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/ Publicado el 22 de marzo de 2026

¿Cuál es el impacto?

Fatiga basal y riesgo de toxicidad grave en pacientes oncológicos

Quienes presentan niveles significativos de fatiga basal tienen el doble de probabilidades de sufrir toxicidad grave o potencialmente mortal durante su terapia oncológica.

Autor/a: Unger JM, Fisch MJ, Jones SMW, Henry NL, Hershman DL.

Fuente: JAMA Oncol. 2026;12(2):185-193. Baseline Fatigue and Severe Toxic Effects in Patients With Cancer Receiving Systemic Therapy

La fatiga basal debe integrarse como un biomarcador de fragilidad sistémica en el algoritmo de decisión terapéutica. Aunque su prevalencia pretratamiento oscila entre el 25 % y el 50 %, tiende a subestimarse.

La identificación de estos "biomarcadores subjetivos" mediante Resultados Reportados por el Paciente (PRO) es necesaria, ya que existe una brecha: los oncólogos infravaloran sistemáticamente la fatiga en comparación con el reporte directo del paciente. 

El propósito central de esta investigación fue redefinir la fatiga, transitando de su concepción como un "efecto secundario" a un "predictor de riesgo independiente". El estudio evalúa la asociación entre la fatiga basal reportada por el paciente y el riesgo posterior de eventos adversos (EA) graves (Grado 3), potencialmente mortales (Grado 4) o fatales (Grado 5) en el contexto de ensayos clínicos.

Metodología

Se analizaron datos de 17 ensayos clínicos de las fases 2 y 3 de la red SWOG (1990-2022). La cohorte incluyó a 7086 pacientes con diversos tipos de tumores sólidos y hematológicos. Es notable que el 55,1 % de los participantes presentaba un ECOG Performance Status de 0.

Los tumores fueron de próstata, pulmón, colorrectal, linfoma, mama, melanoma, ovario y páncreas. La edad media de 62,1 años. El 33,3 % presentaba obesidad (IMC ≥30) y el 74,7 % enfermedad avanzada/metastásica.

La seguridad se evaluó bajo el rigor del marco CTCAE versión 4, categorizando los resultados en:

• Grado ≥ 3: Grave (requiere hospitalización o intervención mayor).

• Grado ≥ 4: Potencialmente mortal.

• Grado 5: Fatal (muerte relacionada con el tratamiento).

El estudio distinguió entre toxicidades sintomáticas y objetivas (hematológicas y no hematológicas). Mediante ecuaciones de estimación generalizadas, se ajustaron variables de confusión como edad, sexo, raza y obesidad.

Resultados

Los resultados confirmaron que la asociación entre fatiga y toxicidad permanece significativa, incluso tras controlar estos factores, por lo que la la fatiga es un predictor independiente.

El hallazgo principal plantea que existe una correlación lineal y proporcional entre la fatiga pretratamiento y la gravedad de la toxicidad sistémica. Cada aumento de nivel en la escala de fatiga basal se asoció con un incremento del 44 % en el riesgo de efectos tóxicos graves (OR 1,44; p<0,001).

El patrón de dosis-respuesta es notorio en casos de fatiga extrema. Los pacientes que reportaron fatiga "bastante o muchísima" presentaron un riesgo casi 5 veces mayor de toxicidad fatal (OR 4,99; 95 % CI, 1,84-13,51; p=0,002).

Además, la fuerza de esta asociación varía según el tipo de toxicidad objetiva:

• Toxicidad hematológica: Riesgo incrementado en un 56 % por cada nivel de fatiga basal (p<0,001).

• Toxicidad no hematológica: Riesgo incrementado en un 25 % por cada nivel de fatiga basal (p=0,03).

Se identificó una interacción estadística significativa según el estadio de la enfermedad, validando que el riesgo es cualitativamente distinto en contextos avanzados:

• Enfermedad avanzada/metastásica: Asociación con grado ≥ 3 (p de interacción=0,003) y grado ≥ 4 (p de interacción=0,006).

• Entorno adyuvante: No se observó una asociación estadísticamente significativa, lo que sugiere que en estadios tempranos la fatiga basal no actúa con la misma potencia como marcador de fragilidad.

Discusión

La fatiga basal actúa como un biological primer. La asociación observada sugiere que la fatiga y la toxicidad grave son manifestaciones de un mismo estado biológico subyacente.

Los mecanismos moleculares vinculan la fatiga con niveles elevados de citoquinas proinflamatorias (IL-6, TNF-α), liberadas a menudo por la carga tumoral, incluso antes de la intervención médica. Estas citoquinas sensibilizan al sistema nervioso central y reducen la reserva fisiológica, disminuyendo el umbral de tolerancia a los agentes citotóxicos o inmunomoduladores.

La fatiga basal es un marcador de procesos latentes de la enfermedad. Identifica a un paciente con una susceptibilidad biológica incrementada a las reacciones adversas, funcionando como una señal de alarma antes de que ocurra el daño orgánico objetivo.

Para el oncólogo, la evaluación de la fatiga antes del primer ciclo de tratamiento es una herramienta estratégica de estratificación de riesgo de toxicidad grave. Las recomendaciones para la práctica serían:

1. Tamizaje de ciclo 0: Implementar sistemáticamente la medición de fatiga reportada por el paciente (PRO) antes de la primera dosis.

2. Monitoreo: Los pacientes con fatiga moderada o superior requieren una vigilancia clínica y analítica más estrecha durante el primer ciclo de tratamiento para anticipar crisis hematológicas o eventos fatales.

3. Personalización terapéutica: En pacientes con alta fatiga basal y contexto metastásico, se debe considerar el ajuste de dosis iniciales o la selección de esquemas con menor perfil de toxicidad.