los valles de los ríos Cauca y Sinú, la Amazonía y la Orinoquia, territorios donde habitan comunidades indígenas y afrodescendientes que históricamente han tenido menor acceso al sistema de salud.
Repasemos: la malaria (también conocida como paludismo) está causada por parásitos del género Plasmodium, y según el Boletín Epidemiológico, los datos de este año muestran que predomina la infección por P. vivax con 76,5 %, seguido de P. falciparum con 22,4 %; no se han encontrado focos de P. malariae (veremos por qué importan estos porcentajes). Esos parásitos se transmiten a las personas por la picadura de las hembras de mosquitos Anopheles infectados, llegan al hígado y se multiplican. Luego invaden los glóbulos rojos, y su destrucción provoca fiebre alta, escalofríos, sudoración, dolor de cabeza y anemia. Sin tratamiento oportuno, puede evolucionar hacia formas graves, con compromiso cerebral, insuficiencia renal, dificultad respiratoria o incluso, muerte.
Por todo esto, bienvenida la iniciativa de la Universidad de Antioquia (UdeA). Según informa en su portal institucional, en mayo, la Planta de Producción de Medicamentos Esenciales de la universidad comenzó a fabricar cloroquina a escala industrial. Se trata de la única planta pública universitaria de Colombia autorizada por el del Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (INVIMA) para producirla. Bienvenida porque, aunque este medicamento dejó de utilizarse para tratar la malaria causada por P. falciparum, debido a la aparición de resistencia, continúa siendo el tratamiento de primera línea para las infecciones por Plasmodium vivax, la especie responsable de la mayoría de los casos de malaria en el conjunto de las Américas.
Según informa la nota de la UdeA, Wber Ríos Ortiz, decano de la Facultad de Ciencias Farmacéuticas y Alimentarias de la UdeA, se logró después tres años de investigación y en trabajo articulado con los ministerios de Salud y Protección Social y de Ciencia, Tecnología e Innovación. Se habían propuesto fabricar 1.200.000 tabletas de un medicamento que, históricamente, Colombia había tenido que importar. Y el 25 de junio de 2025 habían logrado el registro de INVIMA.
La otra buena noticia es que la producción, que recibió una inversión de $2.000 millones de pesos del Fondo de Investigación en Salud de Colombia, no se quedará en el país: será distribuida por el Fondo Estratégico de la OPS, de acuerdo con las necesidades regionales. Aclaremos por las dudas: el Fondo Estratégico de la OPS es un mecanismo de compra conjunta creado para facilitar a los países de la región el acceso a medicamentos esenciales, vacunas y otros insumos estratégicos de salud pública. Al concentrar la demanda de varios países, negocia mejores condiciones de adquisición y ayuda a garantizar el abastecimiento de productos que, en ocasiones, tienen pocos fabricantes o escasa disponibilidad. Y en ese contexto, explicó Ríos Ortiz, luego de una evaluación conjunta de las necesidades, se decidió incrementar la cantidad, y el primer lote de producción llegó a 1.700.000 tabletas, que hace pocos días, el 16 de julio, fueron entregadas a la OPS.
En el marco del mismo convenio con el Ministerio de Salud y Protección Social y el de Ciencia, Tecnología e Innovación, está prevista la producción a escala industrial de otros tres medicamentos antiparasitarios, que –como la cloroquina–, permiten tratar enfermedades que afectan principalmente a países de ingresos bajos y medios, donde la producción suele concentrarse en muy pocos fabricantes y son frecuentes los problemas de abastecimiento.Se trata de benznidazol (específico para la enfermedad de Chagas); praziquantel (para combatir la esquistosomiasis, enfermedad tropical desatendida que afecta a más de 250 millones de personas) y niclosamida (se emplea principalmente para tratar tenias intestinales).
A este convenio se suma uno que había sido firmado en 2024 después de que, como informamos en ese momento en IntraMed Colombia terminó de ganar una batalla legal para poder hacer uso de la licencia obligatoria del genérico dolutegravir, “tratamiento preferido de la infección por VIH en todas las poblaciones”, según la OMS. Era fundamental, porque en ese momento permitía acceder al medicamento por $15.000, en lugar de pagar a los laboratorios $450.000. Pero ahora se avanza un nuevo paso: “bajo esa excepción –informaba la UdeA en 2024- se comenzó el proceso de investigación, desarrollo, producción, registro y comercialización de dolutegravir triconjugado”. Se trata de un medicamento utilizado como tratamiento de primera línea para el VIH, en el que se combina en un solo comprimido dolutegravir con lamivudina y tenofovir. Esto importa por dos motivos.
