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/ Publicado el 22 de marzo de 2026

Riesgo inflamatorio residual

Bases inmunopatogénicas de la enfermedad cardiovascular contemporánea

La evidencia reciente redefine el papel de la activación inmune sistémica como determinante pronóstico independiente en múltiples escenarios clínicos. El consenso ACC 2025 propone estrategias diagnósticas y terapéuticas con impacto práctico.

Autor/a: George A Mensah, Natalie Arnold, Sumanth D Prabhu,

Fuente: J Am Coll Cardiol . 2025 Sep 29:S0735-1097(25)07555-2. Inflammation and Cardiovascular Disease: 2025 ACC Scientific Statement

Introducción

La enfermedad cardiovascular ha sido tradicionalmente interpretada como una consecuencia de alteraciones metabólicas, hemodinámicas y estructurales. No obstante, el avance sostenido de la investigación básica y clínica ha demostrado que estos factores no explican de manera completa la ocurrencia ni la recurrencia de eventos cardiovasculares mayores.

En particular, la persistencia de desenlaces adversos en pacientes tratados conforme a las guías vigentes impulsó la búsqueda de mecanismos fisiopatológicos adicionales. En este contexto, la activación inflamatoria crónica emergió como un eje explicativo transversal a distintas entidades cardiovasculares.

El documento científico del American College of Cardiology publicado en 2025 consolida esta evidencia y establece un marco conceptual actualizado para comprender la contribución inmunológica al daño vascular y miocárdico, con implicancias clínicas directas.

La activación inmunológica sostenida constituye un determinante central del pronóstico cardiovascular.

Mecanismos inmunológicos en el daño cardiovascular

La respuesta inflamatoria crónica de bajo grado se caracteriza por la activación persistente de componentes del sistema inmune innato y adaptativo. Este proceso involucra la liberación continua de citocinas proinflamatorias, quimiocinas y mediadores de fase aguda, con efectos sistémicos y locales.

A nivel vascular, estos mediadores favorecen la disfunción endotelial, el reclutamiento leucocitario subendotelial y la formación de placas ateroscleróticas vulnerables. La progresión de estas lesiones incrementa la probabilidad de ruptura y trombosis, eventos que subyacen a los síndromes coronarios agudos.

Procesos similares han sido identificados en la insuficiencia cardíaca, la miocardiopatía inflamatoria y la pericarditis recurrente, lo que amplía el alcance clínico de la inflamación, más allá de la aterosclerosis coronaria clásica.

Evaluación clínica de la carga inflamatoria

Entre los distintos biomarcadores estudiados, la proteína C reactiva ultrasensible se ha consolidado como el indicador más consistente y reproducible de actividad inflamatoria sistémica asociada a eventos cardiovasculares. Su valor pronóstico es independiente y comparable al de los factores de riesgo tradicionales.

Las concentraciones bajas se asocian con menor incidencia de eventos, mientras que valores elevados identifican subgrupos con mayor probabilidad de desenlaces adversos. En ausencia de procesos infecciosos agudos, estas mediciones reflejan un estado inflamatorio persistente clínicamente relevante.

Estudios poblacionales de seguimiento prolongado demostraron que una única determinación de este biomarcador puede predecir resultados cardiovasculares a largo plazo, incluso en individuos sin enfermedad aparente ni alteraciones lipídicas significativas.

La medición inflamatoria aporta información pronóstica no captada por los modelos clásicos.

Implicancias en escenarios sin enfermedad establecida

En personas sin antecedentes cardiovasculares, la presencia de activación inflamatoria subclínica es frecuente y se asocia a factores conductuales y metabólicos prevalentes. Este hallazgo adquiere relevancia en poblaciones con alta carga de obesidad, sedentarismo y exposición tabáquica.

Ensayos clínicos aleatorizados demostraron que el tratamiento farmacológico hipolipemiante reduce eventos mayores en sujetos con niveles lipídicos normales cuando coexiste inflamación sistémica. Este beneficio se explica tanto por efectos metabólicos como por la modulación inmunológica.

El consenso ACC sugiere considerar la evaluación inflamatoria en individuos clínicamente estables para identificar perfiles de riesgo elevado y orientar intervenciones preventivas precoces.

Persistencia de eventos tras tratamiento estándar

En pacientes con enfermedad cardiovascular conocida, la inflamación sostenida emerge como un predictor robusto de recurrencia clínica. Datos contemporáneos muestran que muchos individuos alcanzan objetivos lipídicos sin lograr reducir su carga inflamatoria sistémica.

Este fenómeno explica, en parte, la ocurrencia de eventos recurrentes, pese a la optimización del tratamiento convencional. La evidencia indica que la actividad inflamatoria no controlada se asocia particularmente con mayor mortalidad cardiovascular.

El riesgo no explicado por colesterol u otros factores tradicionales permanece clínicamente relevante.

Intervenciones farmacológicas dirigidas

La inhibición selectiva de vías inmunológicas específicas demostró, por primera vez, reducción de eventos cardiovasculares sin modificar parámetros lipídicos. Estos resultados confirmaron el papel causal de la inflamación en la aterotrombosis.

La colchicina a dosis bajas mostró beneficios consistentes en prevención secundaria cuando se administra de forma crónica, reduciendo eventos isquémicos mayores. Su perfil de bajo costo y eficacia la posiciona como una herramienta terapéutica relevante.

Sin embargo, otros agentes antiinflamatorios no lograron beneficios clínicos, lo que subraya la necesidad de una selección terapéutica basada en la reducción efectiva de mediadores clave.

Conducta, estilo de vida y modulación inmune

Los patrones alimentarios ricos en componentes proinflamatorios se asocian con mayor incidencia de eventos cardiovasculares. En contraste, la dieta mediterránea demostró reducir la actividad inflamatoria y mejorar resultados clínicos en poblaciones de alto riesgo.

La actividad física regular disminuye la producción basal de mediadores inflamatorios y mejora la función endotelial. El abandono del tabaco y el control ponderal generan reducciones sostenidas de la carga inflamatoria sistémica.

Las intervenciones no farmacológicas continúan siendo fundamentales en la estrategia global.

Inflamación en insuficiencia cardíaca y pericarditis

La insuficiencia cardíaca se caracteriza por un estado inmunológico activado que contribuye al remodelado adverso y al deterioro funcional. Niveles elevados de mediadores inflamatorios se asocian con peor evolución clínica, especialmente en fenotipos con fracción de eyección preservada.

En la pericarditis recurrente, la inflamación constituye el mecanismo fisiopatológico dominante. Ensayos controlados demostraron que la inhibición específica de interleucina-1 reduce de manera significativa las recurrencias en pacientes refractarios.

Estos hallazgos consolidan la noción de terapias dirigidas en contextos cardiovasculares seleccionados.

Conclusiones

La activación inflamatoria crónica de bajo grado representa un componente esencial y modificable del riesgo cardiovascular moderno. Su evaluación sistemática permite identificar perfiles pronósticos adversos no detectados por los enfoques tradicionales.

La integración de intervenciones conductuales, terapias farmacológicas convencionales y estrategias inmunomoduladoras específicas redefine el abordaje preventivo y terapéutico. No todas las intervenciones antiinflamatorias son eficaces, lo que exige rigor en la selección clínica.

La evidencia actual posiciona a la inmunomodulación como un eje estratégico en la práctica cardiovascular contemporánea.