Visión y prevención de caídas en el adulto mayor
Las caídas en las personas mayores no deben considerarse una consecuencia inevitable del envejecimiento. Son eventos multifactoriales en los que la visión cumple un papel fundamental.
La disminución de la agudeza visual, la pérdida de sensibilidad al contraste y las alteraciones del campo visual pueden comprometer la orientación espacial, la percepción de obstáculos y la estabilidad postural, aumentando el riesgo de caídas.
Una catarata no operada, una maculopatía, el glaucoma o una retinopatía diabética pueden afectar la función visual incluso antes de que el paciente refiera una dificultad evidente en su vida cotidiana. A esto se suman factores frecuentes en geriatría, como alteraciones vestibulares, sarcopenia, neuropatía periférica y polifarmacia.
Por eso, ante un adulto mayor con mareos, inestabilidad o antecedentes de caídas, la evaluación visual debería formar parte de una valoración integral: no alcanza con preguntar si "ve bien".
Evaluar agudeza visual, refracción, campo visual y salud ocular permite identificar déficits potencialmente corregibles y, en muchos casos, intervenir antes de que ocurra una nueva caída.
La prevención también empieza por los ojos.
Detectar y tratar a tiempo las alteraciones visuales es una forma concreta de preservar movilidad, autonomía y calidad de vida en el adulto mayor.