Desde el punto de vista de la eficacia del tratamiento, el dolutegravir bloquea la enzima integrasa, que el VIH necesita para insertar su material genético en las células humanas. La lamivudina y el tenofovir, por su parte, inhiben la transcriptasa inversa, otra enzima esencial para que el virus se replique. Y la monodosis favorece la adherencia y reduce el riesgo de olvidos. Al actuar sobre dos etapas distintas del ciclo de vida del VIH, la combinación aumenta la eficacia del tratamiento, dificulta la aparición de resistencia, y ayuda a mantener la carga viral indetectable. El objetivo es obtener el registro sanitario de INVIMA en el curso de este año.
La producción y la entrega de la cloroquina a la OPS fueron el primer resultado tangible de esa estrategia. Los otros medicamentos están todavía en distintas etapas de desarrollo, pero todos apuntan al mismo objetivo: reducir la dependencia del país de un puñado de fabricantes internacionales para el acceso a medicamentos esenciales.
Publicado el 24 de septiembre de 2026
Buenas noticias
Colombia: la Universidad de Antioquia produjo el primer lote público de un medicamento clave para la malaria
Es el primero de varios medicamentos estratégicos que la institución desarrolla para fortalecer la soberanía farmacéutica del país.
Fuente: IntraMed
Con frecuencia se piensa que la malaria es cosa del pasado, pero no: sigue siendo una de las infecciones parasitarias más importantes del mundo y Colombia es uno de los países más afectados de América Latina. De hecho, así arrancaba el Boletín Epidemiológico de la semana 16 (19 al 25 de abril de 2026): “La malaria es un evento de interés prioritario en salud pública en Colombia (el destacado es nuestro), debido a su impacto en poblaciones vulnerables y a la persistencia de focos de transmisión en diferentes regiones del país.” Añadía que, a la semana epidemiológica 14, ya se habían acumulado 14.899 casos, y resaltaba que eso implica “una reducción del 34 % en comparación con el mismo periodo de 2025”; sin embargo –destacaba– el país mantiene una alta carga de enfermedad y, “a pesar de la tendencia general descendente, se identifican municipios con incremento de casos”. Y, según el Ministerio de Salud “…cerca del 66 % de los municipios presentan algún nivel de riesgo para la transmisión de malaria, debido a condiciones climáticas, ecológicas y sociales que favorecen la presencia del mosquito transmisor y la circulación del parásito.” Geográficamente, las regiones más afectadas son la costa Pacífica, los valles de los ríos Cauca y Sinú, la Amazonía y la Orinoquia, territorios donde habitan comunidades indígenas y afrodescendientes que históricamente han tenido menor acceso al sistema de salud.
Repasemos: la malaria (también conocida como paludismo) está causada por parásitos del género Plasmodium, y según el Boletín Epidemiológico, los datos de este año muestran que predomina la infección por P. vivax con 76,5 %, seguido de P. falciparum con 22,4 %; no se han encontrado focos de P. malariae (veremos por qué importan estos porcentajes). Esos parásitos se transmiten a las personas por la picadura de las hembras de mosquitos Anopheles infectados, llegan al hígado y se multiplican. Luego invaden los glóbulos rojos, y su destrucción provoca fiebre alta, escalofríos, sudoración, dolor de cabeza y anemia. Sin tratamiento oportuno, puede evolucionar hacia formas graves, con compromiso cerebral, insuficiencia renal, dificultad respiratoria o incluso, muerte.
Por todo esto, bienvenida la iniciativa de la Universidad de Antioquia (UdeA). Según informa en su portal institucional, en mayo, la Planta de Producción de Medicamentos Esenciales de la universidad comenzó a fabricar cloroquina a escala industrial. Se trata de la única planta pública universitaria de Colombia autorizada por el del Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (INVIMA) para producirla. Bienvenida porque, aunque este medicamento dejó de utilizarse para tratar la malaria causada por P. falciparum, debido a la aparición de resistencia, continúa siendo el tratamiento de primera línea para las infecciones por Plasmodium vivax, la especie responsable de la mayoría de los casos de malaria en el conjunto de las Américas.
