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Publicado el 21 de julio de 2026

Avance en vacunación para mayores

Clostridioides difficile: presentan evidencia de la primera vacuna preventiva global

La infección por Clostridioides difficile es la principal causa de diarrea nosocomial en países de ingresos altos, afectando con especial severidad a los adultos mayores. Frente a este desafío de salud pública, Argentina participa activamente del Estudio BEETHOVEN, un ensayo clínico internacional de fase 3 que evalúa la eficacia de la primera vacuna desarrollada para prevenir esta enfermedad en personas de 65 años o más.

Taxonomía y características microbiológicas

Clostridioides difficile —anteriormente clasificado como Clostridium difficile y rebautizado en 2016 tras una revisión taxonómica basada en análisis filogenómicos— es un bacilo grampositivo, anaerobio estricto y formador de esporas de amplia distribución ambiental.

Su capacidad de producir esporas altamente resistentes le permite persistir en superficies hospitalarias durante semanas a meses, conservando su potencial infeccioso frente a los desinfectantes de uso habitual, incluido el alcohol al 70%. Esta resistencia ambiental lo diferencia de la mayoría de los patógenos nosocomiales y explica su capacidad para generar brotes en un mismo establecimiento de salud, así como para reinfectar a pacientes dados de alta tras tratamientos antibióticos prolongados.

La combinación de esporulación eficiente, transmisión fecal-oral y capacidad de colonizar el tubo digestivo alterado lo convierte en uno de los agentes más difíciles de erradicar en el entorno clínico.

Mecanismo patogénico: disbiosis y toxinas

La fisiopatología de la infección por C. difficile (ICD) comienza con la alteración de la microbiota colónica como consecuencia de la exposición a antibióticos de amplio espectro —particularmente clindamicina, cefalosporinas de segunda y tercera generación, fluoroquinolonas y aminopenicilinas—, que eliminan las bacterias comensales protectoras y permiten la proliferación del patógeno a partir de esporas ambientales o de la flora endógena.

Una vez establecida, la bacteria libera dos exotoxinas principales: la toxina A (TcdA) y la toxina B (TcdB).La toxina B se considera el principal factor de virulencia, con una citotoxicidad aproximadamente 1.000 veces mayor que la de la toxina A, y es responsable de las formas más graves de la enfermedad, incluida la colitis pseudomembranosa. Ambas toxinas actúan glucosilando las GTPasas de la familia Rho en las células epiteliales del colon, lo que provoca la desorganización del citoesqueleto de actina, la pérdida de las uniones estrechas y la muerte celular por apoptosis o necrosis.

Epidemiología global

La carga global de la ICD es considerable y conlleva costos asistenciales significativos.

En los Estados Unidos, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) estimó aproximadamente 500.000 casos anuales, con alrededor de 30.000 muertes atribuibles, lo que la convierte en la principal causa de diarrea infecciosa nosocomial en países de altos ingresos.

En Europa, los datos de vigilancia de la Red Europea de Prevención y Control de Enfermedades (ECDC) sitúan la incidencia entre 2,5 y 7,4 casos por 10.000 días-paciente en hospitales de agudos.

En América Latina, la información es más heterogénea y, en muchos casos, subestimada por la escasa disponibilidad de métodos diagnósticos de alta sensibilidad y por la falta de sistemas de vigilancia activa y estandarizados.

Situación epidemiológica en Argentina

En Argentina, la incidencia de ICD se estima entre 50 y 75 casos por cada 100.000 habitantes, aunque esta cifra probablemente subestima la carga real, ya que numerosos episodios de diarrea asociada a antibióticos no reciben confirmación etiológica mediante pruebas de laboratorio. 

Factores de riesgo: la edad como determinante central

Entre los factores de riesgo establecidos para la ICD se encuentran la hospitalización prolongada, la residencia en instituciones de cuidados crónicos, el uso de inhibidores de la bomba de protones, la inmunosupresión y, fundamentalmente, la exposición previa a antibióticos sistémicos.

