El problema no es que la IA pueda “alucinar”. El problema es cuando una mentira está tan bien escrita que parece ciencia.
La historia de la “bixonimanía” es una llamada de atención para médicos, investigadores y todos quienes estamos incorporando IA a la salud.
Vale la pena leer esta columna La vanidad de la sintaxis, o cuando la elocuencia clínica se vuelve letal