En el actual panorama de la prevención cardiovascular, la transición de métricas basadas en HDL-C hacia métricas basadas en apoA-1 representa un cambio estratégico. Mientras que el papel causal de la apolipoproteína B (apoB) es indiscutible, la vía de la apoA-1/HDL ha sido históricamente malinterpretada.
Los datos del Reino Unido (n=291 995) muestran que, aunque ambos presentan un hazard ratio (HR) aparente de 0,85, su correlación de 0,92 esconde una interacción estadística (HR=1,05). El análisis demuestra que cada marcador potencia la asociación de riesgo del otro; es decir, niveles bajos de apoA-1 incrementan el riesgo incluso cuando el HDL-C parece "normal", invalidando el uso del HDL-C como único parámetro.
En concentraciones altas de apoA-1 (2 desviaciones estándar sobre la media), la relación entre el HDL-C y el riesgo se vuelve constante (la curva se aplana). Esto implica que, si la estructura proteica es suficiente, la masa de colesterol transportada pierde su relevancia predictiva. Es decir, que la potencia predictiva de estas partículas no es intrínseca, sino que está supeditada a la interferencia metabólica de los triglicéridos (TG).

Gráfico de interacción entre HDL-C normalizado y apoA-1 frente al riesgo cardiovascular. Abreviaturas: apoA-1, apolipoproteína A-1; HDL-C, colesterol lipoproteico de alta densidad.
Hay que entender que el HDL-C no es un marcador estático, sino un sensor del estrés metabólico inducido por los triglicéridos. La relación inversa entre TG y HDL-C es la huella que deja un proceso mediado por la proteína de transferencia de ésteres de colesterol (CETP).
La CETP facilita la sustitución de ésteres de colesterol por triglicéridos en el núcleo de la HDL. Estas partículas enriquecidas con TG son sustratos preferentes para hidrolasas, lo que reduce el tamaño de la partícula y desencadena un aclaramiento acelerado de la apoA-1.
La disparidad en los coeficientes de correlación demuestra que el HDL-C es un marcador lábil y altamente confundido por el flujo de TG. La apoA-1, por el contrario, representa un núcleo estable que sobrevive a la fluctuación metabólica. A mayor concentración de apoA-1, la varianza del colesterol asociado aumenta, reflejando que el colesterol es volátil y dependiente del contexto lipídico general.
El análisis confirma que la apoA-1 es el determinante mayoritario de la asociación inversa con el riesgo de enfermedad cardiovascular aterosclerótica (ASCVD, por sus siglas en inglés). Mientras que los triglicéridos y el colesterol residual aportan efectos estadísticamente significativos, pero clínicamente menores, la integridad de la vía de la apoA-1 emerge como el marcador más coherente
Los hallazgos explican de manera retrospectiva el fracaso de algunas terapias (como la niacina, los fibratos y los inhibidores de CETP). El error consiste en intentar elevar la masa de colesterol (HDL-C) sin preservar o aumentar el número de partículas funcionales (apoA-1).
A diferencia de las partículas apoB, que poseen una aterogenicidad primaria intrínseca, los triglicéridos desempeñan un rol secundario y mediador. Los TG no dañan la pared arterial de forma directa; más bien, actúan como un catalizador que erosiona la protección. Al acelerar el catabolismo de la apoA-1, los TG incrementan el riesgo de manera indirecta.
Esto explica por qué la reducción farmacológica de TG, sin una protección concomitante de la vía de la apoA-1, ha tenido dificultades para demostrar beneficios en la reducción de eventos.
La relación inversa entre el sistema HDL y el riesgo cardiovascular persiste independientemente de los niveles de triglicéridos. Por lo tanto, la vía metabólica de la apoA-1 sigue siendo una diana terapéutica válida y de alto valor. El éxito de la próxima generación de fármacos dependerá de su capacidad para estabilizar este sistema.
Los ensayos clínicos en curso con agentes que reducen de forma potente las partículas ricas en triglicéridos (TRL) actuarán como la prueba definitiva para este modelo de mediación secundaria. Si la reducción de TRL estabiliza los niveles de apoA-1 y esto se traduce en una reducción de eventos, habremos validado un nuevo paradigma en la cardiología preventiva.
Publicado el 17 de agosto de 2026
Lípidos
ApoA-1 y HDL-C demuestran ser marcadores de riesgo cardiovascular
El análisis demostró que la ApoA-1 es el principal determinante del efecto cardioprotector atribuido al HDL-C, desestimando el rol protagónico de los niveles concurrentes de triglicéridos en esta relación inversa.