El riesgo es marcadamente mayor en la población mayor: en adultos de 65 años o más hospitalizados, la posibilidad de contraer la infección asciende al 51%. Este fenómeno se explica por la convergencia de múltiples factores: la inmunosenescencia asociada al envejecimiento, la menor diversidad microbiótica basal, la frecuente polimedicación con antibióticos, la mayor prevalencia de comorbilidades y la mayor probabilidad de internaciones reiteradas. Además, los adultos mayores generan una respuesta inmune humoral menos robusta frente a las toxinas del patógeno, lo que contribuye tanto a las formas clínicas más severas como a una tasa de recurrencia que puede alcanzar el 20-30% tras el primer episodio.

Presentación clínica y espectro de severidad

La ICD se manifiesta en un espectro que va desde la diarrea leve-moderada hasta la colitis fulminante con compromiso vital. En su presentación inicial, el cuadro incluye diarrea de características acuosas (tres o más deposiciones blandas en 24 horas), dolor abdominal tipo cólico, distensión abdominal y fiebre.

La colitis pseudomembranosa, una forma intermedia de severidad, se caracteriza por la presencia de placas fibrinopurulentas sobre la mucosa colónica, visibles en la colonoscopia o en la tomografía computada.

Según los criterios de la Infectious Diseases Society of America (IDSA) y la Society for Healthcare Epidemiology of America (SHEA), actualizados en 2021, se define enfermedad severa cuando se presenta con leucocitosis mayor de 15.000 células/mm³ o creatinina sérica mayor de 1,5 mg/dL. La mortalidad a 30 días en formas severas o fulminantes puede superar el 40% en poblaciones de alto riesgo, con mayor incidencia en adultos mayores con comorbilidades graves.

Complicaciones: del megacolon tóxico a la sepsis

Cuando la infección progresa sin tratamiento oportuno o en huéspedes con factores predisponentes, pueden sobrevenir complicaciones graves que requieren manejo quirúrgico de urgencia.

El megacolon tóxico —dilatación del colon con un diámetro superior a 6 cm, asociada a toxicidad sistémica— constituye una emergencia abdominal de elevada mortalidad. La perforación intestinal, consecuencia de la necrosis transmural de la pared colónica, conduce a una peritonitis fecal de curso fulminante.

La bacteriemia y el shock séptico, aunque menos frecuentes dada la naturaleza anaerobia estricta del patógeno, pueden presentarse en el contexto de una barrera mucosa severamente comprometida. En estos casos extremos, la colectomía de urgencia o la ileostomía son las intervenciones quirúrgicas de rescate disponibles, aunque con resultados posoperatorios pobres en la población mayor.

Diagnóstico microbiológico

El diagnóstico de ICD requiere confirmación microbiológica mediante muestras de materia fecal no formadas. Los métodos disponibles incluyen la reacción en cadena de la polimerasa (PCR) para la detección de genes productores de toxinas (tcdA, tcdB), el ensayo de citotoxicidad en cultivo celular (considerado el estándar de referencia histórico), la detección del antígeno de glutamato deshidrogenasa (GDH) y los inmunoensayos para toxinas A y B.

Las guías IDSA/SHEA 2021 recomiendan un algoritmo diagnóstico en dos pasos: detección inicial de GDH, seguida de confirmación mediante PCR o inmunoensayo de toxinas.

El uso de la PCR como único test puede sobreestimar la incidencia al detectar portadores asintomáticos, lo cual es relevante en contextos de investigación clínica donde la definición de caso debe ser rigurosa.

Tratamiento actual y sus limitaciones

El tratamiento de primera línea recomendado para ICD moderada a severa es fidaxomicina oral (200 mg dos veces al día por 10 días), que demostró superioridad sobre vancomicina oral en la reducción de recurrencias en ensayos aleatorizados.

Para episodios no graves, la vancomicina oral (125 mg cada 6 horas durante 10 días) sigue siendo una alternativa válida. El metronidazol ha sido desplazado como tratamiento de primera línea por las guías internacionales debido a su menor eficacia.

Bezlotoxumab, un anticuerpo monoclonal dirigido contra la toxina B, aprobado por la FDA en 2016, reduce el riesgo de recurrencia en pacientes con factores de riesgo elevados, pero su acceso en América Latina es limitado.

En la enfermedad recurrente refractaria, el trasplante de microbiota fecal ha demostrado una eficacia superior al 80%, aunque su implementación aún no está estandarizada en la región. La ausencia de una vacuna preventiva constituye la mayor brecha en la estrategia de abordaje de esta infección.

