Desperdiciar una oportunidad.
El artículo que mi colega y amiga Claudia Nicolini publicó aquí me recordó una de las razones que iniciaron el proceso por el cual me fui alejando —y finalmente abandoné—el sistema sanitario argentino.
Después de haberme recibido de médico en diciembre de 1981, y de haber seguido un par de años más en el servicio de tocoginecología del Htal. de Morón, me surgió la posibilidad de hacer una “visitancia” —así se llamaba en aquella época— en el viejo Htal. Israelita de Buenos Aires. La experiencia resultó interesantísima porque esta institución era la única —o por lo menos una de las muy pocas— donde los partos no se hacían en camilla sino en un sillón especialmente diseñado para lograr que el trabajo de parto vertical resultase más natural todavía. Más allá de la controversia sobre quién trajo ese sillón de parto a la Argentina (dicen que fue el Dr. Tucho Perrusi), le cabe el honor al Dr. Eliseo Rosenwasser el haberlo llevado al Israelita.
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