Cada vez son más los hispanos que padecen de anemia falciforme, una enfermedad genética que deforma los glóbulos rojos y que hasta hace dos décadas prácticamente no afectaba a los latinos, de acuerdo con una nueva investigación.
Según la doctora Kathy Hassell, directora médica del Centro para Tratamiento e Investigación de la Anemia Falciforme en la Universidad de Colorado, el aumento en los casos de esta enfermedad entre los hispanos “es preocupante especialmente porque los latinos no conocen el riesgo que corren”.
En su reporte, Hassell explica que por lo general los obstetras examinan a las mujeres afroamericanas para detectar se ellas o sus bebés padecen de anemia falciforme, por la alta incidencia de esta enfermedad en esa comunidad. Pero hasta ahora son pocos los que realizan exámenes similares entre sus pacientes latinas.
Como la anemia falciforme ocurre sólo si el bebé la hereda de ambos padre, los exámenes genéticos durante la gestación permiten no solamente determinar si el bebé está afectado, sino también establece qué riesgo corren esos padres si tienen más hijos.
Debido al hecho que cada vez son más los latinos con anemia falciforme, Hassell propone que se incluya a los hispanos en re “las nuevas comunidades en peligro” y educar a los profesionales para realicen los exámenes correspondientes entre los latinos y a esta comunidad para que se informen sobre la enfermedad.
De hecho, el Centro para Tratamiento e Investigación de la Anemia Falciforme ya ha comenzado a imprimir folletos en español, ya que los latinos son “una comunidad que nos sospecha que corre peligro de contraer esta enfermedad”.
Los datos compilados por Hassell en 2007 y difundidos esta semana indican que en 1985 en Colorado menos del 10 por ciento de los bebés de madres latinas eran casos confirmados de anemia falciforme. En 1995, ese porcentaje llegaba al 21 por ciento. En 2000, era el 28 por ciento. Y en 2004 superó el 32 por ciento.
Para Hassell, esta situación es “sólo la punta del témpano” ya que no todas las familias latinas afectadas reciben los resultados de los análisis genéticos o la consejería necesaria, y en otros casis no se dispone de un laboratorio para realizar los análisis.
Además, como la enfermedad depende de que se hereden dos genes mutados, uno de la madre y otro del padre, y como esas mutaciones genéticas con cada vez más frecuentes entre los hispanos, “eventualmente habrán más latinos enfermos en todo el país”, comentó Hassell.
En la actualidad, 40 estados de la Unión Americana realizan pruebas para determinar su un bebées portador de los genes de la anemia falciforme, pero como portar los genes no significa tener la enfermedad, “los padres quizá se olviden de informarle a su hijo, después en la vida, de esa circunstancia”.
Si el portador tiene hijos con otra persona que también es portadora de la misma mutación genética esa pareja tiene un 25 por ciento de posibilidades de que su bebé padezca de anemia falciforme.
La anemia falciforme deforma a los glóbulos rojos impidiéndole que lleven oxígeno en la sangre, causando entonces dolores corporales, infecciones y daños en órganos vitales, ya que el bazo no puede filtrar la sangre contaminada por los glóbulos rojos defectuosos.
Los afectados también pueden padecer de derrames cerebrales, incluso de niños, y tienen una expectativa de vida corta (cerca de 50 años) y requieren frecuentes hospitalizaciones.
Sin embargo, mejoras en los tratamientos (frecuentemente con penicilina y con transfusiones de sangre), avances en las medidas de prevención y progreso en la educación de los padres de niños con anemia falciforme ha hecho que se reduzca considerablemente la mortalidad infantil por esta enfermedad.
Hassell propone crear un programa de alcance comunitario utilizando los recursos de salud pública ya existentes para educar a los latinos sobre el tema y para ofrecer pruebas de laboratorio gratis para los interesados.
El programa también debería incluir la capacitación de profesionales de la salud para diagnosticar y tratar esta enfermedad. Sin embargo, la mitad de los profesionales de colorado consultados por Hassell “no demostraron interés” en esa capacitación.
La meta, explicó esta investigadora, es “establecer servicios médicos comunitarios en el contexto de las expectativas y necesidades culturales y lingüísticas de cada grupo étnico”.