Noticias médicas

Publicado el 15 de septiembre de 2007

Pensamiento

Ciencia y Psicoanálisis ¿Tienen algo que decirse?

La ciencia se reconcilia con Freud

El neurobiólogo Pierre Magistretti y el psicoanalista François Ansermet afirman que el cerebro evoluciona guardando huellas de las experiencias vividas.  Ambos especialistas suizos hablarán del tema en Buenos Aires

Por Xavier Pellegrini
Largeur.com

Especialista en metabolismo cerebral, Pierre Magistretti, médico y neurobiólogo, ha adquirido un conocimiento del cerebro que confronta con el conocimiento, completamente diferente, del psicoanalista François Ansermet. A cada cual su cerebro. Plasticidad neuronal e inconsciente , el libro de ambos especialistas suizos ha sido traducido al español, al alemán y al japonés. El libro apareció en la Argentina el año último, editado por Katz. Ahora se publica en inglés y se espera la versión italiana para principios del año próximo. Los autores llegarán en los próximos días al país para dictar un seminario.

Según Ansermet y Magistretti, los descubrimientos más recientes de las neurociencias coinciden con las hipótesis de Freud. Dos mundos que parecían inconciliables confluyen de manera inesperada. Una palabra resume la reconciliación: "plasticidad". Las neurociencias descubren en los últimos años que el cerebro no es un órgano estático sino que, por el contrario, evoluciona durante todo el transcurso de la vida, guardando huellas de las experiencias vividas. Ciertas huellas emergen en la conciencia, pero muchas otras quedan ocultas en los meandros del inconsciente. La inscripción que deja la experiencia participa en el devenir del individuo, siempre susceptible de transformación: "La plasticidad demuestra que la red neuronal sigue abierta al cambio, a la contingencia, que los acontecimientos y las potencialidades de la experiencia la modifican. Siempre puede cambiar lo que era". La plasticidad demuestra la unicidad de cada individuo, el que finalmente se revela biológicamente determinado para no estar totalmente determinado por lo biológico, para recibir la incidencia del otro y de la historia, lo que convierte a cada individuo, en cierta medida, en el modelador de su propio cerebro.

-Magistretti, usted es especialista en neurociencias, pero también ha tenido la experiencia personal de un psicoanálisis. ¿Qué le aportó esa experiencia?

-El psiquismo me interesa desde la adolescencia. Opté primero por la medicina y la psiquiatría, pero como deseaba entender mejor el funcionamiento del cerebro, me doctoré en neurociencias en los Estados Unidos y luego permanecí en ese campo, renunciando a mi deseo inicial. En cuanto al psicoanálisis, que inicié paralelamente y que duró siete años, me aportó lo que a muchos: tomé conciencia de que no somos amos en nuestra casa, que el inconsciente nos guía, nos lleva por caminos que la conciencia no necesariamente acepta. Gané capacidad de simplificación en el abordaje de la vida, al ampliar sus horizontes.

-Ansermet, usted es psiquiatra y psicoanalista. ¿Cómo llegó a interesarse por las neurociencias?

-Seguí un camino inverso al de Pierre. Al principio, me interesé por el funcionamiento del cerebro. Quería ser neurólogo. Finalmente elegí la psiquiatría, ya que el síntoma psíquico, por su costado más enigmático, era lo que más me interesaba. Paralelamente, me convertí en psicoanalista. Pero, a diferencia de algunos colegas, no tengo la impresión de que mi práctica corra el riesgo de perder sustancia si admite que la biología responde a ciertas preguntas. No hay que olvidar que Freud trabajó en diálogo constante con las ciencias de su tiempo. También Lacan. El psicoanálisis no es un sistema cerrado. Se encuentra en la intersección de muchas disciplinas y avanza por afinidad y alteridad con los campos con los que está relacionado, es decir, la biología, pero también el arte, la literatura, la antropología o la lingüística.

-¿En qué circunstancias se conocieron?

P. M.: -En un seminario de historia de la medicina en el que discutimos el Proyecto, de Freud, un texto de 1895. Me asombró la actualidad de ese texto, sus referencias, muy agudas para la época, por ejemplo, la sinapsis, que Freud introdujo poco después de que Sherrington la describió en su intento de explicación de los fenómenos psíquicos.

F. A.: -Otro momento definitorio fue una conferencia que Pierre pronunció en el Departamento de Psiquiatría sobre las pruebas de la plasticidad, es decir, la huella que deja la experiencia en la red neuronal. A continuación se produjo entre nosotros un debate acerca de la idea de experiencia, para situarla más allá del aprendizaje, en el campo de la complejidad de los fenómenos psíquicos. Freud ya había planteado la hipótesis de la plasticidad, que hoy podemos confrontar con numerosos trabajos recientes del campo de las neurociencias que han sido consagrados con el premio Nobel concedido en 2000 a Eric Kandel. En ese momento se inició un intenso diálogo entre Pierre y yo, pues era evidente que esos avances coincidían de manera nueva con ciertas hipótesis del psicoanálisis.

-Para actuar sobre las huellas, con frecuencia inconscientes, que han dejado las experiencias vividas por el individuo, el psicoanálisis propone una terapia por la palabra. ¿Qué podrían proponer las neurociencias?

P. M.: -Hoy no existen dudas de que la palabra (como experiencia o por su capacidad de evocar recuerdos de experiencias que remiten a las huellas) puede recomponer la red neuronal. También podríamos imaginar que algún día las sinapsis llegaran a modularse farmacológicamente para hacer más eficaz el impacto de la palabra, ampliando los mecanismos de la plasticidad. Por eso me parece que el diálogo con el psicoanálisis promete ser fructífero. Las neurociencias tienen mucho que ganar si exploran las vías abiertas por el modelo freudiano.

-¿Por qué?

F. A.: -Para nosotros, el encuentro entre las neurociencias y el psicoanálisis no tiene el propósito de inscribirse en una lógica de comprobación: demostrar el psicoanálisis por medio de las neurociencias. No se trata de quedarse dentro de un paradigma analógico, buscando correspondencias entre los circuitos neurobiológicos y los comportamientos. No existe relación simple entre un estado del cerebro y un estado psíquico. Nuestra perspectiva procura identificar los procesos dinámicos en juego, los mecanismos universales, reconociendo que estos producen cada vez resultados únicos. Así, las neurociencias y el psicoanálisis confluyen en una pregunta común, la de la inapresable singularidad de cada individuo que se constituye en su devenir como un ser único cada vez, diferente y, por lo mismo, impredecible. Esa pregunta común abre un campo de investigación en la intersección de ambas disciplinas que carecen de una medida común, pero que se reúnen en torno al tema de la huella y la plasticidad como productoras de la singularidad. Para las neurociencias y el psicoanálisis, el hombre es singular, impredecible, libre. Ni siquiera un clon será idéntico a la persona de la que proviene. La experiencia y la plasticidad lo convertirán en un ser único. El caso de los gemelos univitelinos sirve de ejemplo.

Este artículo apareció en la revista Reflex
[Traducción: Mirta Rosenberg]

VISITA
Ansermet y Magistretti dictarán el seminario "Neurociencias y psicoanálisis: ¿un futuro posible?",17 y 18 de Septiembre en la Asociación Psicoanalítica Argentina (Rodríguez Peña 1674)