La retina: ¿un biomarcador temprano de enfermedad sistémica?
La retina es el único territorio vascular que podemos observar de forma directa y no invasiva. Quizá por eso sea mucho más que un órgano diana: podría convertirse en un biomarcador temprano de enfermedad sistémica.
Los cambios en la microcirculación retiniana se han asociado con hipertensión arterial, diabetes, resistencia a la insulina, enfermedad renal, deterioro cognitivo y envejecimiento vascular.
Antes de que aparezcan eventos cardiovasculares mayores, pueden observarse alteraciones como estrechamiento arteriolar, cambios en la relación arteria/vena, microhemorragias o modificaciones en la perfusión retiniana.
La retina comparte mecanismos fisiopatológicos con otros lechos vasculares: disfunción endotelial, inflamación crónica de bajo grado, estrés oxidativo y alteraciones de la autorregulación vascular.
Por eso, cada vez más investigaciones exploran su valor como marcador precoz de riesgo cardiometabólico y neurovascular.
Tal vez el desafío no sea únicamente detectar retinopatías, sino aprender a interpretar lo que la retina puede revelar sobre la salud global del paciente.
Porque, en ocasiones, el primer indicio de una enfermedad sistémica puede estar esperando en un fondo de ojo.