Vínculo con la resistencia antimicrobiana

La ICD y la resistencia antimicrobiana comparten un sustrato común: el uso indiscriminado de antibióticos.

Si bien C. difficile no es, en sentido estricto, una bacteria multirresistente, su expansión es consecuencia directa de la presión selectiva que los antibióticos ejercen sobre la microbiota intestinal protectora.

La Dra Florencia Cahn, investigadora principal y directora de vacunas de Fundación Huésped, señala que "ambas son consecuencia del uso indiscriminado de los antibióticos", que crecen en el mismo espacio médico y son igualmente graves para los mismos pacientes vulnerables. 

La brecha vacunal: ausencia de una herramienta preventiva específica

A pesar de la carga asistencial documentada y de las décadas de investigación en el área, hasta la fecha no existe ninguna vacuna aprobada por agencias reguladoras internacionales para la prevención de la ICD. Esta brecha representa un desafío singular en el campo de las IAAS, donde la mayoría de las estrategias de control se centran en medidas de barrera, higiene ambiental y restricción de antibióticos.

El desarrollo de una vacuna eficaz implicaría un cambio de paradigma en la prevención de esta infección, especialmente en las poblaciones de mayor riesgo: adultos mayores con múltiples internaciones y múltiples exposiciones a antibióticos. La plataforma vacunal más avanzada en desarrollo es la basada en toxoides recombinantes de TcdA y TcdB adyuvantados, que actualmente se evalúa en el Estudio BEETHOVEN.

El Estudio BEETHOVEN: diseño y escala

El Estudio BEETHOVEN —identificado en ClinicalTrials.gov con el número NCT07282665 y el código de protocolo interno C4771002— es un ensayo clínico de fase 3, aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo. Su objetivo principal es evaluar la eficacia, la seguridad y la tolerabilidad de la vacuna adyuvada contra C. difficile para reducir la incidencia de la infección primaria en adultos de 65 años o más. El estudio busca incluir a 32000 voluntarios en múltiples países (Reino Unido, Estados Unidos, Japón y Argentina) con un seguimiento de aproximadamente 3,5 años por participante; la fecha de completamiento primario está prevista para diciembre de 2028. Emplea un diseño de grupos paralelos con asignación aleatoria 1:1 entre vacuna activa y placebo, con triple enmascaramiento (participante, investigador y evaluador de resultados). 

Argentina: participación estratégica en el ensayo global

Argentina participa en el Estudio BEETHOVEN con nueve centros habilitados, distribuidos en diferentes regiones del país, lo que la posiciona como uno de los principales contribuyentes al reclutamiento global. 

La Dra  Florencia Cahn, investigadora principal del estudio en el centro de Fundación Huésped destaca la importancia de que Argentina pueda formar parte de la generación de la evidencia científica para poder prevenir. esta enfermedad

> ¿Cómo  participar en el estudio?  

Las personas que cumplan con los  requisitos pueden participar del estudio completando este formulario: https://fundacionhuesped.typeform.com/to/Sw2s05yO

Para realizar una derivación o solicitar más información, contáctenos a: investigaciones.clinicas@huesped.org.ar.

En este estudio se inscribirán participantes ≥65 años que tienen mayor riesgo de desarrollar ICD en el futuro en virtud de:

Requisitos para poder participar

Al menos 1 hospitalización de ≥2 noches de duración en los 12 meses anteriores;

Al menos 2 visitas a la sala de emergencias en los 12 meses anteriores; o bien

Al menos 10 visitas ambulatorias (visitas de atención primaria y/o secundaria; definidas como una visita en persona al consultorio/centro de un proveedor de atención médica prescriptor para fines de diagnóstico, tratamiento o manejo terapéutico continuo de una afección médica, excluidas las visitas de farmacia, dental y de salud mental) en los últimos 12 meses; o bien

Personas que recibieron antibióticos sistémicos (es decir, orales o inyectados) durante ≥48 horas en cualquier momento en las 12 semanas anteriores; o bien

Personas con una hospitalización planificada de ≥2 noches de duración o una intervención quirúrgica programada de cualquier duración, con un intervalo de ≥14 días desde la recepción de la Vacunación 2.