Según informa la nota de la UdeA, Wber Ríos Ortiz, decano de la Facultad de Ciencias Farmacéuticas y Alimentarias de la UdeA, se logró después tres años de investigación y en trabajo articulado con los ministerios de Salud y Protección Social y de Ciencia, Tecnología e Innovación. Se habían propuesto fabricar 1.200.000 tabletas de un medicamento que, históricamente, Colombia había tenido que importar. Y el 25 de junio de 2025 habían logrado el registro de INVIMA.
La otra buena noticia es que la producción, que recibió una inversión de $2.000 millones de pesos del Fondo de Investigación en Salud de Colombia, no se quedará en el país: será distribuida por el Fondo Estratégico de la OPS, de acuerdo con las necesidades regionales. Aclaremos por las dudas: el Fondo Estratégico de la OPS es un mecanismo de compra conjunta creado para facilitar a los países de la región el acceso a medicamentos esenciales, vacunas y otros insumos estratégicos de salud pública. Al concentrar la demanda de varios países, negocia mejores condiciones de adquisición y ayuda a garantizar el abastecimiento de productos que, en ocasiones, tienen pocos fabricantes o escasa disponibilidad. Y en ese contexto, explicó Ríos Ortiz, luego de una evaluación conjunta de las necesidades, se decidió incrementar la cantidad, y el primer lote de producción llegó a 1.700.000 tabletas, que hace pocos días, el 16 de julio, fueron entregadas a la OPS.
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En el marco del mismo convenio con el Ministerio de Salud y Protección Social y el de Ciencia, Tecnología e Innovación, está prevista la producción a escala industrial de otros tres medicamentos antiparasitarios, que –como la cloroquina–, permiten tratar enfermedades que afectan principalmente a países de ingresos bajos y medios, donde la producción suele concentrarse en muy pocos fabricantes y son frecuentes los problemas de abastecimiento.Se trata de benznidazol (específico para la enfermedad de Chagas); praziquantel (para combatir la esquistosomiasis, enfermedad tropical desatendida que afecta a más de 250 millones de personas) y niclosamida (se emplea principalmente para tratar tenias intestinales).
A este convenio se suma uno que había sido firmado en 2024 después de que, como informamos en ese momento en IntraMed Colombia terminó de ganar una batalla legal para poder hacer uso de la licencia obligatoria del genérico dolutegravir, “tratamiento preferido de la infección por VIH en todas las poblaciones”, según la OMS. Era fundamental, porque en ese momento permitía acceder al medicamento por $15.000, en lugar de pagar a los laboratorios $450.000. Pero ahora se avanza un nuevo paso: “bajo esa excepción –informaba la UdeA en 2024- se comenzó el proceso de investigación, desarrollo, producción, registro y comercialización de dolutegravir triconjugado”. Se trata de un medicamento utilizado como tratamiento de primera línea para el VIH, en el que se combina en un solo comprimido dolutegravir con lamivudina y tenofovir. Esto importa por dos motivos.
Desde el punto de vista de la eficacia del tratamiento, el dolutegravir bloquea la enzima integrasa, que el VIH necesita para insertar su material genético en las células humanas. La lamivudina y el tenofovir, por su parte, inhiben la transcriptasa inversa, otra enzima esencial para que el virus se replique. Y la monodosis favorece la adherencia y reduce el riesgo de olvidos. Al actuar sobre dos etapas distintas del ciclo de vida del VIH, la combinación aumenta la eficacia del tratamiento, dificulta la aparición de resistencia, y ayuda a mantener la carga viral indetectable. El objetivo es obtener el registro sanitario de INVIMA en el curso de este año.
La producción y la entrega de la cloroquina a la OPS fueron el primer resultado tangible de esa estrategia. Los otros medicamentos están todavía en distintas etapas de desarrollo, pero todos apuntan al mismo objetivo: reducir la dependencia del país de un puñado de fabricantes internacionales para el acceso a medicamentos esenciales.