Autor/a: Bilgic S, Pencina K, Pencina M, Dufresne L, Thanassoulis G, Sniderman A.
Fuente: Journal of Clinical Lipidology. 2026;20(5):1040-1047 ApoA-1 versus HDL-C as markers of cardiovascular risk
En el actual panorama de la prevención cardiovascular, la transición de métricas basadas en HDL-C hacia métricas basadas en apoA-1 representa un cambio estratégico. Mientras que el papel causal de la apolipoproteína B (apoB) es indiscutible, la vía de la apoA-1/HDL ha sido históricamente malinterpretada.
Los datos del Reino Unido (n=291 995) muestran que, aunque ambos presentan un hazard ratio (HR) aparente de 0,85, su correlación de 0,92 esconde una interacción estadística (HR=1,05). El análisis demuestra que cada marcador potencia la asociación de riesgo del otro; es decir, niveles bajos de apoA-1 incrementan el riesgo incluso cuando el HDL-C parece "normal", invalidando el uso del HDL-C como único parámetro.
En concentraciones altas de apoA-1 (2 desviaciones estándar sobre la media), la relación entre el HDL-C y el riesgo se vuelve constante (la curva se aplana). Esto implica que, si la estructura proteica es suficiente, la masa de colesterol transportada pierde su relevancia predictiva. Es decir, que la potencia predictiva de estas partículas no es intrínseca, sino que está supeditada a la interferencia metabólica de los triglicéridos (TG).
Gráfico de interacción entre HDL-C normalizado y apoA-1 frente al riesgo cardiovascular. Abreviaturas: apoA-1, apolipoproteína A-1; HDL-C, colesterol lipoproteico de alta densidad.
Mecanismo de mediación
Hay que entender que el HDL-C no es un marcador estático, sino un sensor del estrés metabólico inducido por los triglicéridos. La relación inversa entre TG y HDL-C es la huella que deja un proceso mediado por la proteína de transferencia de ésteres de colesterol (CETP).
La CETP facilita la sustitución de ésteres de colesterol por triglicéridos en el núcleo de la HDL. Estas partículas enriquecidas con TG son sustratos preferentes para hidrolasas, lo que reduce el tamaño de la partícula y desencadena un aclaramiento acelerado de la apoA-1.
La disparidad en los coeficientes de correlación demuestra que el HDL-C es un marcador lábil y altamente confundido por el flujo de TG. La apoA-1, por el contrario, representa un núcleo estable que sobrevive a la fluctuación metabólica. A mayor concentración de apoA-1, la varianza del colesterol asociado aumenta, reflejando que el colesterol es volátil y dependiente del contexto lipídico general.
El análisis confirma que la apoA-1 es el determinante mayoritario de la asociación inversa con el riesgo de enfermedad cardiovascular aterosclerótica (ASCVD, por sus siglas en inglés). Mientras que los triglicéridos y el colesterol residual aportan efectos estadísticamente significativos, pero clínicamente menores, la integridad de la vía de la apoA-1 emerge como el marcador más coherente
Para la práctica clínica
Los hallazgos explican de manera retrospectiva el fracaso de algunas terapias (como la niacina, los fibratos y los inhibidores de CETP). El error consiste en intentar elevar la masa de colesterol (HDL-C) sin preservar o aumentar el número de partículas funcionales (apoA-1).
A diferencia de las partículas apoB, que poseen una aterogenicidad primaria intrínseca, los triglicéridos desempeñan un rol secundario y mediador. Los TG no dañan la pared arterial de forma directa; más bien, actúan como un catalizador que erosiona la protección. Al acelerar el catabolismo de la apoA-1, los TG incrementan el riesgo de manera indirecta.
La relación inversa entre el sistema HDL y el riesgo cardiovascular persiste independientemente de los niveles de triglicéridos. Por lo tanto, la vía metabólica de la apoA-1 sigue siendo una diana terapéutica válida y de alto valor. El éxito de la próxima generación de fármacos dependerá de su capacidad para estabilizar este sistema.
Los ensayos clínicos en curso con agentes que reducen de forma potente las partículas ricas en triglicéridos (TRL) actuarán como la prueba definitiva para este modelo de mediación secundaria. Si la reducción de TRL estabiliza los niveles de apoA-1 y esto se traduce en una reducción de eventos, habremos validado un nuevo paradigma en la cardiología preventiva.